#18° Festival de Cine Alemán: Crítica de Ella y Nell, de Aline Chukwuedo

0
0

El primer largometraje de Aline Chukwuedo —luego de filmar varios cortos, entre ellos Ein Tag Am Meer (2014) y After the play (2015) — es de un minimalismo en estado puro. Si bien los escenarios boscosos de las montañas Elbsandstone, en la frontera entre Alemania y la República Checa, nos inunda los sentidos con la frondosidad propia de estos parajes casi vírgenes, el minimalismo pasa por otro lado. Y ese lado se refiere al lenguaje. Así como la directora dijo en un reportaje que trató de narrar una historia entre dos amigas que deciden pasar un fin de semana en unos refugios de montaña —un reencuentro, una manera de salvar la distancia que las había separado— de la manera más reducida y sutil que pudiera lograr, lo hizo a fuerza de la parquedad en las conversaciones. No en vano sus influencias cinematográficas son Jim Jarmusch y Gus Van Sant.

Ella (Stephanie Petrowitz) y Nell (Kirsten Schlüter), fueron juntas a la Universidad. Luego por motivos diferentes comenzaron a distanciarse. La amistad se fue resquebrajando y desmoronando, hasta el día en que deciden volver a reunirse para saber un poco más de cada una de ella. Es entonces que encuentran que las diferencias son más grandes que las semejanzas. Ella, casada, con un hijo, receptora de una herencia de su madre, vive esa situación como una carga que, a decir de la directora, es muy común en la sociedad alemana. Las herencias de familia dan cierta ventaja a quienes tienen la suerte de poseerlas en desmedro de otras que deben luchar por un trabajo, una casa y las condiciones mínimas de vida. Nell, en ese sentido, es su antítesis. Tiene la promesa de un empleo en Londres de la que no está muy convencida, no tiene una casa propia y lucha por hacerse un lugar en el mundo. Así y todo, es la más sensible y abierta a todo lo que sea espiritual. Ella, a pesar de sus seguridades económicas, no lo es en cuanto a su visión del mundo. Es una lectura interesante de analizar en cuanto a que las ventajas económicas solo parecen producir cadenas que, por azares del destino, Nell no las tiene.

Todo esto lo vamos interpretando a medida que las dos protagonistas se van internando en el bosque. Los diálogos son mínimos y casi pareciera que no tienen ningún peso o significado. Hay solo un momento en que Nell hace un pase de factura a su amiga al preguntarle por qué no la había llamado cuando estuvo internada en una clínica. Ella le responde que sí lo había hecho, pero que tenía el teléfono apagado. “Además no pensé que fuera tan grave”, le dice a modo de argumentación. Con eso queda zanjado el conflicto. No hablan más sobre el tema, pero adivinamos que eso toca alguna fibra íntima en cada una de ellas. A veces los silencios son más dolorosos que el grito desesperado.

Un aspecto a tener en cuenta es que la excelente fotografía de Sebastián Lempe y el sonido ambiente nos hace partícipe del paisaje. Vemos cada brizna de hierba, cada insecto que merodea entre los rayos de sol, cada jadeo entrecortado de las protagonistas que con solo escucharlas, nos transmiten el mismo cansancio. No hay música, solo el sonido del bosque, el crepitar de la madera, el fluir de los ríos y el canto de las aves nocturnas. La sala de cine se convierte así en una especie de cúpula llena de amaneceres rojizos de sol y de zumbidos de abejas. Y todo esto acentuado por los largos planos secuencia que nos van internando en el paisaje, como si la caminata por senderos y bifurcaciones, las escaladas de riscos y el sorteo de túneles y pasajes de piedra de Ella y Nell fuesen los mismos que los nuestros que la acompañamos desde nuestra butaca.

Así y todo, y más allá de la apuesta de la directora en contar las relaciones de dos amigas de la manera más sutil posible —y a través de ello, de las relaciones humanas en general—, puede quedar un regusto a poco. Así como salimos desbordados con la exuberancia de diálogos de otra película que está dentro del ciclo —303, de Hans Weingartner—, en Ella y Nell se habla poco y nada. El único momento en que la noche las encuentra lejos del refugio y tienen que improvisar un lugar para dormir y, por cierto, para confesar tantas cosas que tendrían guardadas, se pelean. Ya no hay diálogo posible. La noche pasa y cualquier momento de reflexión se desvanece con las primeras luces del amanecer.

Podemos optar por sus miradas, que son muy significativas, o por sus silencios. Todo eso es posible y hay que saber leer entre líneas lo que no está expuesto. Una obra audaz por lo que no dice, por lo que insinúa, por lo que deja librado a la pericia del espectador para evaluar a cada una de ellas de la manera más objetiva posible.

Ella y Nell no dirá mucho a simple vista, pero dice mucho si nos dejamos llevar por sus movimientos —audaces de un lado, miedosos, del otro—, por sus creencias —abiertas al mundo o cerradas a toda improvisación— y por ese sentimiento maternal que posee Ella, quizás como justificación a la vulnerabilidad que cree encontrar en su amiga. Muy por el contrario, Nell piensa lo mismo respecto a Ella.

En síntesis, Aline Chukwuedo, quien además de cine hizo estudios de literatura y filosofía, nos ofrece una película para disfrutar con los sentidos alma y no con el sonido de la palabra.

 

Funciones:

Lunes 17 — 19.15 hs. — Village Recoleta

Martes 18 — 18.00 hs. — Village Caballito