#UNCIPAR 2018: el corto como territorio de experimentación

0
0

Luego de los discursos y agradecimientos de rigor, comenzó la Competencia Nacional de en este UNCIPAR de cifra redonda. El Secretario de Turismo y Cultura Eduardo Isach le entregó una placa a Paula Sánchez, Presidenta del festival y, tras el visionado de un video conmemorativo, fueron proyectados los once primeros cortos.

En este primer programa se percibió la vigencia del cortometraje como territorio de experimentación. Con trabajos que oscilaron entre los cuatro y los dieciocho minutos, hubo espacio para la comedia, el drama, el terror y el melodrama. El puntapié lo dio La entrevista, de Fermín de la Serna, relato humorístico en donde un joven periodista entrevista a un “director maldito”. La muerte del entrevistado y la acusación de la mucama al entrevistador da paso a una secuencia de enredos no muy inspirada.

Otros trabajos fueron más permeables a las lecturas metafóricas, a partir de un trabajo desde lo formal más libre y experimental. Dentro de este panorama, resultó notable el cortometraje animado Cenizas, de Luciana Digiglio, en donde un joven se topa con un misterioso reloj que lo lleva a producir acciones destructivas en las que él mismo, sin saberlo, deviene protagonista esencial. En un registro más cotidiano (pero igualmente onírico) transcurre El niño y la noche, de Claudia Ruiz, otro trabajo animado que hace foco en el vínculo entre un nieto y su abuela. Un rayo mágico hace su aporte para que el niño encuentre una marioneta rota y, a partir de entonces, todo conducirá al reparo de objetos y a la pronunciación de los sentimientos familiares.

image-2018-09-15

La sombra quema, de Ezequiel Yoffe, juega con la iconografía del western asociada a la topografía regional y el melodrama, mediante la historia de un hombre (gran trabajo de Juan Palomino) que atraviesa las montañas para recuperar un amor de la juventud. Yoffe propone un ejercicio de género en donde el estilo no opaca la emoción. Uno de los puntos altos de esta competencia. También apunta a la esfera sentimental, Perro negro, de Tomás Faiman, que, asociada a componentes míticos, indaga en la relación entre la comunidad y su entorno.

image-2018-09-15 (2)

Y si de ejercicio de género se trata, Mensaje, de Sergio Marzano, fue hacia los núcleos mínimos del terror para poner, en un ambiente sombrío y de ensoñación, a un hombre de cara al fantasma de su ex pareja. Con una puesta que se concentra en la generación de climas y mediante logrados planos secuencia, Marzano le dio una tonalidad negra a esta competencia. En Son, en cambio, el género abordado fue la ciencia ficción.

En este corto de Alejo Santos se narra una historia íntima a partir de coordenadas específicas de la sci-fiction. El personaje del padre, que es astronauta, se presentifica mediante la voz de Kevin Johansen y narra el vínculo con su hijo, suspendido por las travesías interespaciales. El trabajo de arte consigue, con mínimos elementos, hacer creíble este relato, al mismo tiempo que la música colabora al aportar la medida justa de emoción. También coqueteó con los géneros Bromuro de amor, de Sebastián Zayas. Actores orientales y boleros remitirán inexorablemente al cine de Wong Kar Wai. Sin embargo, Zayas no se interesa tanto por una apuesta manierista sino por concentrarse en secuencias que comprimen el enamoramiento, la decepción y la venganza en apenas seis minutos. Un melodrama trágico.

En las antípodas de estos últimos trabajos se ubicó Y ya nada está mal, de Florencia Freis, que hizo del realismo más intimista el marco de encuentro entre dos hermanos (muy buenos trabajos de Ezequiel Tronconi y Guillermina Pico). Tras el suicidio de la madre, deben reunirse durante un fin de semana para tomar decisiones sobre la casa y los objetos. Mientras tanto, afloran los recuerdos y, con ellos, los reclamos y los puntos aún no resueltos. El trabajo de Freis no ofrece nada novedoso, pero todos sus elementos están donde deben estar. También dentro del registro realista pudo apreciarse Clara consiente, de Iván Stoessel y Federico Pozzi, en el que la historia de una violación es interpelada mediante intertítulos que se proponen, justamente, revisar el actual marco legal y cuestionar las injusticias que operan contra la víctima. Una chica en una fiesta, el ofrecimiento de un muchacho de llevarla a su casa y el posterior acto aberrante son el foco de esta historia que apela a la reflexión.

Mensaje
Mensaje

Por último, en el territorio documental, Desiderio, de David Nazareno, demostró que a partir de un rasgo singular se puede atravesar todo un universo. Se trata de un documental en primera persona sobre un africano albino que habla sobre su condición, la noción de belleza, su genealogía y la mirada que entabla con el mundo. La estética del corto apunta a “asimilarse” con este caso particular, en un trabajo que justamente habla de lo singular y lo universal y la necesidad del hombre de valorarse a sí mismo para que los demás puedan valorarlo.

Tras la proyección del primer programa de cortos nacionales, fue el turno de la sección competitiva de cortos internacionales, compuesta por siete trabajos: la brasileña O vestido de Myriam, de Lucas Rossi, las italianas Una partida al confini del mondo, de David Valolao y Un padre, de Roberto Gneo; la iraní Empty view, de Ali Zare Ghanatnowi, la española Ainhoa, de Iván Sáinz-Pardo, la mexicana Los aeronautas, de León Fernández y la libanesa En la calle de la muerte, de Karem Ghossein.

image-2018-09-15 (1)

En términos generales, la selección de estos relatos pone de manifiesto que la producción nacional de cortos puede aspirar a su misma factura técnica, aún cuando no existen en nuestro país políticas de Estado que promuevan su producción de forma sostenida. El apartado internacional revela un interés por abordar los vínculos más allá de los aspectos globales. Como por ejemplo Ainhoa, que hace foco en la travesía de una niña frente a la dura situación familiar: la pérdida de la casa por la crisis económica. Por más que esta propuesta no duda en echar mano al golpe bajo, es evidente que sy producción fue sumamente cuidada y, en ese terreno, suma créditos. Igualmente ríspida resultó la italiana Un padre, el mejor trabajo exhibido en esta competencia, que aborda la pérdida de una hija pero a partir de un tratamiento que evita los lugares comunes con los que se suele llevar a la pantalla estos casos. También fue convincente O vestido de Myriam, que adscribe al realismo más duro y ascético para posar su mirada sobre un duelo.

Otro tema presente fue la guerra y sus consecuencias, a partir de la fascinante película animada Empty view, que retrata con lirismo el pesar de una madre una vez que se desata la guerra, haciendo foco no en el acontecimiento histórico sino en la casa en donde ella teje y espera. Una partida al confini del modo, en cambio, resultó un trabajo casi de manual sobre una amistad entre dos soldados suspendida por el paso del tiempo y la radicación de uno de ellos en Argentina. Una apuesta, otra vez, impecable desde lo formal pero bastante maniquea.