Entrevista a Matías Gómez, director de “Padre Pedro”

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El jueves 6 de septiembre, se estrenó Padre Pedro, que nos presenta la relación entre un cura y su monaguillo. La obra obtuvo Mención Especial en el Concurso Nacional de Obras de Teatro en el marco del 50 aniversario del Fondo Nacional de las Artes, y fue presentada en Madrid, Puerto Rico, Santiago de Chile, Venezuela, y en varias ciudades de nuestro país.

Matías Gómez, su director, nos habla de los temas que aborda la obra y del contexto en el que se realiza esta nueva puesta.

Padre Pedro se estrena en un momento de gran cuestionamiento a la Iglesia, ¿cómo se da este cuestionamiento dentro de la obra?

Si bien es cierto que en este momento el rol la Iglesia está en boca de todos, en la obra es un elemento circunstancial que, por supuesto, le aporta controversia a los conflictos.  La pieza hace foco en el vínculo que se da entre los dos personajes, el Padre Pedro y su monaguillo Dante. Trata varios temas que se van desprendiendo de esta relación que parece ser simple y sincera, sumada a la historia de cada uno de ellos con un mundo en común: la Iglesia.

¿Cómo pensaste la puesta en escena de una obra que ya fue presentada varias veces?

Esta obra tiene muchas lecturas; se presentó en Europa con mucha repercusión y también en Argentina, con diferentes elencos. Para esta puesta trabajé el espacio común como punto de partida para contar el momento crítico que atraviesan ambos personajes, encerrados en sus propias decisiones, agobiados con sus principios y contenidos de vergüenza, angustia, rutina, algunos destellos de alegría y, fundamentalmente, encerrados en sus propias miserias. El lugar de lucha no significa que haya vencedores ni vencidos, sino hombres que exponen sus sentimientos como pueden, en función de la relación que sostienen a lo largo del tiempo.

¿Qué te interesó destacar de cada uno de los personajes? ¿Conocías a Jorge y a Ricardo?

Cada uno tiene un color diferente y, a la vez, se asemejan. Lo más importante fue identificar los errores de cada uno y cómo los transitan. No hay culpables. Se plantea qué le pasa a cada uno de ellos sin que el conflicto se resuelva de manera convencional.

Con Ricardo Torre venimos trabajando desde hace tiempo. Lo último que hicimos fue Angá Rodolfo, un unipersonal que estuvo dos temporadas en cartel. A Jorge llego a través de la productora, Mariana Zarnicki, que nos convocó para este proyecto. Lo había visto en En el amor es un bien, una obra que sigue en cartel, y me había gustado mucho su trabajo. La apuesta resultó exitosa, ya que tienen una química fantástica.

La obra trata, entre otras cuestiones, de los vínculos, el gran tema de este tiempo, ¿de qué manera se hace universal esta relación entre un cura y su monaguillo? 

Los vínculos…, un tema bastante complejo y amplio. Lo curioso de este cuento crudo es el recorte que le damos al conflicto principal. Nada se resuelve con la lógica usual. Los personajes eligen otro modo, que no es el que solemos elegir todos a la hora de tomar una decisión, sobre todo si tenemos una mirada juzgadora que nos condiciona. Son valientes por animarse a decir los que les pasa y juegan a que están solos. Sin embargo, la mirada del otro, el espectador o el mismísimo Dios, siempre están presentes. Hoy nos animamos a tocar temas sensibles, y eso es un plus que nos da mucho orgullo. No solo hacemos teatro en época de crisis, sino que activamos la razón contando esta historia.

Contanos un poco de la previa antes del estreno y de las expectativas en función de la crisis que se vive en todo lo relacionado con la cultura.

El proceso de trabajo fue muy profesional. Estuvimos todo el año focalizados en el desarrollo de la obra, con muchas expectativas acerca de cómo irá evolucionando y la respuesta del público. También somos conscientes acerca de la coyuntura y sabemos que la continuidad de la obra no está garantizada de por sí. Los espacios culturales están muy afectados, motivo por el cual dependemos mucho del acompañamiento del público, aunque sabemos que contamos con una propuesta de calidad. Por último, siempre está el espectador fiel que, a pesar de todo, sigue llenando salas. Ir al teatro realmente hace bien, no es una frase hecha. La comunión entre los espectadores y nosotros nos ayuda a creer que se puede resistir y salir adelante siempre.

Funciones: jueves de septiembre y octubre 20:30 h

Espacio NoAvestruz, Humboldt 1857, CABA.