Crítica de “Interior de un bote celeste”: Luz Lassizuk y una experiencia sensorial

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Un hombre se queda viudo y lanza las cenizas de su esposa al mar. Manuel recuerda su pasado con Helena, pero también su infancia, en un monólogo donde se desnuda en un intento de encontrarle sentido a su vida ahora que no está esa mujer que tanto amó.

Como dice la obra más de una vez, el afuera es ese bote que flota con un hombre adentro, un hombre de traje, prolijo, meticuloso; el adentro es otra cosa, es el dolor, la angustia, la soledad, la imposibilidad de resignarse.

Luz Lassizuk trabaja con una escenografía que, con un gran minimalismo, invita al espectador a que realice una experiencia “de inmersión sensorial” a partir del texto, la actuación, los sonidos, el video y la iluminación. En este sentido, la autora y directora explica que “el desafío general de la obra es expandir el lenguaje teatral cruzándolo con otros lenguajes artísticos generalmente subsidiarios dándoles protagonismo para lograr multiplicar los sentidos y el poder metafórico de la puesta”.

Como espectadores vivimos la soledad de Manuel, el desamparo de ese hombre navegando a la deriva; nos conmovemos con su dolor y con la expresión de su amor genuino, y participamos de aquello que siempre nos da el buen teatro: la comunión y la identificación con lo que ocurre en escena.

La actuación de Eduardo Iacono es para destacar. Los unipersonales presentan siempre un desafío mayor porque todo recae en un solo personaje, aunque en este caso, además, sostener un monólogo dentro de un bote es mérito del guion, pero también del actor que lo encarna.

Ficha artístico-técnica

Dramaturgia y dirección: Luz Lassizuk; Actuación: Eduardo Iacono; Diseño de Video: Nicolás Dardano; Diseño de Sonido: Ezequiel Menalled; Diseño de Iluminación: Fernanda Balcells; Fotografía: Soledad Allami

Sábados 21 h; La hormiga teatro; Ciudad de la Paz 828, CABA; tel.: 4784-2274

Reservas y más información en Alternativa teatral