Entrevista a Matías Payer: una versión de la historia de Ícaro

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El viernes pasado se estrenó Ícaro. Pequeño misterio sobre el éxito, escrita y dirigida por Matías Payer. Es la historia de un joven dramaturgo y director que nos cuenta su vida a través de sus propios personajes: Baldo, el jorobado, y Yoana, la desgraciada.

La relatividad de los conceptos de “éxito” y “fracaso”, la importancia de seguir los sueños, el mundo del teatro son algunos de los temas que se ponen en escena tomando como punto de  partida la actualización del mito griego de Ícaro, cuyas alas de cera se derriten en contacto con el sol.

Conversamos con Matías –guionista, productor y director de cine y teatro– para conocer un poco más de este proyecto.

Los mitos griegos son atemporales en tanto fuente de reflexiones filosóficas, pero más allá de eso, ¿cuál es tu relación personal con la mitología desde la mirada de un creador?

Lo más profunda que se pueda. Las diversas mitologías, desde la judeo-cristiana hasta la griega, fueron en mi infancia mi primer acercamiento con el arte de leer. Y digo “arte”, porque al haberme criado sin televisión y muchos libros, mi hermana me enseñó a ver mucho más allá de las palabras el arte que se genera cuando ellas tocan nuestras emociones. Y creo que, como dramaturgo y director de mis propias obras, esas emociones hay que primero encontrarlas, luego profundizarlas y lograr, más allá del mensaje y la filosofía, transportarlas a nuestras creaciones. El trabajo más difícil de la creación no es cuando la escribís, sino cuando se pone en contacto con el hecho teatral. Ahí comienza el desafío.

Particularmente, esta historia de Ícaro trabaja con el éxito y el fracaso como dos caras de la misma moneda, ¿cómo se da esta relación en tus personajes?

Esa dicotomía –que es, a mi entender, la de todos los artistas y emprendedores que eligen, como dice Ícaro, el camino contrario al que les dicen– está presente en mi protagonista toda la obra. Los personajes reales de su vida (su padre Dédalo, su madre, su novia Ariadna, su amigo Talo), que interpretan Baldo y Yoana (sus personajes ficticios dentro de los códigos con que se cuenta esta historia), son distintas caras de lo que entendemos por fracaso o por éxito. Su padre (el gran antagonista, junto con el Presentador) entiende el éxito como dinero, como posicionamiento y reconocimiento social, tanto que atormenta a su hijo con estos conceptos. Mientras que su amigo Talo, su madre y su novia ven el éxito desde el primer instante en que Ícaro decide tomar sus alas y arriesgarse a volar. Y eso se traduce en nuestra vida cotidiana con muchos exitosos fracasados (nunca eligieron ni dirigieron su vuelo, sino que lo hicieron otros por ellos) y muchos fracasados exitosos (aquellos que se arriesgaron): porque en mi obra lo importante es arriesgarse, volar, pero volar bien, ganando distancia (experiencia, errores, tropiezos, alegrías y tristezas) en lugar de altura, porque la altura es peligrosa, y el sol no perdona.

¿Qué crítica al teatro surge a partir del trabajo con el protagonista?

No creo que Ícaro critique al teatro en sí, al contrario, lo necesita y lo usa para contar su historia. Lo que critica es a la sociedad conformista, incongruente, a sus conceptos quedados en el tiempo, a las estructuras establecidas, porque Ícaro es ante todo un rebelde, como lo debe ser cualquier artista a mi criterio. Y eso que también nos muestra el mito griego fue una de las primeras apreciaciones que le hice al actor Ariel Nuñez a la hora de construir su personaje. Lo que sí critica e invita a revertirlo es la poca valoración del arte propio del autor, ese que rompe barreras, paradigmas, que se muestra desnudo, y a veces el público no sabe apreciar si no viene de la mano de mucha propaganda y una crítica, valga la redundancia, que la avale y le diga al público que ese teatro, ese arte es el que vale y el que hay que ver. Sino fijémonos cómo se maneja todo en nuestro ambiente: si un grupo selecto de iluminados dice que tu producto vale, entonces sos exitoso; pero si ese grupo (que en mi obra los llamo los dueños y representan al sol) no la avala, entonces automáticamente sos un fracaso. Ojo, no soy ingenuo, entiendo que esto funciona así, pero no por eso dejo de  utilizar a Ícaro para mostrar mi desacuerdo.

¿Cuánto tiene este personaje de vos mismo en tu doble rol de dramaturgo y director?

Todo. Y quiero agradecer particularmente a Ariel Nuñez por haberlo entendido así. Nosotros tuvimos muchas charlas sobre mi vida –parte de ella está en la obra– y sobre cómo esta es muy parecida a muchas vidas de artistas. Por eso la obra es en primera instancia para los artistas y emprendedores, luego para quienes no se animan y los invitamos a animarse. Yo me siento Ícaro todos los días de mi vida tratando de ganar en distancia para lograr mis metas. Así también lo entendió todo el elenco (Pol Ajenjo, Camila Giudice, Diego Gallardo) y el equipo que trabaja detrás de esta obra. Por eso, contar una historia tan compleja fue tan bello y divertido: creo que lo logramos.

Como director encaraste una puesta no convencional, ¿en qué consiste en líneas generales?

Todas mis puestas son diferentes, pero con un factor en común que me caracteriza y quiero que siempre sea mi sello de autor: el manejo del espacio/tiempo. En obras anteriores, he contado la historia directamente al revés, empezando por el final y con una puesta que hay que saber interpretarla. Tal es así que mis actores siempre me dicen la frase: “Esto es muy cinematográfico” A lo que contesto: “El cine, como tal, nació en un teatro”. Y es que yo creo, firmemente, que cada una de estas artes visuales, con sus matices y evidentes diferencias (el teatro es algo vivo) se pueden fusionar en un lenguaje en común. De hecho, en el teatro, al menos en mis puestas, usamos planos, encuadres, juegos de luces y música muy cercana a un cine, por así decirlo, vivo. También me gusta que jueguen con ciertas herramientas de la actuación para que den la sensación que en lugar de público, gente enfrente, tienen una cámara. Y esto es porque la cámara para mí son los ojos de nuestros espectadores que graban en su interior las emociones que transmitimos y, por lo tanto, el mensaje que queremos regalar. También me gustaría decir, para cerrar esta pregunta, que a pesar del mundo inmediato y donde todo el arte nos lo dan digerido, yo no subestimo al espectador y me esfuerzo por darle un producto donde tenga que usar su cerebro y no sea meramente un entretenimiento más. Como dijo Bertolt Brecht: “Si la gente quiere ver solo las cosas que pueda entender, no tendrían que ir al teatro: tendrían que ir al baño”.

Es obvio que el guionista y el director de cine influyen en tu trabajo en el teatro

Por supuesto influye mucho. Yo empecé escribiendo cuentos, y de hecho la dramaturgia llegó mucho después de haber escrito mi primer guion de cortometraje. Luego tuve la experiencia de tener que pasar una obra de teatro exitosa de un amigo y maestro, al que respeto mucho, a guion cinematográfico, que es mi gran proyecto y próximo trabajo en cine. Esto me sirvió para ir afinando mi propio concepto de cómo cuento en teatro y cómo cuento en cine: crear mis propios códigos y llevarlos adelante como una bandera de autor. Es una experiencia que invito a hacer a todos aquellos que tienen la pasión por estas dos artes visuales.

Todos los viernes, a las 20.30 h; Teatro Porteño – Av. Corrientes 1630 (CABA)

Mati