#18°Festival de Cine Alemán: Crítica de 303, de Hans Weingartner

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El director austríaco Hans Weingartner se convirtió con esta película en un gran discípulo de Richard Linklater y su trilogía: Antes del amanecer (1995), en donde Weingartner fue asistente de producción, Antes del atardecer (2004) y Antes de la medianoche (2013), aunque le dotó de algo que las películas protagonizadas por Ethan Hawke y Julie Delpy no tenían, o tenían poco: desplazamientos, transformando la historia de Jule (Mala Emde) y Jan (Anton Spieker) en una verdadera road-movie que, por lógica, nos sumerge de lleno en paisajes —montañas, praderas, lagos, mar, bosques y pintorescos pueblos de Bélgica, Francia y España, todos bajo la dirección cinematográfica de Sebastián Lempe y Mario Krause— que enmarcan una encantadora historia de amor. Al tener más libertad de acción que el solo hecho de caminar por calles esperando la hora de despedirse —excepto la última de la trilogía en que, dicho sea de paso, Linklater solo participó como productor—, la pareja de Jule y Jan no solo caminan y hablan sino que hacen picnics en medio del bosque, nadan en lagos paradisíacos, surfean en el mar y recorren interminables rutas acompañados por la excelente banda musical a cargo de Michael Regner.

En la línea narrativa del bildungsroman o novela de aprendizaje, el director nos acerca un modo de conocer a los personajes, a la vez que participamos del propio conocimiento de ellos mismos entre sí y para sí. El road movie como género cinematográfico es una de las maneras más eficaces de lograrlo. Popularizado a fines de la década del 60, esta estética de la velocidad, comenzó con la película Bonnie & Clyde (1967) de Arthur Penn y Easy Rider (1969) de Dennis Hopper. En su artículo “El road movie: elementos para una definición de un género cinematográfico”, Jaime Correa dice lo siguiente: Por lo general, un road movie tiene como eje central un relato de búsqueda que es también un relato de carretera. Se caracteriza entonces por la presencia de héroes viajeros o nómadas – usualmente una pareja y a veces un grupo de héroes–, personajes jóvenes y marginales cuyo malestar social los convierte a menudo en verdaderos parias. Dado que para desplazarse por los inmensos espacios del continente los protagonistas deben recurrir a los medios de transporte modernos, el género confiere una gran importancia a la tecnología: los personajes se identifican con los vehículos que conducen, llegando incluso a “humanizarlos”. Esto es tan así, que el director opta por titular su film con el número de modelo de la casa rodante, un Mercedes Benz 303.

El punto de partida de 303 es sencillo, pero el desarrollo de la trama no lo es tanto. Aquí está la pericia de un buen guión a cargo del mismo director y de Silke Eggert y la diferencia con la apuesta que había hecho en su momento Linklater.

Jules y Jan se conocen en una estación de servicio. Jules acaba de ser reprobada en los exámenes finales de la carrera de Biología y decide marchar a Portugal para ver a su novio que vive en una comuna y, además, contarle de su embarazo. Jan no logra obtener la beca de estudios de la carrera de Ciencias Políticas por haber hecho comentarios críticos sobre los drones norteamericanos y también decide marcharse. En su caso para conocer a su padre biológico que vive en España. Cuando Jules acepta llevar en su casa rodante a Jan, sospechamos que algo puede ocurrir. Pero, la diferencia con Antes del amanecer en donde la empatía entre los dos personajes se manifiesta casi en el mismo momento en que se conocen, aquí es todo lo contrario. De hecho, cuando ambos ya han recorrido varios kilómetros de ruta, entablan una discusión sobre el suicidio que a Jules le incomoda al punto de decirle que no es buena idea de que sigan juntos. Se separan y la casualidad —o la causalidad— los vuelve a juntar. En este caso de una manera más oscura y siniestra. En el mismo aparcamiento en donde Jan llega con un camionero, ve el Mercedes de Jules estacionado dentro del mismo predio. En este caso Jules no está poniendo aceite al motor, como ocurrió la primera vez que se vieron, sino que está siendo acosada por un extraño dentro de su propia casa rodante. Jan se da cuenta del hecho e interviene. De ahí en más, deciden seguir juntos.

Durante 145 minutos —extensión algo inusual para este tipo de films—, la pareja de amigos se va consolidando. No deja de haber reflexiones sobre el amor, el sexo, el psicoanálisis, el medio ambiente, la fidelidad y teorías sobre el destino de la humanidad, además de escucharse frases muy acertadas como: “la vida es una audición permanente”, “la pasión necesita el contraste”, “la empatía es la base de la evolución” o discernir qué es más importante: la colaboración o la competencia.

Jule como la Celine de Antes de la medianoche, es la voz idealista, la que aboga por un mundo más justo, en tanto que Jan, al igual que Jesse, es el que pone una pátina de duda a todo, desde la idea que el ser humano es bueno por naturaleza hasta que el matrimonio es signo de fidelidad.

Así, con profundos debates sobre el mundo y sus contradicciones, la película avanza sin prisa y sin pausa. Y nosotros como espectadores deseamos que esa conjunción de caracteres tan disímiles en primera instancia llegue a buen puerto. Dicen que en el Festival de Transilvania, la gente se deshizo en aplausos cuando después de dos horas de proyección, la pareja se da el primer beso, una especie de catarsis necesaria luego de presenciar un juego de seducción que se maceraba en base a señales mínimas. Ese logro es muy importante porque el director sabe dosificar a cuenta gotas ese acercamiento pre anunciado, pero nunca dado por hecho. No hay arrebatos de ninguna índole, solo un lento encadenamiento de sucesos que, como una catarata de miel, se va acumulando de a poco hasta desembocar en un enamoramiento que no tiene nada de fingido o artificial.

Las actuaciones de Male Emde —quien hizo su primera aparición ante las cámaras a los 11 años— y de Anton Spieker — que estudió en la Academia de Arte Dramático de Berlín—, son espontáneas y naturales. Algo imprescindible para este tipo de trama, en que la naturaleza de las emociones juega un papel fundamental.

El director es conocido por realizar películas de bajo presupuesto y de contar con elencos reducidos, de ahí que no solo vemos muy pocos personajes secundarios, sino que los pueblos que visitan los protagonistas están asombrosamente vacíos, como si lo que importara fuera más el contexto que el contenido. Con varios filmes en su haber, obtuvo importantes reconocimientos como estar nominado a la Palma de Oro en el Festival de Cannes del 2004 por Los Edukadores (Die fetten Jahre sind vorbei).

303 es una road movie con todas las de la ley. Un viaje, que si bien es placentero a la vista —tanto para ellos como para nosotros—, conlleva un trasfondo traumático para ambos convirtiendo el viaje en un itinerario que detiene, por algunos días, un futuro desengaño al que van a estar expuestos. En el medio —el viaje en sí mismo— se cocina a fuego lento una deliciosa historia de amor.

 

Programación

Viernes 14 — 19.00 hs – Village Recoleta

Sábado 15 — 19.00 hs. – Village Caballito

Lunes 17 — 17.00 hs. – Village Caballito

Martes 18 — 17.00 hs. – Village Recoleta