Crítica de “Personajes secundarios”, de Federico Bianchini

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“En el mundo,  / en conclusión, / todos sueñan lo que son, / aunque ninguno lo entiende”, dice el famoso monólogo de Calderón de la Barca. La cita no es casual porque los personajes de Federico Bianchini, a la manera de Segismundo, se cuestionan los límites entre sueño y vigilia, lo que los inclina hacia una mirada fantástica de la realidad.

Dormir, despertar, perderse en los ríos del sueño se transforman en isotopías recurrentes en los diferentes cuentos. Una lluvia de gotas violeta o una chica transformada en libélula irrumpen en la vida del protagonista de “Pastillas para soñar”; un hombre entra y sale del sueño angustiosamente en “Erizo” –como el personaje de “La noche boca arriba”, de Julio Cortázar–; otro queda atrapado en un paisaje onírico, en “Los sonidos del sueño”.

¿Quiénes son estos personajes secundarios? El autor nos pone frente a seres para los que la vida es un misterio, una pregunta constante, una vacilación. De ahí que formen parte de historias fantásticas, de ese fantástico que convive con lo cotidiano y lo tiñe de una atmósfera siniestra. En  consecuencia, siempre hay algo que se escapa a la comprensión del protagonista y, por lo tanto, a la del lector; en cada cuento, además, lo no dicho, lo sugerido, la inmediatez de una revelación que no llega definen la relación entre los personajes, como pasa en “Las caras del edificio”: “Pese a todas esas palabras, había algo, pensó él, que ella no decía: uno nunca dice todo pero, le pareció, ese algo era muy significativo”.

Otro de los cuentos, “Nerviosito”, es uno de los que mejor traduce lo siniestro, que aquí también adquiere tintes sórdidos en la medida en que se cuenta una historia terrible, pero desde la mirada de un adulto-niño, cuya inocencia quizás sea solo aparente.

Construir buenos relatos que atrapen al lector y que lo inviten a formar parte del universo narrativo de los protagonistas no es fácil. Federico Bianchini elige escapar del costumbrismo de cierta literatura contemporánea y vincularse con una tradición fantástica que en la Argentina dio muy buenos exponentes. Al cerrar Personajes secundarios, hay algo del libro que permanece en nosotros, y eso habla de un buen escritor.

Personajes secundarios, Federico Bianchini, El bien del sauce, 2018, 104 págs.