Crítica de “Vernissage”, Nathán Cusnir

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¿Hasta qué punto podemos convertirnos en una obra de arte y distorsionar tanto nuestra cara y nuestra vida que ya no nos reconozcan? ¿Hasta dónde llegaríamos por la fama, el dinero y el poder? Algunos serían capaces de dejar el amor, de abandonar familia y amistades, de irse sin dejar rastros.

Si Borges viera Vernissage, identificaría marcas propias de su estilo: las referencias apócrifas, la falta de delimitación entre ficción y realidad. Todo el tiempo se está preguntando el espectador si hay algo de verdad en lo que se relata o si es todo mentira. Desde la folletería, hasta la promotora, el guardia de seguridad, las asistentes y la propia artista plástica Margarita Miravé , con todos ellos se construye un mundo de ficción. Ya avanzada la trama, el artificio se pone en evidencia, pero un folleto que nos dan al salir vuelve a cuestionar los límites entre lo que es real y lo que no lo es.

La obra es una clara crítica hacia el arte contemporáneo. Como en el cuento del traje del emperador que todos elogiaban porque nadie se animaba a decirle que iba desnudo, aquí todos se maravillan ante círculos en blanco y obras de sonido inaudible. También, la promotora ofrece un malbec exquisito que paradójicamente es inoloro, incoloro e insípido y no tiene alcohol. Ya desde antes de ingresar a la sala con esta promotora podemos intuir que allí dentro los personajes presentarán una farsa. Seremos incluidos en el vernissage, pero solo tangencialmente, ya que la acción ocurre en el escenario y el espectador observa como buen burgués desde su butaca.

La obra garantiza pasar un momento realmente muy entretenido, al mismo tiempo que introduce a personajes marginales, como un vendedor ambulante de objetos varios dentro de la escena para observar la reacción del público. Es claro que hay allí un fuerte contraste entre las fortunas que se pagan por estos cuadros inexistentes, por estas obras ridículas y la vida pobre de este sacrificado vendedor que implora que alguien lo ayude.

Las actuaciones tienen todas un buen nivel. Se destaca Guadalupe Berrino con un exquisito trabajo, en el rol principal de esta artista extravagante Margarita, que no es quien dice ser. Su apellido es Miravé, pero ni mira ni ve realmente lo que sucede en su entorno. Conclusión: hay cierto arte contemporáneo que no es sincero, nos miente, nos embauca y nos hace quedar mal si no lo “entendemos”. Otra obra que realiza una crítica similar es La forma de las cosas de Neil Labute donde también la codicia y la fama son más fuertes que la verdadera búsqueda artística.  El guión de Nathán Cusnir fluye naturalmente y hasta nos depara sorpresas; la dirección de María Esther Fernández consigue que los actores den con el tono indicado.

Este es un espectáculo para pensar cómo un currículum ficticio y una mentira pueden catapultar a la gloria a alguien que carece de condiciones. Vernissage plantea la visión de un mundo lleno de hedonismo y narcisismo, exitista y poco solidario. Una visión que tiene mucho para decirnos sobre el arte actual.

Ficha artístico-técnica

Dirección: María Esther Fernandez.
Elenco: Amira Fajer. Julieta Fernández. Liliana Gonzalez. Diego Pañart. Martina Rincón. Roberto Bagnasco. Guadalupe Berrino. Miguel Angel Villar. Sergio Espósito. Néstor Marcos.
Asis. Dir.: Nathán Cusnir
Música: Mariano Cossa
Vestuario: Micaela Sleigh
Asis.: Merlina Garcia Brunelli
Escenografía: Nicolás Castagna
Gráfica: Carolina Cusnir
Sonido: Juan Elías Ranieri
Luces: Maximiliano Pastorelli

Funciones: Sábados 20 h. Teatro Border; Godoy Cruz 1838