Entrevista a Graciela Camino: “Pavlovsky en fuga”

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“Mucho me gustaría que el espectador se dejara llevar por la maquinaria rítmica de los personajes. Son personajes comunes. Reconocibles, pero la bruma que los envuelve y las circunstancias por las que atraviesan los pueden convertir en personajes excepcionales”, dice Tato Pavlovsky, cuyas obras son la materia prima de este espectáculo de Graciela Camino.

Tres obras del gran creador argentino son adaptadas y resignificadas a partir de la dramaturgia de Graciela, quien nos cuenta sobre esta experiencia.

¿Por qué elegiste Potestad, Paso de dos y Solo brumas dentro del enorme universo de Pavlovsky

Fue el resultado que devino después de leer todas las obras de Tato, que son más de cuarenta. Esa máquina de producción abarca etapas muy disímiles de su propia vida, cincuenta o sesenta años, desde los sesenta hasta acá, con cambios enormes en lo social, lo histórico y en su propia poética. La elección de las tres obras se impuso por la potencia de asuntos que nos atraviesan generacionalmente, y son el derecho inalienable a elegir los modos de la vida y de la muerte, aún en las peores circunstancias, la ideología del poder, la complejidad de los vínculos en el encierro, los fascismos cotidianos, enmascarados en una cotidianidad “respetable”.

Adaptar obras de otro o hacerlas interactuar en la propia tiene sus límites, ¿cuáles fueron esos límites para vos?

La dramaturgia de Tato parece estallar a cada paso y fugarse hacia puntos que abren nuevos sentidos y, a la vez, repiten sus obsesiones en un ritornello constante: fragmentos textuales casi idénticos en distintas obras, encarnados en distintos personajes. Eso permite armar un mapa de identidad, como un ADN Pavlovsky; y cuando creemos que lo estamos reconociendo, se nos vuelve a fugar en nuevos rizomas, asociaciones, devenires como gusta decir. Y ahí aparece el límite que nos parecía ya traspuesto. Ahí está Tato para decirnos: “Ojo, lo que creías cerrado puede volver a abrirse una y otra vez”. Fue un camino áspero el de la selección de los textos hasta que se organizó este dispositivo. Y cuando está hecho, parece que no hubiera podido ser otro.

¿Qué te atrae en lo personal del teatro de Pavlovsky?

En mi trabajo con los talleres de entrenamiento, venía asomando a los textos de Tato, visitando esas no estructuras, trabajando las palabras en ediciones libres, con esa libertad que da la polifonía de voces de los intérpretes, que a lo largo de los años van cambiando y trayendo nuevas posibilidades que quedan en las bitácoras de las clases: apuntes, posibilidades, borradores, hasta que apareció un deseo más “organizado” de armar un dispositivo que nos diera la posibilidad de citar a Tato, expandirlo, ponerle cuerpo y luz a ese mundo. Es un autor imprescindible; lo fue para mí por coincidencias generacionales y provoca estremecimiento en este presente, cuando se revisita o se lee por primera vez. Y en una lectura con el signo de estos tiempos, naturalmente han aparecido las mujeres que en sus obras están veladas por su presencia arborescente. Ellas no solo están pensadas por el autor-actor. En nuestra versión tienen cuerpo y voz sin corrernos un centímetro de la fidelidad al texto original.

Contanos de Oeste Usina Cultural y de la resistencia que presuponen espacios como ese.

Jugando una carta brava, una apuesta a la resistencia –a sostener un espacio, una usina, un lugar de libertad–, se vuelve a completar el sentido de hacer teatro en este tiempo. Eso es Oeste Usina Cultural. El sostener esa trinchera nos permite ensayar, investigar, hacer laboratorio para después abrir las puertas al público. Las dificultades de producción se multiplican, parecen imposibles de resolver. Solo la necesidad, la persistencia, el deseo mueven eso que parece un imposible y lo convierten en pura intensidad. Los elencos, actrices y actores, mueven con su energía inmensa esa maquinaria. Eternamente agradecida.

¿Cómo se complementa esta idea de resistencia con el concepto de fuga al que alude el título?

La fuga que nombra el título de la obra tiene que ver con esta raíz de procedimientos, de asociaciones que expanden el sentido, de alguna base filosófica que cita a Deleuze, sin pretensiones académicas, pero fuertemente asentada en el plano sonoro, en esa música dialógica que impone la forma de la fuga. Por eso fue tan importante la participación del actor músico, que estuvo desde el inicio armando su partitura como un texto más dentro del dispositivo escénico, y porque como dice Tato: “Fugarse es resistir, Cholo”.

Funciones: viernes 22 h; Dónde: Oeste Usina Cultural; Dirección: Del Barco Centenera 143, timbre A

Fotos: Yago Loydi