El Pájaro Lento, ficción curatorial de Claudia Fontes en la #33Bienal

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Exclusivo para leedor desde San Pablo

A horas de inaugurar oficialmente, recorremos la 33Bienal y nos detenemos con mucho gusto en el trabajo de Claudia Fontes, que en esta ocasión tiene doble rol, o uno solo potenciado: curadora artista.

Su propuesta se llama El Pájaro Lento (O pássaro lento), y para ello ha convocado a Ben Rivers (Reino Unido, 1972), Daniel Bozhkov (Bulgaria/EEUU, 1959), Elba Bairon (Bolivia/Argentina, 1947), Katrín Sigurdardóttir (Islandia/EEEUU, 1967), Pablo Martín Ruiz (Argentina, 1964), Paola Sferco (Argentina, 1974), Roderick Hietbrink (Holanda, 1975), Sebastián Castagna (Argentina, 1965) y Žilvinas Landzbergas (Lituania, 1979), que junto con la misma Fontes hicieron una coralidad potente y colectiva.

Leé la entrevista a Claudia en los meses previos de trabajo para afinidades afectivas, aquí.

La invitación por parte de Pérez-Barreiro le llegó en marzo del año pasado, antes de que Claudia expusiera en la Biennale de Venecia El Problema del Caballo. Como ella dice: “Gabriel me invitó a poner mi obra en diálogo con lo que yo quisiera, yo nunca hice trabajo curatorial, y de allí se dispararon muchas ideas. Una idea hubiera sido hacer una genealogía de mi obra, otra hubiera sido poner mi obra en el medio de todo lo que me gusta para validarla digamos. Estas son ideas que rechacé de entrada porque no quería que fuera “composición tema Claudia Fontes”. Yo quería afrontar la complejidad que era ser artista curadora, que no era solamente ser una curadora, porque teníamos que poner nuestra obra, y la teníamos que poner en diálogo”.

Un tema clave de esta propuesta es la nivelación de todo lo exhibido, donde la línea que une todo el trabajo, la imagen del pájaro lento, no es un eje cerrado que pertenezca a un sistema de obra de la artista convocante, sino un simple disparador sobre el que articular un sistema de paridades. Y Al respecto, Claudia explica: “Yo lo que quería era ser un artista más en la muestra, y traer una estructura horizonal. Para lo cual  había que traer una metodología. Y yo creo que Gabriel desde el título está planteando eso, que el problema es metodológico. Y para mí la metodología es contenido, no es solo técnica. Es como uno se relaciona con el otro, como uno toma decisiones y decide poner dos cosas juntas, eso es contenido. Y ahí ya hay una cosa de base que me encanta y me parece que esta es la Bienal más política que uno pueda imaginarse, en ese sentido, porque curar es administrar un territorio, tenés un espacio, tenés que decidir quién se queda con qué espacios, y cuáles son las reglas. Una política, eso es básicamente”. Una bienal sin tema, señala, es una bienal que propone una cierta metodología. Por eso deja librado a cada colega de esta colectiva que realice obra nueva, utilizando y poniendo en valor además los recursos que ofrece la propia Bienal, replicando el gesto del curador general y reflexiona en una metodología de encuentro posible.

Y así, le pide a Pablo Ruiz, escritor y traductor, fundador del grupo de experimentación Outranspo (en homenaje al Oulipo, el taller de literatura potencial de Raymond Queneau y tantos otros genios), que concibe la traducción como forma creativa. Y el resultado es un ejercicio inédito de transcreación, un relato que atravesara todas las obras que allí se exponen, convencida de que el rol del curador es muy cercano al del traductor, alguien creativo que puede hablar a partir de textos de otros. Ruiz escribe un texto que se llama El misterio del cuarto cerrado, de género policial, aunque en cruce con los ocho proyectos, rescatando en cada uno distintas transcreaciones, que quedarán recopiladas en un libro que se ofrece a los visitantes, con el nombre de El Pájaro Lento. Esto funciona en el intersticio libérrimo que se produce entre racionalidad y sensaciones (y qué otra cosa es una imagen, si no ese intersticio), ya desde el vamos del libro (ficción curatorial), que se abre con un primer transtexto, que a partir de una línea de Clarice Lispector: “Había una vez un pájaro. Dios mío”, atina a transcrear:

“Había una vez un ido un nido un sonido, Dios mío.
Había una voz una vez con alas que, adiós mío.
Había una vez la voz de un pez, sombrío.
No había ninguna vez ningún lugar, dos tríos.
Había una vez o dos o tres, adiós a mi Dios.
Vez mío un había pájaro, una Dios.
Había una vez un pájaro Dios, mío.
¿Un pájaro es mi Dios? ¿Los pájaros pueden ser dioses?
¿los pájaros son dioses si son míos?”
Creatrice Pliscol

Muchas de estas transcreaciones están volcadas en la museografía, de muchas maneras, armando un gran poemario concreto (otra referencia que la misma artista reconoce, la de Haroldo de Campos), en el espacio, en los textos didácticos que acompañan las obras, en el propio libro escrito a partir de y como génesis de los trabajos presentados, como una especie de entre imágenes que las crea, las hereda, las trastoca, las dice transversalmente, las calla.

Reivindicar el policial es otro hallazgo, que entronca una tradición más al hallazgo de los Oulipo. Desde el nombre d ela propia obra de Fontes realizada para esta ocasión: “Nota al pie”, cita absoluta a Rodolfo Walsh; los orígenes del género que incluyen El misterio del cuarto amarillo, e incluso, metodológicamente (fascinante esta idea de Fontes), el paradigma indicial de Carlo Guinzburg; la literatura de Italo Calvino (a momentos todo hace sentir que estamos empezando una y otra vez, con este pájaro lento que teme caerse, como en el comienzo de Si una noche de invierno un viajero), pasando por Edgar Allan Poe, hasta los palimpsestos y la transtextualidad de Gerard Genette y la crítica literaria. El resultado es una curaduría que construye espejos, sin centros, donde leerse, a momentos nubosos, a momentos radiantes, pero en los que se entra y sale hacia las obras que lo inspiran. Asumir que la curaduría produce relatos no es asumir un eje curatorial, sino estallarlo, casi sin darse cuenta, en correspondencias que son formas afectivas, andares detenidos, opacidades, encuentros momentáneos de poéticas abiertas.

Me dí cuenta que me fui por las ramas, pero es que de esta metodología también habla la obra. Andar por las ramas es siempre el mejor lugar. Deberé escribir una próxima nota pronto, para hablar de las ocho instalaciones aquí presentadas. Y seguir por las ramas. Por qué imponernos un tema único, un tronco central, si el propio curador convocante no lo hace. Claudia hace de esto signo de interrogación y gesto de delicadeza. Y se hace cargo del acto de pensar.

“¿Cuándo un pájaro siente vértigo?”, se plantea Claudia en el comienzo de su labor curatorial aquí en San Pablo, más concretamente en el techo del Pabellón al que se sube a pensar, como escultora, pero tomando el monumento Niemeyer y su cielo por asalto. Porque El pajaro lento surgió de habitar el edificio, desde arriba, adonde pidió subir para pensar en este lugar nuevo, curatorial y artístico. “Y estaba allá arriba colgada en el techo, y pensé en qué momento un pájaro siente vértigo, y se me ocurrió que ese momento es cuando vuela a una velocidad tan lenta que corre el riesgo de caerse, que es lo opuesto a como lo sentimos nosotros”. Y ese vértigo es el que siente ella desde esa dualidad artista/curadora, y lo que se plantea es una propuesta polifónica, de artes en cruce y extradisciplinar, que disuelve binarismos desde lo fronterizo y en los bordes de la transcreación.

Ilustra la nota: foto detalle de la instalación de Claudia Fontes, nota al pie (nota de rodapé), 2018. Créditos: Leedor.com

Mirá el video completo del encuentro con Claudia en la 33Bienal: