Entrevista a Miguel Moraga y a Victoria Lombardero: una mirada sobre la tragedia de Cromañón

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Esta es mi sombra (y ella también se ve) es una creación del colectivo teatral Nos|otres –con música original en vivo, a cargo de Víctor Lizárraga, y siete actores en escena– que nos permite reflexionar, de una manera distinta, acerca de la tragedia de Cromañón.

Nos|otres es un grupo teatral que tiene sus orígenes en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD) y que indaga en la composición colectiva. Con la idea de hacer un teatro vinculado a lo social, comienzan a investigar y surge la obra, presentada a fines de 2016 como work in progress.

En Leedor entrevistamos a Miguel Moraga, director de la obra, y a Victoria Lombardero, una de las actrices.

Cuéntennos sobre el trabajo colectivo de Nos|otres en relación con Esta es mi sombra.

Miguel: Esta es mi sombra fue realizada a partir de la dramaturgia de los intérpretes. Cuando supimos que íbamos a realizar una obra sobre Cromañón, comenzamos a investigar en conjunto, tomamos decisiones estéticas en conjunto, compartimos nuestras ideas y nuestros deseos de hacia dónde queríamos enfocar el trabajo, y luego llevamos el plano teórico al práctico. Además con el grupo veníamos trabajando hace un tiempo, investigando desde lo físico, armando pequeñas escenas, con el fin de encontrar aquello que nuestros cuerpos querían contar. Por eso, cuando surgió Cromañón cada intérprete se encargó de proponer escenas que fusionaran los trabajos realizados anteriormente, uniendo las escenas con los textos que surgieron de la investigación. Yo, siendo la mirada que compuso desde afuera, me dediqué a transmitir objetivamente al grupo lo que se estaba contando en escena. Enfoqué el trabajo y tomé decisiones de dirección contemplando siempre la mirada grupal.

La dramaturgia colectiva enriquece inmensamente el trabajo de los actores y las actrices, y no solo potencia las actuaciones, sino que también hace que el compromiso del grupo con la obra sea inmenso. Es un ejercicio continuo contra nuestro ego y pone a la obra, que es lo importante, en el lugar que tiene estar.

¿Cuánto tiempo estuvieron investigando sobre Cromañón y cómo realizaron esa investigación?

Miguel: El grupo empezó a trabajar sin saber lo que quería contar. Realizamos un trabajo de composición que se nutrió de improvisaciones y cuando juntamos una cantidad prudente de material lo compartimos con Micaela Suarez, docente que tuvimos en la EMAD, y que se acercó para darnos una mano y direccionarnos. Fue ella la que vio en nuestro trabajo a Cromañón, sintió que éramos jóvenes habitantes porteños ofreciendo nuestros dolores e indagando el dolor de lxs otrxs. Vio que había en nosotrxs un devenir inevitable, una angustia social que nos igualaba en nuestros propios duelos, y nos propuso trabajar con la tragedia/masacre de Cromañón.

No fue fácil tomar la decisión de abordar semejante tema, hoy Cromañón todavía es una herida abierta para la sociedad argentina y en ese momento lo era aún más. Por eso sabíamos que, si hacíamos esta obra, teníamos que hacerla con una inmensa responsabilidad y con el mayor de los compromisos hacia las víctimas. Por lo tanto, la investigación fue muy profunda; estuvimos varios meses recabando información de escritos, notas periodísticas y documentales. Nos cruzamos con miles de historias derivadas, y en muchos casos decidimos ir a la raíz de los objetos y sujetos que confluyeron aquella noche. Nos preguntamos dónde empezó todo, trabajamos con el antes y el después de la tragedia. El “después” fue fácil encontrarlo porque nos interpela a nosotrxs hasta el día hoy. Pero para llegar al “antes” tuvimos que buscar documentación, y en ese camino nos cruzamos con la dificultad de encontrar historias que no estén manchadas por lo que los medios de comunicación masivos querían hacerle llegar a la sociedad. Con entrevistas que realizamos nosotrxs mismos a algunxs sobrevivientes, llegamos a encontrar historias que merecían la pena ser contadas, y que a ningún medio hegemónico le interesó contar. Nos sorprendimos con el aspecto humano de Cromañón, con historias de personas que pudieron resignificar su vida después de la tragedia. Y al mismo tiempo vimos que Cromañón en sí era un universo inabarcable. Fue un momento bisagra para la ciudad de Buenos Aires con todxs sus habitantes, y las historias que surgieron a partir de ese suceso son millones. Por eso, una de las partes más difíciles fue tomar nuestra fotografía, elegir lo que queríamos que salga en el cuadro y lo que inevitablemente debíamos recortar.

¿En qué sentido la danza profundiza la mirada acerca de la tragedia?

Victoria: La danza es un elemento presente en la obra no desde un aspecto formal, sino más bien como una segunda naturaleza del cuerpo. No implica grandes y complejas coreografías, ni mucho menos. Más bien se hace presente como un elemento disruptivo, que libera por momentos los cuerpos de sus ataduras y lógicas cotidianas. La danza, entendida de esta manera, vendría a ser la llave que nos permite a los actores componer desde otras lógicas dramáticas. Nos habilita a entrar en un plano simbólico, metafórico, poder hablar de Cromañón desde un punto de vista más distanciado y poético. Nos permite trazar un camino distinto a recrear la tragedia de manera realista, a quedarnos en Cromañón como anécdota.

Siendo dramaturgos actores, componemos desde nuestra fisicalidad, y es también desde esas inestabilidad y transformaciones físicas que leemos el paso de la tragedia a través nuestro. La danza pone al cuerpo en primer plano, y es de eso también de lo que nos interesa hablar, de cómo la urbanidad y sus reglas domestican los cuerpos y marginan a los que, por imposibilidad o rebeldía, no se adaptan a ese proceso. Y por sobre todo, nos interesa hablar de cómo el sistema capitalista vulnera los cuerpos cuando solo cuentan como un número más o menos para los intereses comerciales. La lógica numérica invisibiliza al individuo, que vuelve a hacerse presente en la tragedia como cuerpo. La carne es, en última instancia, la que denuncia su historia, la que evidencia lo que hicieron con ella.

¿En qué lugar se ubica la obra? ¿Hay alguna toma de posición con respecto a lo que ocurrió?

Victoria: La obra tiene una mirada crítica, sobre todo de las responsabilidades políticas y empresariales que llevaron a la tragedia, así como del tratamiento que le dieron los medios masivos de comunicación. Por ese motivo elegimos corrernos de ciertas discusiones comunes como la culpabilidad de Callejeros, no porque no creamos que la hayan tenido, sino porque esos focos de debate fueron funcionales a invisibilizar toda una cadena de corrupción estatal y empresarial que es la que mayores responsabilidades tuvo en lo ocurrido y la que más indemne salió. Algo similar ocurre con la figura de Chabán, si bien esta sí tiene más relevancia en la obra. Elegimos mostrar a Chabán en todas sus contradicciones: en su culpabilidad, pero también en el lugar que le dio a la cultura under, en la figura monstruosa de cargar con la muerte de 194 pibes y en su vulnerabilidad de saberse entregado como chivo expiatorio.

Por otro lado, siempre estamos viendo Cromañón como sistema, desde una mirada más macro, para entender cuáles son las lógicas de esa estructura que lleva a la tragedia. Por encima de eso, siempre está la lógica mercantil de la cultura, el priorizar el negocio por sobre la vida de los más vulnerables. Por eso también nuestra actitud es de total empatía hacia las víctimas, los sobrevivientes y sus familiares. No dejamos de reflexionar sobre qué prácticas culturales, muy asociadas al rock y a la juventud, han sido riesgosas e imprudentes, pero creemos que eso solo representa el menor nivel de responsabilidad dentro de lo ocurrido. Los medios masivos de comunicación, nuevamente y como acostumbran, pusieron el foco en culpabilizar y marginar a las víctimas, y de ese discurso también elegimos corrernos. Cromañón es, en última instancia, una herida que habla de nuestra sociedad, de la que construimos todos, y solo haciéndonos cargo de eso hay un aprendizaje posible.

¿De qué se trata el documental chileno Puerto de Películas del que la obra va a formar parte

Miguel: Puerto de películas es un filme documental que impulsa la productora chilena Nelly Andreo. Un grupo de investigadores van a ir viajando por veinte ciudades-puerto de Latinoamérica, entre las cuales se encuentra Buenos Aires, y documentando hechos artísticos que den a conocer la identidad cultural de cada pueblo. Se acercan a nosotrxs después de hacer un relevamiento en Buenos Aires y ver cómo la vida cultural de nuestra ciudad tuvo un cambio abrupto después de la tragedia de Cromañón. De cierto modo, este uno de los temas que elegimos tratar en nuestra obra, así que nos invitaron a participar del documental proponiéndonos hacer Esta es mi sombra en un espacio abierto de la ciudad. La idea es hacer llegar la obra a un público masivo, interrumpiendo la rutina de las personas y generando un movimiento que trascienda las puertas del teatro. Ellos filmarán este hecho artístico para que luego forme parte de la película.

Estamos felices de poder hacer llegar nuestra obra a otro tipo de público. No sabemos aún en cuántos lugares de Latinoamérica se pasará el documental, pero por lo pronto, sabemos que será transmitido en la televisión chilena, y las personas que lo vean sabrán que en Buenos Aires ocurrió una tragedia como la de Cromañón, que marcó un antes y un después en nuestras vidas. Y el hecho de mantener la historia viva, de seguir generando memoria, es lo que nos moviliza y emociona.

Estreno: 7 de septiembre

Funciones: viernes 22.30

Centro Cultural IMPA La Fábrica, Querandíes 4290 (Almagro)