70 años de la primera edición de Adán Buenosayres

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El 30 de agosto, se cumplieron 70 años de la primera edición de Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal, publicada en 1948. Es esta una de las novelas emblemáticas de la literatura argentina, y al autor le llevó más de diez años terminarla.

Salvo el comentario elogioso de Julio Cortázar y la opinión favorable de algunos pocos escritores, la novela de Marechal pasó inadvertida y tuvo que esperar a la segunda edición en 1965 para empezar a ser reconocida. Pedro Orgambide señala con respecto a este silencio: “La crítica pudo verse sorprendida por la aventura formal que proponía la novela, por los procedimientos narrativos y de lenguaje que hoy son lugar común en la novela latinoamericana”.

La novela, en su primera edición, consta de 741 páginas y se organiza en siete libros. Los cinco primeros narran la aventura de Adán Buenosayres durante los días jueves 28, viernes 29 y sábado 30 de abril en un indeterminado año de la década del 20. El libro sexto (“El Cuaderno de Tapas Azules”) es una autobiografía del protagonista de la historia, y el séptimo (“Viaje”), un descenso simbólico a los infiernos.

Con un carácter mítico y con abundante intertextualidad, el libro trabaja con la relación tiempo/espacio a través de la isotopía del viaje por el cielo y el infierno de la ciudad. Allí están incluidas la Odisea, de Homero, y La divina comedia, de Dante Alighieri, solo por mencionar dos de las tantas referencias literarias que recorren el texto.

También podemos encontrar en el Adán Buenosayres una mirada particular sobre los géneros literarios. El propio Marechal decía al respecto: “Al escribir mi Adán Buenosayres no entendí salirme de la poesía. Desde muy temprano, y basándome en la Poética de Aristóteles, me pareció que todos los géneros literarios eran y deben ser géneros de la poesía, tanto en lo épico, lo dramático y lo lírico. Para mí, la clasificación aristotélica seguía vigente, y si el curso de los siglos había dado fin a ciertas especies literarias, no lo había hecho sin crear «sucedáneos» de las mismas. Entonces fue cuando me pareció que la novela, género relativamente moderno, no podía ser otra cosa que el «sucedáneo legítimo» de la antigua epopeya. Con tal intención escribí Adán Buenosayres y lo ajusté a las normas que Aristóteles ha dado al género épico”. Esta heterogeneidad marechaliana, fue criticada por Julio Cortázar que destacó como “único gran fracaso (…) la ambición no cumplida de darle una superunidad que amalgamara las disímiles sustancias allí yuxtapuestas”, si bien ya señalamos cómo el autor de Rayuela fue uno de los pocos que defendieron la obra en su primera edición.

Más allá de la dificultad que nos presenta el libro, es una novela de las imperdibles de nuestra literatura que, seguramente, adquiere nuevos significados y valores a partir de los autores del boom y de todos los que vinieron después.