Sobre La crítica en tiempos de crisis, en conferencia de Graciela Montaldo

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Graciela Montaldo brindó el día 14 de agosto pasado la conferencia “Lo que estudiamos, lo que escribimos: el mal presente”, fue en el marco del Ciclo Profesor Invitado. Se trata del tercer encuentro de este ciclo, organizado por la Escuela de Letras de la Facultad de Filosofía y Humanidades, en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Al igual que los anteriores encuentros, se desarrolló en un espacio brindado por la Escuela para fomentar el intercambio entre docentes de universidades argentinas y extranjeras, entre estudiantes, egresados y docentes de la casa, en una búsqueda constante de diálogo y enriquecimiento.

Graciela Montaldo, crítica argentina, se forma en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), doctorada en Letras. Fue profesora en esa universidad así como en la Universidad Simón Bolívar, en Caracas, vivió por 14 años en Venezuela. Actualmente vive en Estados Unidos, es Directora de Estudios Graduados de la Universidad de Columbia. Forma parte del consejo editorial de las revistas Iberoamericana, Revista Hispánica Moderna, Estudios y Cuadernos de Literatura. Se especializa en culturas latinoamericanas modernas y contemporáneas. Ha publicado varios libros y numerosos artículos críticos

Quien estuvo a cargo de moderar el encuentro fue Carlos Surghi (UNC), escritor y conocedor de la obra de Montaldo. Muy interesante fue su aporte como complemento de la conferencia, ya que pudo hacerle preguntas específicas de su trabajo, de sus proyectos, de su forma de hacer crítica.

Empieza la exposición planteando dos cuestiones, una es la discusión de cómo trabaja el crítico y la crítica en general, y la otra es ver parte del proyecto de la Isla Martín García en su poder simbólico, las transiciones políticas que significa.

La Isla Martín García es un territorio particular por su historia, por ser escenario de múltiples ideas, por ser un territorio de conflictividad política y poder considerarlo en su extraterritorialidad. Es real y a la vez utópico, situado en aguas uruguayas, pertenece a Argentina, en el siglo XIX pasó de manos muchas veces, considerado un territorio en disputa. Rubén Darío escribe crónicas sobre la isla, Martel en el marco de las celebraciones del bicentenario en 2010, toma la simbología del territorio como elemento de significación en el corto que produce. Sarmiento la propone como la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata, una ciudad imaginaria, Argirópolis. Y de allí que la cineasta, Lucrecia Martel, habla de una nueva Argirópolis en una actualización de la historia, como un espacio de confusión, control y violencia simbólica. Como explica Montaldo, la utopía moderna de la producción de un lugar donde se elimina toda separación, el desacuerdo del mundo se borra al igual que la política.

Su exposición va a rondar, como lo anuncia el título, en la noción de presente en el cual se desarrollan las actividades culturales y de investigación. Va a hablar de un tiempo acelerado, un presente marcado por la ansiedad del consumo que se traslada a las investigaciones. El surgimiento de las producciones culturales más estratégicas y relacionadas con la financiación y por lo tanto mercantilización del saber. Una cultura estrechamente relacionada con la noción de consumo. Se trata de un presente de extensa duración que no se encuentra necesariamente en contra del cambio de la política y la cultura en un neoliberalismo globalizado. Todo ha cambiado, como explica la crítica, porque cuando una cosa cambia afecta a todo lo demás, las instituciones, los métodos, la psiquis, el significado, la forma.

Muy significativo e importante es la noción que nos deja la autora con relación a la conciencia de la capacidad del investigador de seguir sus propios impulsos en un esquema muchas veces hermetizado, demandante y poco permeable. Se trata de una lucha constante con el entorno, una construcción que toma sólo lo deseado de los mandatos, un estar y no estar en los moldes que exige la academia y, por lo tanto, el círculo letrado. Ella misma nos cuenta de su experiencia en este sentido, su primer libro de crítica es sobre Saer, es crítica literaria; Surghi al momento de las preguntas alude a él y ella cuenta que ese es el ejemplo de lo que no hay que hacer, de la obsesión por seguir todos los mandatos, de hacer lo que se pide. “En realidad, yo no sé, ni me gusta hacer crítica literaria y por eso ese libro que vuelve siempre al presente por medio del diálogo, no es más que algo que quisiera borrar para siempre de mi mente. Porque es un claro ejemplo de lo que no hay que hacer, no supe negociar”. Graciela Montaldo habla de escribir por pasión, encontrar una voz para decir algo. Se siente optimista y reconoce la salida al problema de hacer crítica en los límites de una academia, en la negociación que pueden hacer los jóvenes investigadores frente a las demandas que se le imponen.

A raíz de una pregunta de los oyentes, habla de la importancia, en su opinión, de la crítica literaria. La escritura académica como una red de conocimiento que permite que la literatura crezca, y se desarrolle en su reflexión, no se trata, entonces, de algo que viene después, sino que es un elemento contemporáneo. Está en discusión con lo que sucede, es un diálogo en un determinado momento. Además, expresa la autora que el hecho de que un trabajo académico no sea leído propiamente por la comunidad en general, no quiere decir que ellos no estén circulando en el discurso social. Las actividades íntimas de la transmisión de saber de un profesor a un alumno, de un colega a otro, dan cuenta de una actividad mediadora, donde esos discursos que parecieran estar encerrados en las casas de altos estudios, en realidad, están funcionando en todos los planos de construcción de subjetividades y del saber.

También, hay muchos procesos de lucha que pasan de la resistencia a la institución y aunque ello pueda resultar contradictorio en la relación de canon anti-canon, es lo que sucede y esa transición es la que da lugar a nuevas propuestas, problemáticas que deben ser llevadas al centro para que la escena se renueve una y otra vez en pos de más necesidades y propuestas.

Con relación a una pregunta sobre sus trabajos críticos, cuenta Montaldo que lee lo que no se leyó, lo que quedó en el margen, para saber qué tipo de saber se encontraba allí. La tensión del canon y el anti-canon, “muchos autores que uno los olvida apenas después de leerlos, que no tienen importancia” expresa. Trabajó en un archivo de los años ‘20 con relación a la semana trágica, para recuperar voces que están en diálogo con los escritores canónicos, el porqué de la posición de uno y otro en la historia cultural literaria argentina. Una investigación académica que trate sobre qué hacer con esos que no son autores.

La crítica hace, así como nos cuenta la autora, una operación política sobre sobre el presente, “sobre el presente hay muchos especialistas”, lo cual conlleva un problema porque se produce un pronto envejecimiento de los trabajos. Recomienda, por ello, no llevarse por la inercia, el gusto, la academia, la carrera, sino ir construyéndose uno mismo por fuera de los intereses inmediatos.

A la pregunta del método y del cómo, por ejemplo armar un archivo de textos de una época en base al cual trabaja, explica, que se trata de un gran trabajo de lectura, del recorrer de bibliotecas, descartar y quedarse con con lo que sirve al análisis, aunque es probable que en el acto de desplazar un texto o un autor, también, se esté aportando a la construcción de significados. Además, la lectura misma te va trazando un camino, un libro que te lleva a otro.

Por último, en un momento de su exposición da cuenta de lo que quiere transmitirnos en cuanto al trabajo académico y la forma en que lo ve, explica que se trata de moverse siempre, salir de la zona de comodidad y de cualquier lugar en el que estemos para escapar del mal presente, seguir pensando, no reproducir. Ir contra la burocratización de la producción cultural. Y saber que ese mal presente que quiere definir, atraviesa todas la prácticas. Además, ve a los estudios latinoamericanos como un campo de constantes negociaciones, también en cuanto a los lugares de saber, en absoluto se lo puede considerar como de carácter neutro.

Agradecemos la grata presencia de Graciela Montaldo, se trató de una exposición muy dinámica, con conceptos claros y un aporte muy fructífero, tanto para investigadores en actividad como para alumnos interesados en esta práctica. Dió un panorama de lo que es y significa la crítica para ella con sus derroteros y posibilidades. También, a la Escuela de Letras y su apuesta al desarrollo, la actualidad y el crecimiento. Como alumnos, disfrutamos y apreciamos la posibilidad de intercambio y enriquecimiento de este tipo de actividades.