Crítica de La educación del Rey, de Santiago Esteves

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Entre lo que sugiere y lo que muestra, la ópera prima del mendocino Santiago Esteves se levanta muy dignamente como uno de los mejores ejemplos de thriller argentino de los últimos tiempos.

La historia, basada en el guión de Juan Manuel Bordón y el mismo Esteves, se mueve en dos territorios simbólicos. Uno, evidente, que refiere a lo crudo del entramado policial y judicial que se aprovecha de la delincuencia juvenil para hacer robos por encargo, otro que está por detrás es otro entramado, mencionado al pasar, sobre la verdadera actividad de un guardia de seguridad retirado que entabla relación con un chico que comete su primer robo y en la huída, va a parar a su casa.

En esos días que Rey transcurre en su casa, Vargas intenta un modo de rescate del chico, la educación del título que es tambien como ayudar a esos primeros días de jubilación. Las tareas en el jardín se alternan con la enseñanza del uso de un arma en medio de una chacra. Hay una comprensión tácita entre ambos personajes: un German de Silva siempre tan preciso, y el joven Matías Encina, que Esteves describe con rigurosidad y belleza, y con un diseño musical ascético e impecable.

Por un lado el submundo sin código de los matones policiales y por el otro un acuerdo moral sin muchas palabras en una relación con final abierto.