Entrevista a Inés De Oliveira Cézar a propósito de La otra piel

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El estreno de La otra piel es el séptimo largometraje de una de las directoras más interesantes el cine argentino. Blanca Monzón conversó con ella sobre su producción, sus motivaciones y sobre los espectadores y los festivales.

Blanca María Monzón: ¿Cuándo y cómo surge la idea de hacer La otra piel?

Inés de Oliveira Cézar: Surgió de mis encuentros con Maria Figueras en un momento muy particular para las dos. Así apareció la imagen de Abril y empecé a escribir el guión.

BMM: ¿Cómo fue el proceso de escritura del guión, su duración, como elegiste a los personajes?
IOC: El proceso llevó unos tres años de trabajo sin prisa y sin pausa. Cada tanto nos encontrábamos con María, compartíamos impresiones, nos dejábamos sorprender por el universo de emociones que aparecían en la escritura, por la incertidumbre, las contradicciones de Abril. Como la filmación se retrasaba seguí escribiendo, descubriendo pliegues y matices en el personaje de Abril y en los otros personajes, como el de su marido (Rafael Spregelburd) el de su madre (Monica Galán). Con ellos no me juntaba como con María, pero ya estaban presentes mientras yo seguía trabajando en el guión. La idea era incorporar una obra de Rafael Spregelburd, ya que el personaje es un director de teatro y a mí me interesaba que el actor fuera director, como un elemento documental dentro de la ficción. “La Terquedad” surgió poco antes del rodaje porque coincidió con su flamante estreno, pero sobre todo porque algunos textos podían articularse muy bien con la película. Los otros personajes vinieron con “La Terquedad”, como Pablo Seijo, que también se incorporó a la trama de la película además de estar en la obra de Rafael Spregelburd.

BMM: Podrías definir la metáfora que puede leerse en su título? Y como opera esto en la construcción del personaje de Abril, en tanto huida y búsqueda de reinvención, (aunque nunca sea explicitada).
IOC: El titulo apunta a la necesidad de Abril de renovar la piel (el sentido) de una vida en la que se siente encerrada, en la que todo parece estar bien pero todo está mal, la piel que necesita caer para encontrarse con otra piel. Es el proceso entre la caída y la incertidumbre de lo que puede venir, el primer paso para descubrirse o reinventarse.

BMM: ¿Qué es lo que más te mueve en el orden de lo espiritual a la hora de iniciar un nuevo proyecto?

IOC: La necesidad de contar un proceso. La pregunta que me obsesiona es ¿Cómo contar un proceso en el cine? Es ahí donde el sonido y el tiempo se vuelven protagonistas de esa aventura. Y si bien la palabra juega dentro de ese universo, no tiene el mismo valor que en la literatura.

BM- Cómo definirías a tu obra, tanto en relación al teatro, como a la filosofía y la literatura? Y qué usaste del recurso teatral en La otra piel, que por otra parte se aparta de la ficción.

IOC: Me resulta difícil definir mi obra. Puedo decir que tanto la filosofía, la literatura y el teatro han sido mis compañeros de viaje, mi lugar de pertenencia, la invitación a buscar un sentido a este cambalache que somos. Y a hacer algo con eso. Inventarnos una subjetividad con retazos.

BMM: ¿Cuál es tu idea de ficción, y cual la de realidad y como funciona esto en La otra piel?
IOC: Hay algo de ese cambalache que somos que no responde ni a la realidad ni a la ficción, sino a la subjetividad. Y esta película se trata de eso, de fabricar ese estado íntimo, donde ficción y realidad se comportan de un modo nada esperado, sin convenciones, donde la lectura personal compone su propio horizonte con retazos de todo tipo.

BMM: ¿Cómo definirías tu preocupación por el lenguaje en relación a esto. A qué obedece la diferencia de la voz que le has otorgado a Abril, y la de su marido como artista de teatro?

IOC: El lenguaje es una operación necesaria y fallida desde el comienzo. Por eso es una obsesión, porque la necesidad de comunicar, de hacerse entender, nos lleva la vida entera. Porque nunca sabemos si el otro entiende lo que queremos comunicar, porque hay un esfuerzo por hacernos entender y por entendernos, por llegar al otro. Una necesidad con resultados inciertos. Porque existen muchas lenguas y personas que las habitan. Y, porque existe el inconsciente; el cuerpo habla otra lengua, también comunica y dice. En el cine son los gestos, las miradas, incluso los silencios. Ese terreno de lo indecible está cargado de sentido. Cuando el discurso está en comunión con el cuerpo, es un acontecimiento. Muchas veces no ocurre de esa manera, el discurso va por un lado, el cuerpo y la mirada por otro. Y a veces no hay discurso por diferentes razones. Hay cuerpo, gesto, mirada. Este es el caso de Abril.
Creo que las voces de Abril y de Octavio tienen que ver con esta obsesión. Son distintos. Octavio va por el discurso, Abril no tiene posibilidad de hacerlo, busca y lee el sentido con el cuerpo. El suyo y el del otro.

BMM: Hay en casi todos tus trabajos, una exhaustiva preocupación por los universos femeninos, y por la construcción de los climas. Y en este caso puntual de La otra piel en el personaje de Abril, el uso de la lluvia, y fundamentalmente el del contraluz. Y por supuesto, la radical importancia de la ventana como marco narrativo, y como si fuese, valga la redundancia, el marco de un soporte llamado cuadro, en las artes visuales?

IOC: La construcción de los climas es fundamental para mí. Creo que son fieles y orgánicos a lo que quiero atrapar en un relato. Por eso trabajo sobre ese universo de sensaciones. El encuadre, la luz, los lentes son la forma para llegar a construir ese sentido que busco atrapar. Y por supuesto, el sonido. En este caso la lluvia, el agua que corre en sus diferentes expresiones: mar, tormenta, trueno, arrullo, ritmos.

BMM: La idea de filmar en Brasil obedeció a una razón económica? . ¿O fue elegida por el significado de lo que implica el viaje en todas las artes?

IOC: El viaje estuvo siempre presente en el guion como una necesidad de huida, de parar con todo porque lo que es, lo que hay, es insoportable. Y siempre supe que no era la montaña sino el mar para Abril. Un lugar que no estuviera intervenido, donde la naturaleza tuviera una fuerte presencia y donde se hablara otro idioma con el que a ella le cuesta hacerse entender.

BMM: Quiero decirte que la escena final de Abril con su madre es increíblemente maravillosa, y que define con creces ese otro inmenso universo que representa la relación entre madres e hijas. Y que no casualmente es el único momento del film donde Abril se deja ser. Cuál fue el sentido de su elección?

IOC: Esa secuencia pedía a gritos estar en su regreso a lo que ella dejó, como un espejo que refleja una imagen donde ella se encuentra distinta. Podría decirte, para arrimarme a la sensación de ese momento, que por un instante La madre es ella y ella es la madre en ese encuentro, las dos han cambiado, no hay necesidad de explicar nada, está la vida por delante porque estamos solos pero a veces nos dejamos acompañar. Una reinvención para las dos.

BMM: ¿Cómo definirías tu modo de hacer cine, qué es lo que te importa comunicar, y en qué segmento del cine argentino, lo inscribirías, y por qué?

IOC: Creo que hago cine como un animal, justamente. Mi arma de caza es la cámara, mi alimento el encuadre. El tiempo es el pinche tirano al que le debo una gran cuota de sufrimiento y de agradecimiento, también. No sé en qué segmento del cine argentino se inscribe un cine de animales. Pero creo que nuestro cine es diverso, rico, enorme.

BMM: ¿Qué representa para vos el BAFICI por un lado  y los festivales internacionales como espacio de exhibición?

IOC: Ya no sé qué representan los festivales internacionales, depende para cada película. Antes los festivales eran menos comerciales que ahora, tengo esa sensación. El mercado ha avanzado tanto sobre ellos que son pocos los festivales que siguen siendo fieles a descubrir el cine de autor. Y creo que el Bafici mantiene esa intención, esa búsqueda más allá de los mercados.

BMM: ¿Cuál es tu relación con el espectador cuando escribís y filmás una historia, y cuál tu expectativa a la hora de estrenar comercialmente?

IOC: Yo propongo al espectador encuentros a lo largo de la película. Es evidente que con algunos espectadores nos encontramos y con otros no, esto va a ser así siempre. Mis películas son libres de proponer una forma y los espectadores son libres de elegirlas o quererlas o detestarlas. Y eso me gusta, me parece muy honesto de ambas partes. Y la expectativa al estrenar es el encuentro.