“Libertad bajo palabras”, entrevista a Verónica Boix

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A los 40 años, Veónica Boix renuncia a su cargo de defensora penal en la justicia penal de Buenos Aires para dedicarse al periodismo y la literatura. Colaboradora de distintos medios como Ideas del diario La Nación, la Revista Ñ y el Nuevo Herald de Miami, su primera novela Libertad bajo palabras, editada por el selllo Letras del sur, resulta una radiografía existencial de una mujer que recuerda a aquellas palabras de Simone de Beauvoir cuando decía no hablar de sus convicciones porque se convierten en meras opiniones. Mejor llevarlas a la práctica.

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Entre lo público, lo íntimo y lo privado, Verónica Boix narra con maestría el modo en que la justica en todas sus formas deja de ser una abstracción para materializarse en desencanto y lucha, convicciones y un profundo amor por la verdad. “Una novela que recorre el doble via crucis de los tribunales argentinos: el de los castigados por la ley y el de los abogados que pierden entre acuerdos y compromisos, la fe precaria en sus ideales de juventud”, escribió Guillermo Martinez. “En el contrapunto ente el espacio público y político del escenario judicial y el repliegue íntimo de su protagonista, Verónica Boix, en su debut literario, ha logrado escribir “con amor y sordidez”, y sin falsas escapatorias, una novela notable de suspenso existencial que hace pensar en los dilemas humanos y las paradojas en carne del “será justicia”.

¿Cómo surgió Libertad bajo palabras?

Ya había renunciado a mi trabajo y la única certeza que tenía era que quería escribir. Quería vivir leyendo y escribiendo pero no sabía cómo hacerlo. Una tarde me senté y escribí la escena del juicio con la que empieza la novela. Y no pude parar, sentí que tenía algo para contar de un mundo que había vivido de cerca que nadie más había contado. Pero no quería contar lo que me había pasado a mí, ¿eso a quién le importa? Lo que quería era llegar al hueso de la experiencia de la justicia, de la pérdida de los ideales

De acuerdo pero la novela va mucho más allá del universo que conociste en tu trabajo como defensora penalista

Es cierto, la novela hace un doble recorrido, el primero indaga en el mundo judicial, los casos, la relación con los jueces, pero el otro explora la relación del cuerpo con el mundo, es decir, avanza hacía la intimidad de la narradora. Creo que de alguna manera ella se mueve siempre entre el deseo y el deber, como si fueran dos fuerzas contrapuestas. Como si poner el cuerpo para enfrentar la ley la obligara a enfrentar sus miedos más primarios. Por eso, aparece también su infancia.

Hay gran trabajo sobre los distintos planos narrativos: entre lo público y lo privado. La ley que establecen los hombres y su relación con las múltiples leyes de la naturaleza. Por momentos se convierte en una hermosa metáfora de la mujer moderna y sus relaciones de pareja, el amor y reverso, la maternidad, la muerte, y la idealización de una justicia que no llega.

Es muy lindo eso que decís porque justamente esa era una mis obsesiones a la hora de escribir. Quería mostrar las maneras en que una mujer se va adaptando a las reglas que le parecen naturales, pero en el fondo, le son totalmente ajenas. No es un mandato fijo, sino que aparecen una multiplicidad de cosas. A ver, por ejemplo, esas cosas que nos dicen de chiquitas como parte de un juego, los primeros intentos de seducir. El intento constante de equilibrio, seducir sin ser catalogada desde una mirada machista como una puta, tratar de hacer justicia con leyes que no terminan de ser justas.

Naturalmente, cuando uno piensa en el título de la novela, lo que se impone es todo aquello relacionado con las leyes, sus sentencias. Pero en el fondo la historia está atravesada por la palabra. Desde la infancia de la protagonista, su relación con sus amigas, su madre, su pareja Julián. La palabra aparece para construir lo real, en el sentido que Foucault le da al término.

Exacto, las relaciones de poder pasan por el interior de los cuerpos y la única manera de revelarlas, creo, es la palabra. Si bien la palabra es una manera engañosa de lo real, es la única posiblidad de comprender algo de lo que nos rodea. Mirá, incluso ese proceso que ves en el libro en el que ella va nombrando las cosas para hacerlas reales, como una manera de rebelarse contra el padre, me terminó pasando a mí. Recién comprendí qué había vivido cuando terminé de escribirlo. A lo mejor por eso busqué mucho las palabras que pudieran dar cuenta de la experiencia del cuerpo. Es difícil nombrar emociones y sensaciones que no caben en una sola palabra. Digo “dolor”, y en verdad si no lo describo con precisión, la palabra queda vacía.

Tu personaje tiene grandes convicciones. ¿Compartís con ella la idea de que la cárcel no sirve para nada?

Sí, absolutamente. No conozco ninguna persona que haya salido de la cárcel mejor de lo que era antes de entrar. Y se supone que esa es su función, ¿no? Resocializar. Pero, en verdad, para lo único que sirve es para aislar y castigar. Creo que la prisión no soluciona nada, lo único que hace es dar la sensación falsa de seguridad. Las personas que están en la cárcel pierden el contacto con la sociedad, son etiquetadas, excluídas, eso agrava las condiciones de vulnerabilidad en las que ya estaban. Bueno, si leíste Kafka, podés darte una idea de la angustia que siente alguién que es procesado y encarcelado, sin entender las leyes ni los mecanismos que lo llevaron a esa situación. Eso sin hablar de la desigualdad social que se refuerza con las cárceles

Libertad bajo palabras aborda muy seriamente este problema. A diferencia de muchas series de televisión que buscan estetizar y construir un relato que corre de lugar el foco de reflexión.

Es más fácil maquillar la realidad que rebelarse y cambiarla, ¿no? Pero yo no quería mostrar a los presos o a los jueces como héroes o demonios para estar tranquila. No, lo que de verdad me interesaba era captar la humanidad, los sueños, las fallas, los intereses, la valentía y las mezquindades de cada uno, más allá del rol que tuvieran en un momento concreto de la vida, hacer foco en los detalles para que la visión total dependiera de cada uno, no sé, revelar los modos en que la vida pública termina modificando el mundo privado de todos.

El encuentro que tiene la protagonista con su hermano es lo que le permite tomar distancia para ver su historia con más claridad

Sí, una serie de sucesos la hacen vacilar frente a su realidad y ella necesita poner distancia, viaja a ver a su hermano y, de alguna manera, consigue ver de lejos lo que de cerca le resultaba imposible. Tal vez, la relación con él es la única que no le exige nada y por eso la libera. El hermano es artista, nada más opuesto a la ley que el arte, ahora que lo pienso.