Artistas-curadoras en la 33Bienal de São Paulo: entrevista a Claudia Fontes

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En esta 33 Bienal de San Pablo que inicia el 7 de setiembre la argentina Claudia Fontes a quien ya habíamos tenido oportunidad de entrevista en Venecia, forma parte del equipo de curadorxs que acompaña a Gabriel Perez Barreiro, integrado por 7 artistas que acompañan la propuesta de este año, Afinidades Afectivas.

Charlamos con ella via mail.

Kekena Corvalan: ¿Ha tenido participación anterior en una Bienal? ¿Qué le aporta según usted la Bienal de San Pablo al circuito de encuentros internacionales? ¿Tiene quizás San Pablo un sello propio?

Claudia Fontes: Participé representando a Argentina en la 57a Bienal de Venecia. La experiencia es muy diferente porque mi rol en ambas participaciones es bien distinto pero también porque la Bienal de Venecia y la de São Paulo son dos instituciones muy diferentes. El contraste más contundente, en mi experiencia, tiene que ver con las políticas públicas de ambas bienales, y el sentido de su existencia, para quienes se hacen, cuál es el público que las visita y con qué expectativas. En la Bienal de São Paulo, la impronta del pensamiento de Mario Pedrosa perdura en la ética institucional de la bienal, y es, para mí, la mayor diferencia con Venecia y con todas las otras bienales internacionales. La Bienal de São Paulo tiene claramente como misión generar una experiencia inclusiva dirigida a públicos para quienes la bienal quizás sea su primera aproximación al arte contemporáneo. La entrada es gratuita, y está emplazada en un parque público de libre acceso. En tres meses duplica la cantidad de público que atrae la Bienal de Venecia en seis. Es un verdadero lujo trabajar en ese contexto.

La bienal de São Paulo tiene también una política muy clara en cuanto al registro histórico de sus ediciones anteriores, mediante su archivo. Esta capitalización de la experiencia, que también se refleja en los recursos intelectuales y creativos de su personal, genera una calidad institucional envidiable, y creo que no sólo envidiable en Latinoamérica.

KC: Le quiero hacer una pregunta que se hacen todos los artistas frente a estos espacios, una pregunta interesante porque plantea un imaginario de deseos y un misterio de cómo hacerlos realidad, y es ¿cómo fue el proceso por el cual usted llega a esta Bienal? ¿Conocía a su curador general?

CF: Sólo de nombre y conocía parcialmente su trayectoria. Gabriel me contactó en marzo de 2017 porque quería visitar mi taller, estando yo a meses de inaugurar en la Bienal de Venecia. Me dijo que había estado siguiendo mi trabajo de cerca por un tiempo, de lo cual yo no tenía idea. Tuvimos una charla muy larga, primero me pidió que le contara de mi trabajo y luego él me contó de la bienal. En esa charla le conté no sólo sobre mi obra, sino sobre mi posición con respecto a la práctica artística, y de mi preocupación por encontrar el sentido de hacer y ver arte tal como está el mundo. Le compartí un texto de Brian Boyd que yo había encontrado después de investigar bastante sobre la función evolutiva del arte en la especie humana, y le conté la definición que allí da Boyd: el arte es una adaptación del animal humano con la función de dar forma a la atención y compartirla, a efectos de fomentar cohesión social y creatividad -dos capacidades fundamentales para nuestra supervivencia como especie. Luego Gabriel me contó que la bienal que él estaba imaginando, y en especial el programa educativo para la bienal, tenía como preocupación central fomentar la capacidad de atención en el espectador y nos entusiasmamos mucho hablando del tema. Fue una de las charlas más interesantes que recuerdo haber tenido con un curador o curadora, especialmente por el tiempo que se tomó Gabriel para entender desde dónde trabajo y qué me preocupa.

KC: ¿Cuál es su propuesta, qué artistas eligió qué lecturas y referencias tiene para este trabajo?

CF: Mi propuesta se llama “El Pájaro Lento”. Tomé como punto de partida la polaridad que ofrece el Pabellón Ciccillo Matarazzo en tanto punto de encuentro de vida humana y no-humana, cada una con su temporalidad y modos de estar en el mundo casi opuestos. El edificio diseñado por Niemeyer está ubicado en el Parque de Ibirapuera, un ecosistema que es estación de descanso de unas 119 especies de aves. La imagen del pájaro lento surgió como un antídoto al ideal de velocidad que representa este edificio modernista, con la ambición de generar condiciones de observación que atraigan y retengan la lectura atenta del visitante.
“El pájaro lento” no funciona en nuestra exposición como un tema o idea a ilustrar, sino más bien como una figura ambigua que ofrecí a los artistas como punto de partida y territorio común y desde donde ellos dispararon procesos creativos únicos y diversos entre sí.

Acompaña a las obras un libro con un cuento policial en el que se develan aspectos del vuelo curatorial del pájaro lento: el considerar al espectador como lector, al curador como traductor, al hecho artístico como evidencia de un enigma, y la certeza de que ese enigma tiene tantas posibilidades de resolución como lectores.

Seleccioné a los artistas no tanto por sus obras ya existentes sino por el potencial del proceso creativo que, o conocía de antes, o creí percibir en su obra.  Consideré incluir una diversidad de procesos creativos que se alimentaran y cuestionaran entre sí, y busqué entonces artistas que vinieran de prácticas y lenguajes artísticos diferentes: escultura, dibujo, cine, teatro, música, video, pintura y literatura. Hubo un solo caso, en el que la invitación fue a mostrar una obra específica que encontré hacia el final de mi proceso de búsqueda y quedé fascinada con ella; no podría haber encajado mejor en lo que ya estaba visualizando. Esa obra terminó funcionando un poco como el epígrafe de un libro, en tanto que fue la única obra que los demás artistas vieron a modo de referencia antes de embarcarse en sus propios procesos creativos.

Los artistas invitados son Paola Sferco (Córdoba, Argentina, 1974), Sebastián Castagna (Argentina/Reino Unido, 1965)  Elba Bairon (Bolivia/Argentina 1947),  Ben Rivers (Reino Unido, 1972), Daniel Bozhkov (Bulgaria/EEUU, 1959), Katrín Sigurdardóttir (Islandia/EEUU, 1967),  Žilvinas Landzbergas (Lituania, 1979) y Roderick Hietbrink (Holanda/Noruega, 1975). Pablo Martín Ruiz (Buenos Aires/Boston, 1964) estuvo a cargo de escribir el cuento policial. Algunos textos interpretativos de las obras fueron comisionados a Outranspo -Ouvroir de Translation Potencial, grupo dedicado a la traducción creativa y experimental.

KC: Nos gustaría que nos comparta su visión de la curaduría en el mundo del arte contemporáneo. ¿Le parece que hay un modo diferente y propio cuando la realiza un artista?

CF: En mi opinión, la tarea curatorial, la asuma quien la asuma, es la de establecer puentes entre dos experiencias creativas, la del artista y la del público. Lo más interesante para mí de la propuesta de Gabriel no es tanto que nos haya convocado a los artistas a ocupar el rol de curadores, sino que nos ha convocado a los artistas a prestar atención a ese puente entre dos experiencias creativas, sin el condicionamiento de su mirada personal ni de ninguna temática a ilustrar.

La del público para mí es una experiencia creativa en tanto que no considero al visitante como un espectador pasivo y consumista, sino más bien como un observador activo que con su lectura llega al punto de encuentro, que es el espacio de exposición, a completar la obra. Esa lectura siempre estará condicionada por el bagaje contextual con el que llega a ese espacio ese día, en un determinado estado de ánimo y con las dolencias, limitaciones o plenitudes que en ese momento logre conjurar. Es decir, es una experiencia creativa que depende mucho de la capacidad de las personas de hacerse presente y estar, así como la calidad de la experiencia creativa del artista también depende de la capacidad de estar presente con su obra en el momento de hacerla. Este acto de estar presente está completamente ligado a la capacidad de prestar atención.

KC: ¿Cómo ve esta Bienal y a lxs artistas en el contexto político de Brasil?

 

CF: Como argentina me preocupa mucho la situación política de Brasil y de toda la región. También vivo en Inglaterra y sé que la corrupción, la manipulación mediática y el deterioro de los derechos laborales, humanos y sociales no es exclusivo de la región sino que es un componente de la fase del capitalismo que estamos viviendo que nos afecta globalmente.

Como artista, el lugar de resistencia que elijo tomar en relación a esa situación es el de intentar generar espacios de refugio para la imaginación, y fue esa la dirección que tomé con “El Pájaro Lento”. Creo que una buena respuesta al avance de la ola de pensamiento medieval que nos amenaza a todos puede ser contestarle con espacios de creación porosos e inquietantes, que propongan otros modos de estar y de sentir. Sólo de allí podrán salir nuevos modos de pensar y de organizarse. En ese sentido, veo a la 33a Bienal de São Paulo como un respiro. No creo en los espacios de arte como espacios de denuncia porque ya no hay nada que denunciar, está todo a la vista. Esto no quita que no tenga un posicionamiento político a la hora de votar o de apoyar causas. Pero me parece injusto responder desde el arte al agobio con que las personas viven en nuestros países, con un comentario sobre el agobio, una obra que amplifique esa lógica. Quizás sea por eso que no se me ocurre un ejercicio más político que el de pensar qué se le puede ofrecer al público por fuera de ese contexto asfixiante.

KC: ¿Conoce la producción de artistas argentinos? ¿Cómo ve el funcionamiento del campo local?

CF: Me considero parte de ese colectivo, aunque hace ya 16 años que vivo fuera del país. Tengo pendiente un viaje de investigación a Argentina para visitar talleres de artistas jóvenes, es una deuda que tengo conmigo misma. Mi amigo Tulio de Sagastizábal me dijo hace muchos años, cuando me estaba yendo a una residencia de artistas en Holanda, “una obra puede tener sentido en muchas partes del mundo, pero hay un sólo lugar donde ese sentido se vuelve hermoso”. Eso es lo que para mí representa Argentina y su escena artística, el lugar donde el sentido de ser artista, para mí, se vuelve hermoso.