Vidas del pintor Carlos Alonso

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Meditaciones de una visitante

Entrar en la sala en la que se presenta la muestra Vida de pintor de Carlos Alonso en la Colección Fortabat es una experiencia conmovedora. Las obras, en su mayoría excepcionales retratos, emocionan, producen sonrisas con sus guiños humorísticos, nos llevan a transitar la vejez y sus duros achaques o la muerte joven, todo trabajado con la luz y la vitalidad de los colores de Alonso y con lujosos detalles que, seguramente, no son casuales sino indicadores de la densidad de su mirada sobre los retratados. Uno de sus modelos será, naturalmente, él mismo que aparecerá varias veces, una de ellas en un primer plano sentado sobre una cama con Manta salteña en la cual, a sus espaldas, aparece una mujer desnuda, la modelo. ¿Quién mira a quién, quien es “modelx”?

manta

Las obras expuestas, algunas de ellas propiedad de la Colección Fortabat fueron curadas, no sólo bellamente sino también con evidente afecto hacia el artista, por Luis Rodolfo Cuello con la colaboración del hijo del pintor, Pablo Alonso, y recorren cerca de cincuenta años de trabajo.

Algunos de los pintores cuyas vidas son rescatadas aparecen en plenitud como Antonio Berni y Juan Batlle Planas mientras Egon Schiele será retratado en su lecho de muerte, de una forma bellísima. Según relató Cuello, el joven artista muerto de gripe a los 28 años manifestó su deseo de ser retratado como si estuviera durmiendo, deseo cumplido por Alonso.

Schiele También Courbet aparecerá en varias obras frente a una mesa en la que convivan frutas y pinturas y todas ellas aparecerán como naturaleza viva. Lino Eneas Spilimbergo, LES, circula por varias obras. En una de ellas pintando sobre una tela, Puro Lino; en otra, descubierto al pasar entre una cortina y una puerta mostrando la enorme curiosidad de sus ojos; en otras, ya viejo pero firme.

puro lino

Van Gogh aparecerá en sus años de desconcierto mental en varios trabajos en los cuales su oreja estará muy presente, o ausente. La oreja de Van Gogh, además de la banda musical, me recuerda dos historias: por un lado, la importancia que Giovanni Morelli daba a la realización de las orejas dado que quien falsificara una obra probablemente no les daría importancia y las pintaría a su manera y no en el estilo del autor original, un elemento que obraría como indicio de la falsificación; por otro lado, una anécdota de quien seguramente fue la alumna más joven que formó Alonso, gracias a su talento, Renata Schussheim. A ella le escuché contar que su maestro no permitía que se las dejara de lado sino que les restituía su importancia en los retratos, con todo detalle, quizás por Van Gogh, quizás para complicar la vida de falsificadores, quizás por que es bueno hacerlo como con cualquier otra parte del cuerpo.

Hay más artistas retratados y en algunos aparecen temas dolorosos de la vejez, como Renoir en silla de ruedas y con las manos estragadas por las enfermedades. Esto decía Alonso sobre lo que representaba para él (estas palabras están en un lugar del piso en el que casi no se ven, mi única crítica a la muestra es que debían estar sobre la pared):

Ahí la clave fue la pérdida de los instrumentos: la artrosis de sus manos y la inmovilidad de sus pies. Yo también sentía que, como exilado, había perdido las manos. Esa pérdida me lleva a Renoir. Su imagen de seguir pintando con los pinceles atados a las manos demuestra que uno tiene muchas edades. El podría tener 80 en las manos, pero tenía 25 en el corazón y en las ganas de pintar.

Algo semejante le hará pintar a Monet sufriente de cataratas que le limitaban la percepción del color, tan esencial. Al igual que ellos, Alonso continuará pintando contra toda adversidad, aún en los peores momentos. En uno de ellos crea un tríptico con dos obras: Inventario 1 y 2 en las que aparecen una multitud de objetos, todos relevantes seguramente, junto a su cabeza en uno y sus pies en otro y en el medio una Escalera con un clima muy particular. Son cuadros de los años 80, obras posteriores a la desaparición de su hija Paloma, pintados en el exilio.

Mi primer contacto con el arte de Alonso provino de un libro. A los 15 años EUdeBA me tentó con La guerra al malón, una edición magnífica del texto de aquel Comandante Prado que hizo la campaña del desierto a los 14 años ilustrado por un Alonso de notable sensibilidad para representar a aquellos “salvajes” que iba aniquilar un ejército en muchos casos constituido por soldados salidos de las cárceles, sin deseo alguno de participar de esa matanza y, por otro, por quienes, como Prado al final de la campaña descubrían que habían matado y expuesto su vida para que algunos ricos se quedaran con toda la tierra. Algo que la sensibilidad política del artista no podía dejar de ilustrar magníficamente.

El recorrido por estas obras realizadas sobre artistas admirados (si no me equivoco hay sólo una mujer, Frida Kahlo) me dejaron la impresión de una necesidad del pintor por explorar otras vidas, de indagarlas en busca de conocimientos no sólo sobre el arte de pintar sino sobre arte de vivir y morir, de resistir las pérdidas, la decadencia y la soledad. Alonso aparece como un resistente ante lo que pudo resistirse y un resiliente ante lo que le tocó sufrir, al igual que algunos de sus maestros.

Triptico