“Busco una obra que tenga algo para decir, para criticar y para proponer”, Juan Mako

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Juan Mako es dramaturgo, autor y director, licenciado en Dirección Escénica en la UNA (Universidad Nacional de las Artes). Desde del 2014 viene dedicándose al teatro y ahora presenta su nueva obra Las encadenadas.

Tomando como punto de partida la tragedia de Epecuén, el pueblo que quedó inundado en la Provincia de Buenos Aires en 1985, Juan dialoga y reflexiona con su historia “en términos transformadores, tanto desde el plano político y social como artístico”.

Sos muy joven, pero tenés una larga trayectoria, ¿cuál fue tu crecimiento desde la dirección de RAT, producto de la Bienal de Arte Joven, hasta esta nueva obra Las encadenadas?

Bueno RAT fue lo que se dice mi opera prima como director y también como autor, aunque este último rol en esta obra me llegó indirectamente, ya que yo quería hacer una obra de Copi pero que por cuestiones de derechos de autor no pude. Por ende, tuve que hacer una reescritura. Claro que esa resultó ser necesaria, ya que la obra era vieja, lo cual hizo que RAT sea propiamente mía y del equipo. Ese primer escollo, y luego el haber quedado en la Bienal, generó una enorme potencia y singularidad al hacernos repensar el porqué de la elección del material y el porqué del hacer como actores sociales que somos. Hicimos dos temporadas, superamos cambios de sala y del actor protagonista, tuvimos más buenas críticas que malas y viajamos al Festival de Almada en Portugal compartiendo cartelera con grandes directores del medio internacional, caso Thomas Ostermeier y Joel Pommerat, entre otros. Como artista, el haber atravesado toda esta experiencia, y en el contexto de visualización que la Bienal y el Festival de Almada nos ofreció, me hizo crecer rotundamente para encarar mi segundo trabajo como autor y director.

¿Cómo surge la idea de tomar la inundación de Epecuén?

Bueno, antes de empezar con RAT yo cursaba la materia Dramaturgia con Andrea Garrote en la UNA, dentro de la carrera de Dirección, de la cual me recibí el año pasado. Andrea nos dio un ejercicio en una clase para empezar a escribir a partir de una imagen que nos resultara potente. Mi abuelo era de Carhué, el pueblo vecino de Epecuén, y siempre tuve ese recuerdo de charlas y anécdotas sobre aquel universo que fue Epecuén. La primera imagen que se me vino ese día de clase, y casi arbitrariamente, fue la de dos mujeres trabajando en un cementerio publico rutero de pueblo. Ahí nomás se me vino Epecuén y todo su caudal de imágenes, el cual volqué en este relato que lentamente se fue construyendo hasta llegar a ser obra.

¿Qué te ofrece como dramaturgo este suceso tomado de la realidad?

En principio me ofrece un enorme respeto. Mucha gente que vivía ahí murió de tristeza ante la pérdida de todas sus pertenencias y el desarraigo de su pueblo, por lo cual tomo el tema con la seriedad y respeto que se merece. Luego, a la hora de construir el relato de ficción me ofreció un universo sumamente teatral y potente, con claras referencias geográficas, históricas y políticas en las cuales pude hacer un trabajo de campo, de investigación, para poder afinar el lápiz y no hablar de Epecuén frívolamente, sino para poder dialogar y reflexionar con su historia en términos transformadores, tanto desde el plano político y social como artístico.

¿Cómo se entrelaza lo documental, lo político y lo estético en la creación de tus personajes?

Los personajes son totalmente ficcionales, pero responden a la lógica de lo sucedido. Están cargados de historia, cada uno, desde su punto de vista, está compuesto por un sinfín de deseos, nostalgias, decepciones, odios y frustraciones. Eso los convierte en seres erráticos y comprensibles. Claro que sus accionares están atravesados por lo político y lo sucedido en Epecuén, por lo cual en ese plano, y por más que se construya una ficción, la obra posee un carácter documental (aunque no biográfico directo) y un carácter de denuncia. La estética, tanto de los personajes como de la obra en general está dada por un bricolaje de elementos que componen tanto lo pueblerino como lo surreal de las circunstancias en la que ellos se encuentran.

Si bien hay un personaje masculino, elegiste un título que alude al universo femenino, ¿qué implica esa elección?

Por un lado, el título alude a tres cosas. La primera es al sistema de lagunas llamadas “Encadenadas del Oeste” que están compuestas por el lago Epecuén y la laguna Alsina, entre otras. En segundo lugar, alude a la rutina asfixiante en la que estas dos mujeres trabajan a diario en ese lugar y en tercer lugar al pasado que sobre todo el personaje de Esther, quien vivió en Epecuén y sufrió la tragedia, acarrea como si fuese su propia cruz. Claro que la llegada del personaje masculino, quien también arrastra su propio pasado como si fuese su propia cruz, es sumamente importante para la construcción del nudo y el desarrollo de la obra, pero el universo planteado de antemano, esa sala crematoria donde la muerte circunda y acecha, es un lugar habitado bajo las reglas de dos mujeres, que son las que mandan y deciden que hacer y qué no hacer hasta el último momento. Y aquí claramente, y dada la coyuntura actual política, social y cultural del rol de la mujer, es que radica la elección del título.

¿Qué buscás en lo personal cuando escribís una obra de teatro?

En principio, que me apasione, que me cueste y que me lleve mucho trabajo. Después, que no sea frívola, superficial; que tenga algo para decir, para criticar y para proponer. Y después, creo que lo que buscamos todos, que guste y trascienda. Y sino, a seguir trabajando y desafiándose.

Juan Mako en Epecuén

Las encadenadas,  a partir del 3 de agosto, viernes a las 21 h, Abasto Social Club, Yatay 666 – CABA