Espiar mundos: la experiencia del Microteatro

0
0

Espiar significa acechar u observar con gran disimulo a alguien o a algo. Se refiere también a la pretensión de conseguir información secreta.

El atractivo de espiar parecería estar en la obtención de algo o de algún secreto  exclusivo en el menor tiempo posible, lo que se espía no se ofrece a la vista de todo el mundo,  limitación que sin duda aumenta el goce que dicho acto produce.

En E.U. son famosos los “peep shows” (peep, espiar en inglés) o gabinetes en los que una persona (audiencia) espía los juegos autoeróticos que otra persona (performer) practica, tal como aparece en la película “Paris Texas” de Wim Winders, 1984. No importa demasiado el acto de espiar en si mismo, lo que importa es lo que se obtiene de ese acto breve y exclusivo.
Algo de esto encontramos, o asociamos –quizás no muy libremente, en el espacio Microteatro Buenos Aires. De  características especiales, en Palermo, mas exactamente en Serrano 1139, se trata de un edificio con cuatro “microsalas” para espectáculos de breve duración y mínima puesta en escena. En el lugar, la planta baja alberga un amplio y agradable salón bar-comedor de iluminación suave y mesas comunitarias con jardín (calefaccionado) al fondo. Gente entre unos 25 y 40 años circula con copas y cervezas en la mano. Muy concurrido para un lunes a la noche.

En las paredes, diversas pantallas a la manera de los aeropuertos  informan, no ya  los vuelos de llegada y partida, sino el horario y nombre de cada uno de los diferentes espectáculos que se suceden en forma simultánea y continuada, ya que cada uno de ellos de unos 15 minutos de duración, se repite hasta tres y cuatro veces en la noche, entre las 21 y las 23 hs. Mientras se departe con amigos es posible consultar dichas pantallas para ir viendo el progreso de los shows y no perder el que se ha reservado. En una noche es posible asistir a más de dos o tres espectáculos, cada uno de los cuales comienza puntualmente. El publico con entrada en mano a la manera de un “boarding pass” se dirige a una escalera central desde la cual accederá a una de las 4 salas q funcionan simultáneamente.

La experiencia del microteatro parece venir de España y en tiempos de liquidez vivencial e iliquidez monetaria parece ser una excelente alternativa precio/calidad.

Nuestro espectáculo elegido es  “Ritmo y Lactancia” de y por  Charo López, un unipersonal basado en su experiencia de arribo a la maternidad.

Los integrantes del público vamos entrando en la sala 4 de dimensiones suficientes para albergar 15 o 20 personas sentadas en sillas plegables. Todo cuidado, nuevo. Lindo. Bien. Es este el modelo.

Ya en el  escenario, significativamente velada tras un tul que cumple esa función, Charo nos espera sentada, sugestivamente ataviada con fuertes colores, muy a “su” manera, a lo Almodóvar.

Nos ubicamos libremente. Desde el comienzo,  sonidos de cacareaos de gallinas y otros menos identificables dejan claramente establecido que no será este uno de esos monólogos sobre la maternidad que hablan de la lucha de las madres de clase media con las maestras, los tupperwares y los horarios. Nada de eso.

Haciendo honor a su  título, este espectáculo tiene ritmo y es “jugoso” como la lactancia misma, ya que “exprime” la vivencia del embarazo y parto con humor y sarcasmo para dejarnos bien en claro que  son las garras del patriarcado las que  nos alcanzan para asegurar la continuidad del “parirás con dolor”, que si éste no ha de ser físico (peridural?) podrá de ser moral, pero será.

Charo nos hace reír y nos hace sentir la verdad del parir hoy, para darnos cuenta de que a esas garras, tendremos que cortarles las pezuñas.

Como bien ella nos contaba luego, fuera del escenario, le tomó cierto tiempo darse cuenta que si bien su hija es el resultado más bello que pudo haber dejado su parto, la vivencia de una madre pariendo en el sistema de salud no resiste el mismo calificativo.

Si llegamos al espectáculo con la fantasía de “espiar” pequeños-grandes mundos,  partimos con la sensación de haber “expiado” algo que llevábamos adentro. Tal es la función de la artista.