Secretos ocultos

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Después del gran éxito obtenido por El orfanato (2007), y Lo imposible (2012), ambas dirigidas por Juan Antonio Bayona, el guionista Sergio Sánchez se animó a dirigir su ópera prima: Secretos ocultos (2017), en el original El secreto de Marrowbone, del que también fue su guionista. Una película del género terror, aunque se acerca más a un drama familiar, con elementos del thriller psicológico, lo que implica una historia más terrenal, afín al gótico sureño, y lejos de los elementos fantásticos o sobrenaturales.

La historia de esta maldición, que no lo es desde el punto de vista espiritual ni religioso, se centra con el arribo de una familia británica, compuesta por la madre y sus tres hijos, a Maine —lugar emblemático si los hay de las historias de Stepehen King—, EEUU, en la década del 60, que si bien le proporciona una pátina de nostalgia, también le brinda una atmósfera inquietante y desapacible.  La casa a la que llegan —abandonada, propia de los cuentos góticos— es el único refugio del que disponen para afincarse y tratar de vivir una vida tranquila lejos de una amenaza que al principio no sabemos bien de qué se trata. Están huyendo de algo o de alguien, eso está claro, y más claro se hace cuando la madre les dice a sus hijos que a partir de ese momento, ya no serán más los Fairbairn, ahora serán los Marrowbone, es decir, dejarán de llamarse con el apellido del que supuestamente están escapando: el patriarca de esa familia temerosa y víctima de un “monstruo”. El fantasma, como lo llama el pequeño Sam (Matthew Stagg). La bestia, como lo llamó en su momento la prensa sensacionalista.

Pero para desgracia de la familia, Rose Marrowbone, la madre, enferma y muere al poco tiempo. No sin antes decirle a Jack (George MacKay), su hijo mayor, que deberán permanecer juntos hasta que él cumpla la mayoría de edad y así poder hacerse cargo de sus hermanos y no correr el peligro de que los procedimientos legales por ser menores, los separen. Claro que para ello deberán permanecer aislados en la mansión Marrowbone, no separarse hasta que la promesa hacia su madre sea cumplida y, por lógica, ocultar su muerte a todos los habitantes del pueblo vecino. Pero mientras Jack va y viene al pueblo a vender pasteles y poder comprar alimentos, frecuenta a Allie (Anya Tayllor-Joy) que trabaja en la biblioteca del pueblo y a la que ya habían conocido en un paseo que realizaban por el bosque él y sus hermanos Jane (Mía Goth), Billy (Charlie Heaton) y el pequeño Sam.

Esta amenaza, verdadera maldición en términos de violencia familiar, no terminó aún. El omnipresente Fairbairn volverá para reclamar lo que es suyo, a costa de su propia estirpe.

A partir de aquí, las piezas sueltas que el director va sembrando en la primera hora del film, comienzan a reunirse con eficacia y solidez. Apelando a la técnica narrativa de flashback, hay momentos en que la acción transcurre en dos planos temporales distintos. El tono narrativo se convierte así en uno de los puntos fuertes del film. Si sumamos a ello las actuaciones sobresalientes de un grupo de actores jóvenes que ya incursionaron en películas de género como Mía Goth en La cura siniestra (2016); Charlie Heaton en la serie de Netflix, Stranger Things; Anya Taylor-Joy en esa obra maestra de terror gótico que fue La bruja (2015) y George MacKay que, si bien no actuó en películas de terror sí fue uno de los protagonistas de la nominada al Oscar Capitán Fantástico de Matt Ross, el producto final es una gran película que se va desenrollando de a poco, deshilvanando con precisión los innumerables hilos narrativos y desenvolviendo los secretos ocultos de esa familia que opta por estar unidas mas allá de todo. En este punto, hay más de un parecido a otra de las grandes películas de género como lo fue Los otros (2001), de otro director español, aunque nacido en Chile, Alejandro Amenábar.

Con un buen manejo narrativo, con las buenas actuaciones de los protagonistas y con la fotografía impecable de Xavi Giménez —El maquinista (2004), Ágora (2009) y Transsiberian (2008)—, Secretos ocultos no deja de ser una película que vale la pena ver. Si bien no hay grandes sorpresas, sí es original en cuanto a que el suspenso se mantiene con elementos mínimos: una raya trazada en el polvo del piso, un espejo gigante tapado con una sábana, viejas cartas y fotografías guardadas en baúles, un diario familiar, la falsificación de un firma o un mapache que deambula por entre las paredes de la casa son funcionales a un clima que se vuelve minuto a minuto más agobiante e impredecible. Todo recreado con una artesanía cinematográfica cuidada y efectiva. La música es engañosa en cuanto a que el clima sonoro va in crescendo para desembocar en…nada, es decir, el suspenso se disuelve cuando lo que imaginamos que va a suceder, no sucede. Apuesta arriesgada, pero que en sí misma, se aleja de los clichés del género. Algo a lo que ya había apuntado el excelente film El legado del diablo (2018), es que la casa, como elemento de protección y a la vez de amenaza, se cierne sobre todo el clan Marrowbone que convive en un precario aislamiento.

Como dice la escritora y especialista en cine Paula Vázquez Prieto: “la atracción que la casa ha despertado a lo largo de la  historia de un género como el terror es su capacidad de expresar, en términos plásticos y espaciales, la lucha constante que atraviesa el espectador entre su empatía con quienes escapan de un exterior amenazante y peligroso para encontrar en ese refugio aparente protección y armonía, y las misteriosas fuerzas interiores que convierten ese hogar en una trampa de la que ya no se puede salir.  Incluso cuando la casa implica un desafío a los miedos, la conciencia a un peligro, o el enfrentamiento con un enemigo, hay algo de contradictorio en ese camino de entrada, una seguridad que se evapora en el traspaso de la puerta, una tranquilidad que se altera definitivamente”.

Grandes planos de playas infinitas, planos cerrados de bosques exuberantes, movedizos en cuanto al retrato de pasillos oscuros y polvorientos, cierran una sumatoria de elementos para un gran debut de este cineasta español, país que en las últimas décadas está generando un cine de género de excelente factura y de gran originalidad.