Chaile y Delfino. Propuestas jóvenes en La Boca

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Meditaciones de una visitante.

 

El color de Gabriel Chaile impacta. Y eso que él busca cuidadosamente la forma a través de sus citas bíblicas, sus referencias al poder, a la música o a las matemáticas. El color que trae es de una parte de la tierra, aquella que manos hábiles usarán para hacer vasijas o ladrillos. La utiliza aquí para construir un edificio en el que los ladrillos están engarzados con alambre, “atados con alambre”, algo tan argentino. En ellos hay siete perforaciones iguales además de otras que pentagraman una música que alguien comprenderá. Se accede, inclinándose o de rodillas, al espacio interior que muestra una espléndida estructura metálica y una luz muy especial. El bajo umbral de las entradas me recordó a otros espacios, masónicos, en los que esas dimensiones obligaban a inclinarse ante la Ciencia; quizás Chaile quiera imponer un gesto de respeto hacia la Tierra. Su obra está dispuesta entre otras dos elegidas de la colección del MARCO: un huevo de avestruz en el que Berni pintó un hornero (Paisano con hornero), aquel maravilloso constructor de hogares, y una planta de León Ferrari (Rua 1980), obra en la que toma esa herramienta de la arquitectura que suele estar vacía para mostrar donde vivirán quienes la habiten y la llena de quienes transitan, comen, trabajan, usan sus baños; aquellas personas que, en un gran edificio, en una gran ciudad, en el mundo, no vemos y que viven simultáneamente a nosotrxs, esxs otrxs que raramente dimensionamos. La obra de Chaile parece vacía…pero no lo estará. Como lo suele hacer, ubica un huevo de color, color casi ladrillo, en medio del piso

Santiago Delfino presenta una instalación que gira alrededor del trigo. Trigo que en la inauguración sólo se anunciaba pero que días después aparecía creciendo entre el parquet de un piso; trigo que no está pero estuvo o estará en la hermosa tolva que lo lleve a los camiones; trigo que terminaron de sembrar o de cosechar la pareja de campesinxs que reza el Angelus de Millet; trigo que será regado por una serie de canillas hoy en desuso y trigo que llenará la cabeza de un trabajador rural que está tirado fumando mientras escucha una radio. Todo el conjunto transporta a otro espacio, muy alejado de la Boca, de la ciudad. Por algún motivo que no tengo muy claro ese personaje tirado en el piso, descansando o esperando conseguir trabajo, me recordó a Tom Joad, el personaje de John Steinbeck en las Uvas de la ira, un texto tan necesario de tener presente en estos días. La instalación de Delfino comparte sala con Julio Hilger y ambas obras, tan diferentes se llevan muy bien. En otro espacio Delfino expone también la famosa estilización de la manzana, o Apple, pero completa, antes de que Alan Turing dejara la huella de sus dientes y se creara el mito de su supuesto suicidio.

Como muestra de la vitalidad de estas muestras, en la de Chaile un perrito se encontraba totalmente a gusto circulando por ella y en la de Delfino un gato elegía dormir sobre su hombre de trigo. Mejor que cualquier crítica que se haga sobre la obra.

Chaile presenta 70 veces 7 en MARCO, Museo de Arte Contemporáneo de La Boca, Pedro de Mendoza y Villafañe; Delfino participa de Separados al nacer, en MUNAR, Pedro de Mendoza 1555.

En ambos espacios hay talleres para que artistas seleccionados lleven adelante sus proyectos, talleres que son muy interesantes de visitar cuando se abren al público.

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