Ikigai. La sonrisa de Gardel

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Tres ecos van a quedar retumbando en el espectador después de ver Ikigai, este documental que acaba de estrenar Ricardo Piterbarg. Uno, que a 24 años del atentado a la AMIA hay muchos dolores que quedan todavía por contar y muchas heridas por sanar. Dos, que la cultura es un enorme corazón que nos da vida, tal como lanza una de las frases de las tantas que transita el film. Tres: que el caso de Mirta Regina Satz artista plástica, compositora, cantante y bailarina de tango es uno, pero puede haber muchos más si pudiéramos conocerlos todos.

En primer lugar, Piterbarg presenta este trabajo como una exploración sobre la experiencia de la enseñanza del arte. Con el correr de los minutos se va adentrando en el tema de la inmigración, para después desgranar cómo surge una idea que se hace colectiva: un mural de retratos idealizados de Carlos Gardel (cada quien hará el retrato de Gardel con el que se identifique) realizados en la fachada de la casa de Regina en Parque Patricios. Por allí se cuela el tango y por allí se cuela el atentado y la destrucción del edificio de la AMIA aquel 18 de julio de 1994. El eje de la historia es Regina Satz, esta ex jefa de Tesoreria de AMIA que abandona todo para dedicarse al arte, los testimonios van girando alrededor de ella hasta abrir a otros que recuerdan concretamente el día que sobrevivieron al atentado. Ikigai es una palabra japonesa que significa “Volver a la vida”; Ikigai-film eleva una conclusión bien clara: que es posible volver a la vida a través del arte.

Para demostrar esto, Piterbarg yuxtapone y alterna creativa e inteligentemente varios momentos que se presentan como performáticos: una pala mecánica trasladando escombros dentro de un edificio en ruinas, una mujer vagando entre la nube azulada que dejan esos mismos escombros, un grupo de jóvenes revisando y limpiando objetos como libros, cuadernos, calculadoras. Existe un documental del 2005, Brigadas de papel sobre el rescate de los objetos destruidos y perdidos en AMIA.

Ikigai, la sonrisa de Gardel no es el típico documental expositivo sobre los vericuetos de un atentado que queda aún sin resolver y que trajo consecuencias políticas descomunales para los gobiernos sucesivos. Se trata más bien de un ramillete de subtemas realmente muy bien integrados que dan un costado distinto donde lo que se rescata es lo humano: el dolor, la culpa pero tambien de la alegría y la creatividad.

Tal vez no son muy felices los achicamientos de pantalla, extraídos de registros anteriores, y hay muchos, pero no afectan a un film que tiene además una bella banda sonora e instala como tema la verdadera felicidad: la de de volver a la vida después de tanta muerte.