Aurora o la gloria literaria

0
0

La intimidad que el lector desarrolla con sus escritores favoritos, nos lleva a considerarlos amigos, a creer que los conocemos, que sabemos de sus gustos y comprendemos sus pesares. Algo de eso puede haber, toda vez que alguien que escribe un texto (de cualquier índole), está mostrando algo muy propio.

En esos soliloquios con los que uno se entretiene, se imagina diversas situaciones. Algunas pueden ser muy ridículas. Como imaginárselo a Borges, cantando la marcha peronista, en alguna manifestación en Plaza de Mayo. O a Jack London trabajando en una oficina durante 30 años, sin salir de la ciudad. O a Rimbaud, jugando con sus nietos, como un apacible anciano.

Algunas otras pueden ser muy veraces, aunque nunca pudieran ocurrir. Podemos, tranquilamente, imaginarnos a Aurora Venturini con un pañuelito verde atado a su muñeca. Reclamando por el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Y si no me creen, lean y vuelvan a leer la escena de “Las Primas”, aquella del aborto clandestino. No hace falta más para adivinar la postura de la autora (porque encima te lo escribe de una forma que te morís de risa, claro si sos partidario del humor negro).

Mirá también la nota sobre el documental sobre Aurora Venturini

Sin sobreactuaciones ni fundamentalismos superficiales, la escena pura y dura (y vaya que es dura), con eso basta. Los antecedentes, el hecho y las consecuencias. Punto. Lo individual y los social condensado en forma magistral. Una vindicación femenina, desde la primera palabra hasta la última. Y todo escrito con una sutileza magistral. Una economía literaria parsimoniosa, la elegancia de lo estrictamente necesario.

Una Victoria Ocampo, Nacional y Popular. Así la describió mi amiga Kekena y es una definición adecuada. Aurora Venturini tuvo una vida increíble. Perteneciente a una familia de clase media alta, de la ciudad de La Plata, que, en los albores del peronismo, adhirió con fervor a su causa, siguiendo el derrotero de su profesión de psicóloga (trabajando en un instituto de menores). Probablemente haya habido, en su elección, un cierto grado de rebeldía contra el mandato familiar (todos sabemos que las familias de clase media alta, urbanas, suelen ser extremadamente gorilas, ahora y siempre). En cualquier caso, lo cierto es que su militancia, la llevó cerca de Eva, de quien se hizo amiga, compañera y enfermera, en aquellas tristes horas en las que la oligarquía con olor a bosta y el mediopelo con olor a perfume francés de imitación, se regocijaban del cáncer ajeno.

Luego del infame golpe del ‘55, Aurora partió al exilio europeo. Su generación era muy de viajar a París, de juntar mango por mango y llegar a tierra gala. El punto notable es, que en su estadía francesa, se hizo muy amiga de la pandilla existencialista. Sartre, Leduc, Beauvoir, Camus, con ellos compartió tertulias, cines, cenas, habitaciones, alegrías, nostalgias, traducciones y reflexiones, mientras nunca paró de escribir.

Acá la conocimos luego de que ganara un premio revelación de literatura a las 80 y pico de años. Todo parecía una broma orquestada por ella misma. Yo pude leer “Nosotros los Caserta” y “Las primas” (este último fue el que ganó el premio mencionado, auspiciado por Página 12, en el año 2007). Pero parece que esto es sólo la punta del iceberg; hay un montón de literatura venturiana dando vueltas, que promete y mucho. Algunos títulos a conseguir que me llamaron la atención: “Pogrom del cabecita negra”, “El marido de mi madrastra” o “Eva, alfa y omega”, por mencionar algunos. Ya me imagino el registro, sórdido hasta la carcajada; utilizando lo desopilante como coartada de la injusticia.

Según dice ella misma en el documental “Beatriz Portinari, un documental sobre Aurora Venturini”, realizado por Agustina Massa y Fernando Krapp: “escribí un cuento sobre este pibe, este duende que hace maravillas con la pelota, cómo se llama, ah sí, Messi”. Aviso al lector, si alguien sabe dónde se puede conseguir, por favor notifique urgentemente a quien esto suscribe. La abstinencia literaria puede ser peligrosa. Gracias.