“Nuestra obra interpela a quienes la presencian”, Romina Osle

0
0

Cabeza de globo o esa lucidez de morondonga toma como punto de partida los textos de Los montes de la loca de Marisa Wagner. El resultado es una obra que nace colectivamente y cuya dirección está a cargo de Romina Osle, actriz, directora y profesora de Artes en Teatro, graduada en la Universidad Nacional de Arte (UNA).

Romina nos habla acerca de la génesis de este proyecto y de la trasposición de un texto poético al teatro.

Actualmente hay una gran cantidad de obras de creación colectiva, ¿cómo se dio eso en el caso de Cabeza de globo o esa lucidez de morondonga?

En el caso de Cabeza de globo, se dio por la necesidad grupal de un material propio. En primera instancia, nos arrojamos a la tarea de hacer una versión libre de la obra Un viejo con alas de Melvin Méndez, pero luego de un año de exploración, el grupo llegó a la conclusión de que no le resultaba interesante el material que iba apareciendo y se decidió descartar y “comenzar de nuevo”. La frustración de lo no logrado fue menor al deseo de una obra orgánicamente nuestra. Así fue que tomamos impulso y comenzamos con las exploraciones en acción, a través de diferentes disparadores (entre ellos los textos de Los montes de la loca, de Marisa Wagner), hasta llegar a lo que hoy es Cabeza de globo o esa lucidez de morondonga.

¿Qué resignificaciones fueron adquiriendo los textos de Marisa Wagner?

¡Todas! Encontrarnos con sus textos fue fundamental porque sabíamos qué queríamos lograr, pero no podíamos ponerlo en palabras. Sabíamos claramente lo que no queríamos llevar a escena, pero no teníamos la misma claridad con lo que sí. Y con los textos de Los montes de la loca, fuimos descubriendo que, en realidad, no queríamos ocuparnos de la locura como temática, sino de la supuesta cordura que debemos “aceptar” para sostener nuestra cotidianeidad.

Esta obra es, además, una puesta en escena de dicotomías, ¿cómo se relaciona esto con el trabajo del espectador?

Todxs estamos conformadxs por dicotomías, por eso creo que nuestra obra interpela a quienes la presencian, más allá de si les gusta o no. Por otro lado, las dicotomías generan contradicción, característica constitutiva de lo teatral, y en su búsqueda direccioné el hacer. En primer lugar, buscamos que aparezcan miradas y sensaciones dicotómicas, que no se pueda optar por una sola lectura, sino que constantemente lo que aparece con claridad en un momento, luego se transforme radicalmente: desde cuál es el afuera y cuál el adentro, hasta dónde se encuentra quién mira; desde qué es recuerdo y qué presente, hasta qué se hace por elección qué por imposición, disfrazada de elección. De esta manera, fue surgiendo el espacio.

Por un lado, puede percibirse como un espacio aséptico, despojado (blanco con la presencia de un solo objeto), o puede percibirse como un espacio lleno, que asfixia, en la abundancia de ese único objeto y lo cerrado de la escenografía. La escenografía genera un límite concreto para que no se “escapen” los globos (y los cuerpos), pero varias veces, según la luz, no se ve, abriendo el juego de la no existencia de dicho límite, generando una nueva contradicción entre lo imaginario y lo real. El mismo procedimiento constituye el entramado sonoro, que busca belleza en su existencia a la vez que deviene en ferocidad y estridencia. Será, entonces, el/la espectador/a quien arme su propio mapa, según qué lectura tome al posicionarse en algunos de los múltiples lados que ofrecen las diferentes “dicotomías” (prefiero referirme a “signos escénicos”).

Vos hablás de una búsqueda de extrañamiento, ¿cuál es la relación de esa búsqueda con lo onírico o con lo surrealista?

Qué difícil responder esto. Casi que vendría a ser como el dilema del huevo y la gallina. No sabría decir si en la búsqueda de extrañar las situaciones apareció lo onírico y lo surrealista, o viceversa. Por ende la relación es estrecha, casi que se vuelven inherentes. El extrañamiento aparece como necesidad de correr las situaciones de lo cotidiano, por un lado, para volverlas interesantes de ver; por otro lado, para poder “cuestionarlas” y por último para que sean “bellas”. Lo onírico y lo surrealista aparecen en nuestra búsqueda como deseo estético y por el tipo de actuación que permiten/requieren. Se concretan en escena, en el diálogo entre lo “real” y lo “imaginario”, entre lo concreto y lo simbólico. Se volvieron clima, sensación y “mundo”. Terminaron siendo el alma de nuestra obra.

¿Qué planteos te surgieron al pensar una puesta para un texto poético?

En realidad el texto poético fue un disparador, un disparador temático más que estético. Tan así que el texto que escribimos nosotrxs por momentos se volvía muy coloquial (pagar una cuenta, hacer una compra telefónica, comer una hamburguesa, etc.), y por ello es que me encontré con la necesidad de enrarecer esas situaciones desde la forma, ya que su contenido era conocido. Y la forma que elegí es la de embellecerlas desde lo visual y exacerbarlas, desde lo gestual, por ejemplo. El planteo fue: “¿Cómo hacer bello/estético/poético algo tan cotidiano y conocido?”. Creo entonces que lo poético de Cabeza de globo o esa lucidez de morondanga reside en la puesta, no en sus textos (aunque también).

retrato Osle IIb

Funciones: domingos a las 20 h; Teatro: Espacio Gadí; Dirección: Av. San Juan 3852