Camus debe morir, Giovanni Catelli

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Giovanni Catelli es un narrador y poeta italiano que nos acerca un ensayo acerca de la muerte de Albert Camus en un dudoso accidente en enero de 1960, mientras viajaba a París en el auto del editor Michel Gallimard.

Camus debe morir reconstruye el contexto en el que se produce el accidente y relata el después, cómo se fueron atando los cabos sueltos que indicarían que el escritor francés habría sido víctima de un atentado. Catelli, por casualidad, encuentra en una librería de Praga Toda una vida, un diario de Jan Zábrana, poeta y traductor checo. Allí aparece un testimonio clave sobre la muerte de Camus. Es este, entonces, el punto de partida de una profunda investigación para buscar la verdad. En esta línea, el libro de Catelli se abre con una dedicatoria significativa: “A la memoria de Imre Nagy y Salvador Allende”, ambos víctimas de regímenes dictatoriales en Hungría y en Chile; y cierra con una frase de Jan Hus: “Pravda vítêzi”, que significa “la verdad vencerá”.

Este ensayo nos presenta las diferentes piezas que van encajando unas con otras para armar frente a nuestros ojos un rompecabezas en el que se destaca nítidamente la figura del autor de El extranjero. Catelli lo define como “un libertario pacífico, un anarquista vital; sin duda cercano a un socialismo libertario pragmático en defensa de los trabajadores”. Camus es, además, un opositor a todo régimen que coarte la libertad de los ciudadanos –“la única razón para vivir y el único pan del que nunca nos saciamos”, en sus propias palabras–, y por eso es tan crítico de Rusia y de su intervención en Hungría en octubre de 1956. También ese compromiso con la libertad lo lleva a defender la candidatura de Boris Pasternak al Premio Nobel de Literatura en 1958 por su gran novela Doctor Zhivago.

Sin embargo, es esta defensa sin condiciones y sin miedo lo que adelanta su muerte, según lo que se deduce de esta investigación de Catelli. Camus debe morir porque molesta, porque es una especie de tábano como lo fue Sócrates en la antigua Atenas, porque no calla la verdad y porque se erige en vocero de los oprimidos. En numerosos discursos, critica abiertamente a los rusos y a su “salvaje intervención” en Hungría. El 15 de marzo de 1957, pronuncia un discurso que tuvo mucha repercusión y que, aparentemente, habría sido la gota que derramó el vaso de ministro ruso Shepílov que habría ordenado en persona a la KGB que mataran al escritor, según la versión de Zábrana: “Nuestra fe es lo que está en marcha en el mundo, paralelamente a la fuerza de opresión y de muerte que oscurece la historia, una fuerza de persuasión y de vida, un inmenso movimiento de emancipación que se llama cultura y que se hace al mismo tiempo con la libre creación y el libre trabajo”.

En cuanto al estilo de Catelli, como en todo ensayo, hay una veta poética que recorre cada uno de los capítulos y que se traduce en una invitación al lector para que realice su propia reflexión acerca de lo que pasó y en una escritura cuidada con un acertado uso de recursos literarios: “Todo, para siempre, ya sucedió, y sin embargo, todavía los acontecimientos aletean sobre la escena de la catástrofe, todo parece vibrar todavía, moverse por la imperceptible trayectoria del destino (…); todo permanece todavía calcinado y suspendido por la energía de la tragedia, en la geometría invisible que conecta y une todos los mínimos fragmentos de la devastación”.

Camus debe morir nos invita a una lectura apasionante y nos habla de un protagonista, víctima de un destino trágico, pero cuya muerte no hace más que engrandecer su figura.

Camus debe morir, Giovanni Catelli, Bärenhaus, 2017, 176 págs.