Dorothea Lange: La fotografía como testigo incuestionable

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Inaugura en el Centro Cultural Borges el Jueves 19 de Julio a las 19 hs, una muestra compuesta por 100 fotografías de una de las fotoperiodistas más importantes, de  la historia de la fotografía documental.

La función moral del arte es eliminar los prejuicios, retirar la venda que impide ver al ojo, arrancar los velos debido a los hábitos y la costumbre, y perfeccionar la capacidad de percibir”.

John Dewey

Dorothea Lange fue una fotógrafa excepcional, y a la vez un testigo privilegiado de su época. El personal testimonio, muchas veces incómodo para el establishment permanece tan vivo como entonces. Su compromiso con el acto de ver estaba relacionado con una preocupación estética, y con una necesidad de implicarse en las cosas. Solía decir, entre sus innumerables frases que: Un retrato era una lección sobre como debería abordar un ser humano a otro. El objetivo de sus trabajos fue la comunicación, pero no usada exclusivamente para convencer, sino en todo caso para educar, tanto la agudeza visual como la social. Este corpus, como todos arbitrario que mostramos hoy, fue en su mayoría hecho a pedido por el Gobierno de los EE.UU, a modo de documento. En un momento en que este elegía el camino de una democracia, no sólo política sino económica. En este sentido su figura de fotógrafa se encuentra asociada a ella. Porque lo que más influyó en su obra fue su contexto histórico. De esto se deriva su repercusión política, aunque su mayor ocupación haya residido en estimular el placer de la vista. En descubrir la belleza  aún en esos rostros desesperanzados, que hacen que el concepto de lo <documental> sea tan aplicable a la historiografía académica, como a la fotografía. Lo cual connota la idea de mostrar la verdad y fomentar la justicia. Ella creía firmemente, en la dimensión ética de esa verdad que buscaba. Como consecuencia, el uso de la cámara estaba pensado como una estrategia para expresar la conciencia interior. Y porque la mayor vivencia de la cultura, no casualmente, la obtuvo de su condición de paseante por la ciudad, de “flaneur”, en el sentido baudelariano del término. Allí aprendió a ejercitar lo que sería el más poderoso de sus músculos: el ojo. Esa era para Lange la herramienta más poderosa, porque estaba convencida, de que vemos con todo nuestro ser y nuestra cultura. Por lo que su trabajo, más que dar respuestas, generaba preguntas. Y ese es su costado más conmovedor: El de la puesta en duda. Aunque estas fotografías documenten el dolor y la miseria, por otra parte nos recuerdan, que es posible encontrar belleza en los lugares más inesperados, y que tenemos que aprender a ver más allá de lo previsto. Es posible, que las fotografías de Dorothea Lange nunca hayan tenido una relevancia de tanta inmediatez como ahora. No solo en relación a la pobreza, al sufrimiento o a la intolerancia que sufre el mundo. Sino por que su mirada subvertía las creencias del estereotipo femenino de la época. Sus mujeres son madres, fuertes, y poderosas, adelantadas a su época. Y eso habla de la inmensa sensibilidad con que supo captar una necesidad de cambio, en un momento dominado aún por el razonamiento patriarcal.

Algo sobre su vida

Dorothea Lange es considerada una de las grandes fotoperiodistas de la historia de la fotografía documental. Nace en Mayo de 1895, en Hoboken, Nueva Jersey. Su ascendencia familiar era germano-americana, y sus padres hijos de inmigrantes alemanes. Su padre Heinrich Nutzhorn, estudia en el Northwestern College de Watertown, Wisconsin, regresa a Hoboken en 1891 y abre su buffet como abogado. En 1895 se traslada con su familia a  Weehawken, una zona que nace como lugar de vacaciones para los neoyorquinos ricos. Dorothea creció en un ambiente donde se le daba valor a la literatura, la música y la educación. A los siete años contrae poliomelitis. La vivencia que tuvo de la enfermedad estuvo condicionada por su carácter innato,  lo que la llevó a intensificar su autodisciplina, y su independencia. Más tarde, agradecida por los efectos que esta tuvo en su vida solía decir: [Fue] lo más importante que me sucedió, y me formó, me guió, me instruyó, me ayudó, y me humillo”. A los 12 años sus padres se separan. Toma el apellido de su madre como propio. Éste fue otro de los traumas que debió superar. En 1907 su madre Joan Lange decide irse a vivir con su hija a New York. Allí cursa la Secundaria en la Intermediate Public School 62 del Lower East Side, y continúa sus estudios en Arte, en la Universidad de Columbia. A posteriori trabaja para Arnold Genthe y Clarence Hudson White. Entre sus amigas estaban Louisa May Alcott, Elizabeth Barret Browning, Emma Goldman y Doris Lessing. En 1918 se muda a San Francisco y abre su propio estudio de  retratos. Conoce al muralista Maynard Dixon, quién sería su esposo y padre de sus hijos. El primer acercamiento real a la fotografía documental se produce en la década del 20, cuando viaja con Dixon por todo el suroeste de su país, fotografiando nativos americanos. Con la embestida de la Gran Depresión, en la década del 30, comienza a fotografiar lo que estaba pasando en la ciudad. Sus estudios de desempleados y gente sin hogar son imágenes que fueron valoradas por numerosos fotógrafos, entre ellos Paul S. Taylor, el que será su segundo marido. A posteriori es invitada por Roy Stryker para participar en 1935 en la Resettlement Administration, que en 1937 pasa a denominarse Farm Security Administration. Durante 5 años la pareja viaja documentando  el rostro del hambre en las zonas rurales del país, donde miles de pequeños agricultores abandonan sus tierras. Juntos realizan  un documental  sobre la explotación de los trabajadores inmigrantes. En 1941 Lange recibe el premio Guggenheim Fellowship por la excelencia en fotografía. Después del ataque a Pearl Harbor registra a pedido de la (OWI) la evacuación de los japoneses estadounidenses a los campos de concentración de la costa oeste de EE.UU. Sus fotografías, donde adolescentes y niños presentan honor a la bandera antes de ser enviados a estos, es uno de los terribles recuerdos de las políticas de detención de personas., sin poder de defenderse Aunque en las dos últimas décadas de su vida su salud se complica considerablemente, ella se mantiene activa. En 1952 Lange fue cofundadora de la revista Aperture. Trabaja para Life, viajando por Utah, Irlanda y el Valle de la Muerte. También acompaña a Taylor a Pakistán, Corea y Vietnam, entre otros lugares, hasta el 11 de octubre de 1965, donde muere de cáncer a la edad de 70 años. La historia de vida de Dorothea Lange que reúne talento, inteligencia y visión crítica, nos obligan a reescribir una parte insoslayable de la Historia de Estados Unidos en el siglo XX.

Mirá también la nota sobre Dorothea Lange, de Guadi Calvo en Leedor.com