“Creo mucho en la capacidad que tiene el inconsciente para contar historias que jamás pensaríamos”, Paula Giglio

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Al final de la entrevista, la poeta Paula Giglio me cita una frase de Marechal presente en el Adán Buenos Aires  que  ejemplifica perfecto la nostalgia preciosa y simple que la  lleva a pensar en la ciudad: “El que no ha escuchado la voz del Río no comprenderá nunca la tristeza de Buenos Aires. ¡Es la tristeza del barro que pide un alma! ¡Es el idioma del Río!”.

Paula Giglio nació en Córdoba y es Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba. Es autora de los libros de poesía Ella, naturaleza y En el cuerpo. Su reciente libro de poemas Un lugar para mis piernas largas –editado por Caleta Oliviasorprende desde lo temático hasta lo estilístico; revelando más que una poeta, a una mujer que es hablada por la poesía. O como señaló Fabián Casas: “Un lugar para mis piernas largas es el derrotero poético de una iluminación civil”.

¿Cómo surge el libro Un lugar para mis piernas largas?

En el año 2015 me mudé a Buenos Aires desde Córdoba, ciudad en la que nací, crecí y estudié. Siempre había querido vivir en la Capital, era un poco mi meca, y finalmente las circunstancias me favorecieron para tal fin. Este libro comienza a gestarse durante mis primeros meses en la ciudad y continúa escribiéndose durante los dos años que siguen (como verás, me tomo mis tiempos para publicar). Por supuesto, la óptica y las impresiones sobre Buenos Aires fueron mutando desde aquel comienzo hasta ahora, por lo cual me resultó difícil lograr que el libro respirara un mismo “tono” en ese sentido, o que en todo caso fuera viéndose el desarrollo progresivo y el acercamiento cada vez más familiar por parte de “la voz poética” del libro a la gran ciudad. El porqué del título se debe a que, al contrario de lo que se piensa muchas veces respecto de la gente del interior, en Buenos Aires siempre me sentí “como pez en el agua”, y siento que incorporé  la idiosincrasia porteña con excesiva naturalidad.

Cuándo hablás de idiosincrasia porteña, ¿ a qué te referís desde tus sensaciones más inmediatas?

Pienso en el ritmo de la gente, la velocidad con la que caminan, proyectan cosas, tienen una idea y la llevan a cabo… Me acuerdo de la curiosidad y también fascinación que me provocaba, ni bien comencé a tener un día a día cotidiano en Bs As, ver a la gente en el subte leyendo o viendo un video, o subrayando sus apuntes con un resaltador; cada cual estaba en la suya, casi como si estuviera en su casa, aprovechando cada segundo libre para meterle pilas a sus proyectos. En Buenos Aires siento que todos se vuelven profesionales en lo que hacen, en parte por esfuerzo y amor, y en parte porque hay algo colectivo, muy grande, que empuja a todos a hacer eso

“No estoy sola/ hay un montón de extraños que tienen prendida/la luz de su casa”, escribís en uno de los poemas del libro

 Esa fue, por ejemplo, una de las primeras cosas que sentí ni bien vine acá. Al principio, uno se siente muy solo en una ciudad tan grande, donde justamente la contracara de esa, pongámosle, “virtud” que mencionaba en la respuesta anterior, es esto del individualismo. Cada cual en la suya y eso es buenísimo, pero a la vez cuesta introducirse en los mundos que ya están construidos. A la vez, “en el mundo de los edificios” hay tanta gente viviendo sola… Y llega un momento en donde un poco sabés la rutina de tus vecinos y ellos conocen la tuya, y entonces hay una extraña hermandad entre desconocidos que me resulta muy agradable

No hay un mención directa a tu ciudad natal; pero sí cierta extrañeza a Buenos Aires. Algo así como una mirada adánica. Y es justamente desde ese lugar que nace lo más singular de tu poesía

El hecho de que nunca se diga el nombre de la ciudad “original” no es arbitrario. Casi como si por nombrarla, cobrara fuerza de nuevo. Uno establece relaciones con los lugares que habita, como si fueran personas, y a veces es mejor no mirar atrás y descubrir lo nuevo que elegimos transitar sin arraigo, sin prejuicio, solo quizás con algún destello de lo que fue en la tonada…

Un lugar para mis piernas largas lleva unas palabras de Fabián Casas. ¿Opinás que la creación literaria es un hecho colectivo más que individual?

Depende. Digamos que si pienso en una cuestión netamente metodológica, creo en la soledad y en el silencio para escribir, porque creo que es un poco como romperse, abrirse y dejar que salgo eso que no siempre vamos a querer mostrar. Clarice Lispector decía algo así como que escribir era caerse en un pozo. Después están las estéticas de una época, los movimientos culturales en donde sí, claro, uno tiende a agruparse con aquellos con quienes mejor empatiza. Las diferentes poéticas se buscan y es inevitable sacar un factor común; de repente, me encuentro diciendo que mi poética va más o menos por el lado de la poesía objetivista, línea que transitó Fabián junto a otros poetas en la década de los 90.

¿Cómo nace un poema en vos?

Todo el tiempo estoy anotando ideas, a veces directamente versos que sé que van a ir así, pero es raro que me siente a escribir un poema completo. Creo mucho en la capacidad que tiene el inconsciente para contar historias que jamás pensaríamos. Cada tanto, miro todo eso que tengo anotado y es ahí cuando empiezo a ver interrelaciones y la cosa entra a cobrar sentido. Así me doy cuenta de que estoy escribiendo sin querer un libro.

En Un lugar para mis piernas largas no solamente está la extrañeza frente a una ciudad que parece desbordante sino también la presencia de un “otro” que se materializa en el deseo de conocer; pero por algún motivo la comunicación se esconde en el acto poético.

Sí, siempre hay un otro que está ahí para equilibrar las situaciones. Algo “muy libriano” me tienta decir, ya que el cambio de ciudad y de vida resulta abrupto, si bien es algo deseado, y entonces una primera forma de comenzar a conquistar la ciudad es conquistando a un otro-persona. Creo que persiste esa personalidad más introvertida, la chica que “mira hacia otro lado” cuando tiene que comprar preservativos en el chino, como algo más metafórico que otra cosa, en el sentido de resaltar “eso que le queda”, aquello que aún no soltó en el mar Buenos Aires por cierto apego lógico a lo anterior. Claramente, es algo irreal. Una chica del interior se avergüenza o no de las mismas cosas que una chica de Capital; no va por ahí. Pero es el deseo, dentro de la poesía, de conservar algún elemento rápidamente identificable que lleve a esa otra vida, ese otro mundo, esa otra ciudad de la que viene el personaje.

El escritor Isidoro Blaisten decía que le tenía miedo a la poesía porque conduce a la locura. En vos, ¿adónde conduce la poesía?

La poesía, el arte en general, tranquilamente puede llevar a la locura. Suena cliché cuando hacemos este tipo de afirmaciones, como si un empleado de fábrica que trabaja doce horas por día no corriera, de repente, el mismo riesgo. Son maneras distintas quizás de pasar por el borde de lo mismo. La poesía y la literatura a mí a veces me arrinconan. Como me dijo una vez el escritor Iosi Havilio, “escribir es crear mundos”. De ahí al éxtasis hay tres paradas, y a la locura, también. Yo siento una especie de enajenación en algún momento del proceso creativo, en donde ya la obra quiere ir sola y no tenés que darle más la mano para cruzar la calle. Y ahí me sobreviene un tremendo respeto por lo que ese poema o todo ese libro en conjunto quieren. Me corro del medio y ya no es “pongo este verso así porque me gusta” o este poema va antes que este otro por alguna otra razón que yo, autora, considere… Tiene más que ver con un escuchar, intuir, mimetizarse con esa voz que si bien fue construcción mía, ahora ya habla sola. Y es hermoso sentirse un medio de la propia creación. Ni hablar cuando ya publicaste y el libro empieza a girar por lugares y personas que ni te esperás…

La tapa de Un lugar para mis piernas largas está bellamente ilustrada. ¿ Fue una elección tuya la ilustración?

Así es. La tapa es una acuarela de una gran amiga mía, Elena Lubián, que cuando no está en el consultorio en actitud lacaniana, se dedica a pintar maravillas como la tapa del libro. Fue muy loco, porque justo cuando la llamé para preguntarle si quería pintar a Buenos Aires desde el río, me dijo: “Paulita, estoy pintando una serie que se llama Buenos Aires desde el río”.

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