Crítica genética: Borges y sus manuscritos.

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Exclusivo desde Córdoba, Argentina

El 7 de junio de 2018 tuvimos el honor de recibir en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Facultad de Filosofía y Humanidades, al crítico especialista en la obra de Jorge Luis Borges, Daniel Balderston, invitado por la cátedra de Literatura Argentina III de la Escuela de Letras. La conferencia, “Palabras desplazadas y mutiladas” en torno al cuento “El inmortal” y otros manuscritos de Borges.

Daniel Balderston nacido en Estados Unidos se dedica a los estudios latinoamericanistas, como los designan en su país, y estudios de género, es un crítico especializado en Borges reconocido a nivel mundial. Dirige en la University of Pittsburg el “Borges center”, el centro más importante de investigación dedicado a Borges, y las revista que publica los trabajos más destacados en torno a él, “Variaciones Borges”, la cual comenzó en Dinamarca, pero actualmente funciona allí. También, traductor, tradujo Respiración Artificial de Ricardo Piglia al inglés.

Para nosotros, estudiantes de literatura en grado, su visita es de suma importancia pensando en el mundo nuevo de posibilidades que nos presenta, una nueva ciencia, poco conocida en Argentina, denominada “crítica genética”. Nos abre nuevos panoramas respecto al trabajo académico y la investigación de nuestro área de estudio. Además, de acceder a otras maneras de conocer, formas de tratar un texto y, especialmente en mi opinión, resignificar el trabajo de escritura.

La crítica genética comienza en Francia en los años ‘60 y ‘70, consiste en el estudio minucioso de los manuscritos de un autor y una obra, los cuales dan cuenta de la evolución de un escrito, los procesos de construcción del texto y los mecanismos utilizados por el autor. Además, el trabajo de escritura que varía en sus características de escritor a escritor, particularmente, Borges, nos cuenta Balderston, trabaja con un sistema cerrado de citas, sistema de referencia bibliográfica que va formando paralelamente a la obra en los márgenes de la hoja. Asimismo, al desarrollarse un texto, se forma una idea nueva, una creación, algo que antes no existía y que significa la construcción de un elemento nuevo en la red de saberes, conceptos y asociaciones conocidas o consideradas en un universo como puede ser el literario, por lo tanto, estudiar su devenir significa investigar la estructura del texto, las distintas fases por las que pasa antes de convertirse en la obra que conocemos.

Con un castellano matizado por su acento estadounidense, Balderston nos cuenta que a pesar de dedicarse hace 40 años al estudio de la obra de Borges, y siendo que trabajó a diferentes autores como Onetti, Saer  y Silvina Ocampo con este tipo de crítica, recién hace 10 años decidió estudiar los manuscritos de Borges con el método de la crítica genética. La razón, explicó, es que, en primer lugar, es un autor muy versátil, muy estudiado y sobre todo muy aclamado y reconocido, por lo que su obra literaria se encuentra dispersa, a diferencia de los primeros estudios en la academia francesa donde poseían todo el corpus de los escritos de los autores que estudiaban. Además, existe un gran fetichismo alrededor de la obra de Borges, los coleccionistas o privados que poseen ejemplares son muchas veces sumamente reservados con ellos, por lo que se dificulta el trabajo del investigador. Y un trabajo científico especializado termina dependiendo de tocar puertas, inspirar confianza a los propietarios y ser parte de un juego de tensiones entre los diferentes intereses. Acentuando este problema, el valor monetario de los papeles de trabajo de Borges es, a causa de lo que venimos contando, muy alto.

Este año, nos cuenta Balderston, “mi universidad compró uno a un precio altísimo, la universidad de Virginia posee entre cuarenta y cincuenta y otras universidades dos, tres o cinco”. Una vez, sigue contando anécdotas, “había una exposición de manuscritos entre los cuales había uno de Borges, pero al segundo día el coleccionista decidió quitarlo, porque consideraba que el valor simbólico y cultural supera en demasía a los demás manuscritos exhibidos”. Otra vez, “me tocó ir a una casa donde tenían un escrito de Borges y en el living me encontré con un cuadro casi tamaño real con el retrato del autor y una copia de una hoja del escrito”.

Pasando propiamente a su trabajo como crítico e investigador, lo primero que llama la atención en los manuscritos de Borges es la letra imprenta mayúscula, desprolija escrita renglón de por medio para tener la posibilidad de hacer cambios y modificar cada frase. Muchos de ellos usando un cuaderno de contabilidad, en el cual dejaba el “Debe” libre, margen izquierdo de la hoja, que utilizaba, como dijimos en un principio, para anotar citas y fuentes, además, por la numeración de las hojas sabemos que no publicó en orden las obras ni respetaba la primer estructura de un texto. De todas maneras, para Borges no hay textos cerrados, conscientemente deja marcas de esas incertidumbre en sus textos ya terminados, los cuales siguen siendo susceptibles a cambios. Esto último lo vemos en las diferentes versiones que publica de las mismas obras, algunos textos que modifica y luego vuelve a publicar sin esas modificaciones, demostrando que, quizás, las modificaciones pueden o no ser mejoras, demostrando así que no cree en la perfección de un texto cerrado. No sólo sus manuscritos son caóticos, sino que más que pensar en la noción de inspiración de la cual es producto un cuento, pensamos en el trabajo constante que lleva a modificaciones de modificaciones, palabras quitadas y vueltas a agregar, la noción de un texto que se hace en sus versiones y nunca está terminado. A veces los cambios solo eran para él, no los publicaba, a la manera de un juego; entre ellos reescribió su primer libro de ensayos del ‘25 pensando en reeditarlo, pero no lo hizo. Con todo esto, como nos explica Balderston, podemos ver cómo se burlaba de la idea de perfección y del concepto de él mismo como escritor nacional, situado en el pedestal de la literatura argentina. En este sentido, también, es que es un escritor de fragmentos y no totalidades, sin embargo, ellos aluden muchas veces a totalidades que se pueden imaginar.

La charla, como su expositor la denomina, “Palabras desplazadas y mutiladas” trabaja alrededor de un concepto de Borges que sirvió para estructurar la conferencia y dar cuenta de lo que quería exponer, “Palabras, palabras desplazadas y mutiladas, palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos”. Como nos explica el crítico, los diferentes manuscritos ayudan a descubrir reflexiones de Borges que nos costaría dilucidar sin ellos. El sistema de citas en los márgenes de sus obras que nombramos en un principio, no sólo está construido por las citas que utiliza, sino por las que deja de lado o reutiliza en otro momento, en otra obra o en la misma, además, trabaja con varias traducciones de escritores extranjeros, por ejemplo, observamos en un margen, proyectada en una pantalla una hoja de un manuscrito, una cita de Goethe traducida de tres maneras posibles, las cuales son, a su vez, tres posibilidades que surgen de una misma idea, de una sola frase.

El manuscrito de “El inmortal” está por partes tachado, especialmente, las fechas que son modificadas, hay también tachones negros que no dejan ver lo que se corrigió. Se puede observar, que cuando no le gustaba la idea que estaba desarrollando, pasaba a la siguiente hoja dejando en blanco el espacio que le restaba. De todas maneras, en Borges queda flotando siempre la idea de que nunca se sabe si hay un borrador más, tal vez, una punta que fue la que continuó para escribir un texto, un papel escrito con una llamada lluvia de ideas, que puede ser el primer atisbo de una gran obra. De la obra Evaristo Carriego, único libro pensado como tal, se encontró un primer manuscrito muy caótico, un segundo a la manera de lluvia de ideas, posibilidades tentativas, y luego una estructura ya formada de cómo va a ser.

Ya sobre el final del encuentro, entre las intervenciones de los oyentes, se preguntó si se produjo algún cambio desde la ceguera progresiva y luego total del autor. Referido a esto, Balderston contó que en una de las entrevistas que Borges dió, dijo que, a causa de su ceguera, iba a dedicarse a producciones más simples, siguiendo una corriente más tradicional sobretodo en sus poemas, pero lo cierto es que su madre, a quien le dictó muchos de sus cuentos, escribía, tachaba, sacaba flechas y agregaba datos, por lo que, nos explica Balderston que “podemos pensar que su método de escritura no se vió modificado, pero sí, podemos decir, que disminuyeron la cantidad de citas eruditas en los márgenes”

Como conclusión, escuchando a un gran estudioso e investigador conocemos un Borges que publica en su vida de escritor unos 2.700 textos, los cuales cada uno de ellos significan un trabajo consciente, donde las palabras que quedaron pueden o no ser las definitivas, y que son justamente las que quedaron entre otras que fueron desplazadas, mutiladas. Borges parte de dudas, nociones que luego investiga, confirma o rechaza. Como dijimos, a pesar de la necesidad de trabajar con todo el corpus de manuscritos de un autor y una obra, se sabe que con Borges no va a ser posible, por tanto, siempre se va a partir de fragmentos. Pero conociendo el carácter fragmentario de su obra, el diálogo constante y yuxtaposición de diferentes épocas, estéticas y tradiciones, pareciera que la dificultad de su estudio funciona según las mismas lógicas del mundo borgeano, y más que ser contradictorio es relevante y constitutivo de él. Finalmente, el aporte de la crítica genética y su lema es estudiar el texto como proceso y no producto, pensando en la noción de texto infinito, abierto, y cargado de sentidos; el panorama de resignificaciones se va abriendo cada vez más.