Cine Colombiano en Buenos Aires: Amazona

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Comenzó el primer festival de Cine Colombiano en Buenos Aires, cuya conferencia de prensa de inauguración tuvo lugar en el Centro Cultural San Martín. Codirigido por Mónica Castellanos y Daniel Saldarriaga, producido por Lara Proelss, Edgardo Bechara El Khoury y Christian Mouroux, quienes tras sus palabras introductorias dieron a pie a la proyección del largometraje Amazona.

Más de 60 mil colombianos aproximadamente residen en la ciudad de Buenos Aires. El número es impreciso, como lo es también la cantidad de estudiantes de cine provenientes de Colombia en nuestra ciudad. Basta aclarar que en la gran mayoría de las producciones nacionales hay algún integrante cafetero en el equipo técnico o de producción. La industria cinematográfica colombiana ha crecido exponencialmente en este último tramo de su historia. La mitad de los largometrajes que se han realizado en ese país fueron concebidos en los dieciocho años de este siglo. La circulación de películas colombianas en el festival es otra evidencia que valida esta afirmación, pero, como afirmaban los directores, el alto nivel en calidad y cantidad de la producción no es equivalente al débil respaldo recibido por los espectadores. No existen allá salas dedicadas a exhibir filmes locales, como sucede en nuestro país con los espacios INCAA. Las salas de exhibición son, casi en su absoluto, de índole comercial.

Antes estas sentencias queda clara la necesidad de conformación de un espacio de alianza entre los ámbitos cinematográficos de Argentina y Colombia. Si en su propio país la plataforma de difusión de producciones locales es inocua, nada mejor puede suponerse del consumo argentino de cine colombiano. El festival, entonces, surge a partir de la necesidad de expandirse; la cantidad de habitantes colombianos en Buenos Aires puede ser virtualmente un público consumidor del cine de su país de origen. Para nosotros, los argentinos, también es una oportunidad de acercarnos a echarle un vistazo a las nuevas miradas del país latinoamericano. Las intenciones por parte de la comisión organizadora del festival son nobles y necesarias. Ojalá que este encuentro sea el primero de una larga saga de eventos anuales donde el cine colombiano visite Buenos Aires.

Aparte de la programación oficial del festival no menos importante es la retrospectiva a un cineasta antologico, Luis Ospina. El caleño cuenta con la virtud de haber sido un cineasta que atravesó en continuo diferentes etapas de la historia -tanto cinematográfica como cultural- de su país y siempre estuvo ahí para testimoniarlo. Realizó algunas ficciónes pero mayoritariamente documentales, como Agarrando Pueblo, quizás su película más importante a nivel histórico. El sábado, como actividad paralela a la proyección de filmes, se realizará un taller sobre “MUJER, IMAGEN E INDUSTRIA”, en San Martín. Dividido en dos bloques (de 9.30 hs a 13 hs y de 14 hs a 17.30 hs) se trabajará la representación de la mujer en el cine argentino y colombiano y su rol en la industria cinematográfica con un panel de expertos en la materia, analizando las nuevas producciones surgidas en Colombia y Argentina con la participación del público. También se realizará el FORO DE COPRODUCCIÓN COLOMBIA Y ARGENTINA, con el objetivo de fortalecer la creciente cooperación audiovisual y cultural argentino-colombiana, el 5 y 6 de julio en El Cultural San Martin. Está dirigido a proyectos en desarrollo y posproducción que tengan el potencial de ser llevados adelante como coproducciones entre la Argentina y Colombia.

La película que se proyectó tras la conferencia fue Amazona, dirigida por Clare Weiskopf. Una mariposa posándose sobre sobre unas plantas amazónicas son las primeras imágenes de este documental en la que la voz en off de la directora habla acerca de las decisiones existenciales que el ser humano toma en la vida. Su mamá, Val, una inglesa que emigró de su país al amazonas, eligió vivir una vida nómade. Las decisiones que tomó a lo largo de su vida siempre tuvieron como eje el placer personal por sobre las necesidades de sus hijos Clare y Diego. Amazona es un retrato de Val por parte de su hija, pero es también de alguna manera una film autobiográfico en el que la directora exterioriza y exorciza sus traumas personales, indagando a fondo en lo más profundo de su infancia y del Amazonas, en una etapa tan paradigmática en su vida como su primer embarazo.

El mérito de Amazona es que en ningún momento la película clausura el interés del espectador. Los documentales personales, en los que se testimonian las personalidades de la madre, el padre, el/la hermano/a, pueden volverse poco interesantes para un sujeto externo a los vínculos familiares. Amazona no se sume en el tedio de la autorreferencialidad y, en su lugar, explota los polos de interés que despiertan el devenir de una mujer cuyos hábitos de vida nómades exceden a lo habitual. Las idas y venidas de Inglaterra a Colombia tuvieron como causa y consecuencia dos parejas masculinas y cuatro hijos -dos mujeres y dos hombres-, cuyas crianzas inestables condujeron a una adolescencia o adultez problemática.

Combinando diversos registros de cámara, para hablar de Amazona no se puede soslayar otro protagonista de la película: el Amazonas. Planos aéreos del río atravesando la selva, la figura de Val, de Diego, de Clare en medio de ese ecosistema tropical, configuran la humedad de la película. Las condiciones abrasadoras de la selva son, de alguna manera, los principios en que los se basa Weiskopf para erigir el relato. Amazona conjuga voces y sonidos ambientales, testimonios a cámara y luego en clave poética para el off, fotos de archivo como registros caseros y digitales; para dar forma a una película que adopta las curvas de la cuenca del río, pero que nunca empaña la sensibilidad de una directora que filma desde su corazón.