“Hay que perder la solemnidad en el camino a las adaptaciones”, Patricio Ruiz

0
0

Patricio Ruiz es dramaturgo, director, actor y poeta. Recibió varios premios, estudió en la EMAD (Escuela Metropolitana de Arte Dramático) bajo la dirección de Mauricio Kartún, y como actor entrenó con Pompeyo Audivert, Mirta Bogdasarian y Ricardo Bartis, solo por mencionar una parte de su biografía.

Todos los viernes a las 21, se puede ver Un pájaro cualquiera, una adaptación de La gaviota, de Anton Chéjov, una obra que habla del teatro, pero también de cuánto nos cuesta disfrutar. Charlamos con Patricio que nos cuenta desde el momento en que la obra fue gestada.

Esta versión de Un pájaro cualquiera es fruto de un proceso de creación, ¿en qué consistió ese proceso?

Un pájaro cualquiera es el resultado de varias exploraciones. Por un lado, un trabajo de escritorio que empezó en la Ciudad de México en el taller de Fernanda del Monte y luego continuó en Buenos Aires en el marco de Panorama Sur 2015. Por otro lado, la obra, que estaba incompleta, llegó a manos de las actrices y del actor para un festival de escenas breves (Divinas Glorias) en el que nos acercamos a una primera prueba escénica del material en la primera mitad del 2017. A partir de este encuentro (y las ganas de seguir trabajando juntxs), empecé a desarrollar la obra en su versión actual que, al contrario de lo que se suponía en un comienzo, sucede sin saltos temporales, en el rato que dura el encuentro entre estos tres seres con formas muy disimiles de concebir el teatro y que, a su vez, lo están haciendo juntxs.

A partir de la lectura de La gaviota de Chéjov, ¿qué te llevó a la escritura de esta obra?

Fueron varios los factores que me llevaron a establecer un vínculo con La gaviota. Quería hablar de una actriz sin experiencia que cae en la casa de viejas glorias teatrales y por eso sentí que Nina, en su condición de prócer del teatro independiente, tenía el monólogo perfecto para que Blanca, actriz consagrada venida a menos, publique en “el anuncio que sale en internet” y que hace que Cecilia (nuestra Nina) llegue a su casa. Además, por esos días había leído una conferencia de Angélica Liddell sobre La gaviota que me dejó pensando mucho en las miserias de lxs artistas y los sistemas de producción en los que el teatro se manifiesta. Así es que entró La gaviota y no quiso salir. De a poco Lucio, el director de teatro oficial que tuvo una desgracia con suerte, ese pum en la cabeza, empezó a transformarse en una lectura muy libre de Treplev, y como quien no quiere la cosa ambas obras se fueron abrazando. Quise ahondar en esa idea de desequilibrio constante que sobrevuela el texto de Chéjov, en esa incapacidad de los personajes por hacer lo que verdaderamente les da placer, en esa búsqueda constante de reconocimiento que no es más que las ganas de ser amado y confunden con reconocimiento. Hay algo de eso muy presente hoy. Las redes, las concepciones de amigo a partir del Facebook, una especie vaciamiento y nuevo refill de las palabras. También tenemos un teatro independiente que, como Nina describe, es un espacio de militancia y autogestión en el que la prueba y experimentación son el goce; existe una genuina angustia creativa por nuestras creaciones y muchas veces se la lleva a una idea de sufrimiento, como si hacer teatro fuera sufrir, y de eso también habla Un pájaro cualquiera, de esos detenidos en los camarines de hace treinta años atrás.

Esta obra de Chéjov, en particular, es una de las más adaptadas y resignificadas por diferentes dramaturgos, ¿por qué creés que cada tanto se vuelve a ella?

Creo que un poco lo que te dije antes vuelve a la obra de Chéjov contemporánea y por eso se sigue haciendo. Porque no solo habla de quienes hacen el teatro, sino también de la necesidad de ser amadxs, de ser reconocidxs en el amor. Porque en esta comedia de personajes burgueses hay un paisaje hermoso al alcance de la vista y sin embargo, con todo ese tiempo que les sobra, no pueden alcanzarlo. Y es en ese atornilladxs al suelo que existe un patetismo que roza la ternura. No permitirse disfrutar: algo muy particular de la condición humana.

¿Cómo surgió la idea del cruce con el cine y la televisión?

Cuando llevo el texto a la escena, el lenguaje que más me interesa tiene que ver con la sitcom. Me gusta pensar que Chéjov escribió una sitcom del siglo XIX; que mientras discutía con los simbolistas les plantaba una gaviota tan vacía como rellena de significado y se reía de su condición de teatrista, de lo triste del ego. Una de las referencias que les di siempre a lxs actores es The Nanny, serie de la TV estadounidense, serie noventera que duro seis años y pasaban por Telefé todas las tardes y que habla de una generación, como habla Friends, Los Simpsons, Seindfeld, entre otras, y que por eso también necesitaba de sus recursos formales.

En tu propia experiencia, ¿qué hay que priorizar a la hora de adaptar una obra?

A la hora de adaptar un texto creo que es importante saber cuánto de eso que está sonando en la obra tiene que ver con lo que unx está orquestando. Hay que estar abierto a la sorpresa de nuevas lecturas y sobretodo atentxs a qué ejes tienen que ver con el tiempo y lugar en presente. Hay que perder la solemnidad en el camino hacia la adaptación (siempre me da miedo la zona museológica en la que puede terminar una adaptación), saber que el texto es un soporte, así como todo lo que interviene en un espectáculo, y que todo muta, nada está cerrado para siempre. Hay que saber que textos como La gaviota están vigentes porque todavía no hemos podido alcanzar ese paisaje que tanto vemos y sin embargo acá seguimos atornilladxs; que están en el imaginario colectivo y que, como a un chicle, uno puede estirar, por ejemplo La gaviota, hasta transformarla en Un pájaro cualquiera.

Viernes a las 21 h; Teatro Del Pueblo, Av. Pres. Roque Sáenz Peña 943 (CABA); Entradas: 250 $ / 220 $ descuento a estudiantes y jubilados.