La ira de Narciso, Sergio Blanco

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La ira de Narciso tiene que ver con el teatro posdramático y la autoficción que es lo contrario de la autobiografía y no implica pacto de verdad; es una variante del biodrama. Existe en esta pieza una tensión entre la ficción y la no-ficción. La autorreferencia es constante y el artificio es evidenciado: la ficción se cae y el espectáculo habla sobre sí mismo. Hay una oposición entre teatralismo y realismo y en este caso, gana el teatralismo donde hay una convención consciente.

Gerardo Otero se presenta a sí mismo; no hay representación. Sergio Blanco, autor de la obra, introduce elementos de su biografía en la historia. Hay una conferencia sobre el mito de Narciso y la mirada, una habitación de hotel en Liubliana con manchas de sangre, un crimen misterioso y una pasión desenfrenada. Varias puntas que el espectador tendrá que unir para sacar conclusiones. Otero maneja con notable destreza no solo el oficio de actor, sino todas las cuestiones técnicas de proyecciones y luces de las que debe ocuparse.

Hay una tesis: que el artista con su mirada transforma la realidad y la inmortaliza. Además, en esta búsqueda del artista por encontrarse a sí mismo, él encuentra a otro. Las intrigas se sumarán en esta trama donde Sergio Blanco y Gerardo Otero se mezclan como si uno se deslizase dentro de la piel del otro. La compulsión, el deseo sexual, la disidencia sexual, la intelectualidad, la curiosidad detectivesca se darán cita para construir un texto laberíntico del que el espectador será testigo. La ira de Narciso tiene ingredientes de policial, pero más que nada es una búsqueda intensa e incansable por definir la propia identidad. Esa identidad que podemos ver reflejada en el otro, donde la atracción por esa alteridad fascinante nos puede llevar a la muerte, pero donde también surge la belleza aún en las circunstancias más trágicas: recordemos que Narciso luego de morir se transforma en la flor de ese nombre.

En síntesis, el espectador encontrará en este trabajo a un Gerardo Otero que da todo de sí para generar un espectáculo distinto y perturbador, respondiendo a todas las exigencias, tanto del aspecto actoral como de todo lo que lo complementa. La dirección de Corina Fiorillo resulta impecable en todo sentido. Esta propuesta permite reflexionar sobre la figura de Narciso en una época en la que los grandes relatos son cuestionados, pero el mito retorna con toda su fuerza en una nueva exaltación del yo y de la figura del artista: elementos de un neorromanticismo que aflora en un metamodernismo (tal como lo definen Vermeulen y Van den Akker)  donde confluyen lo trágico y lo sublime.

Aquí debajo, transcribimos unos fragmentos del ensayo de Sergio Blanco sobre la autoficción que resultan iluminadores para comprender la obra.

La autoficción: una ingeniería del yo

Es importante destacar que si bien toda escritura autoficcional siempre parte de un yo, de un vivido a la primera persona, de una experiencia personal – dolor profundo o felicidad suprema –, siempre va a partir de ese yo pero para ir más allá de ese sí mismo, es decir, para poder ir hacia un otro. […]

El Narciso ingenuo y herido de mediados del siglo XX que buscaba mirarse en las aguas de los ríos del yo para tratar de comprenderse y reconocerse, se va a terminar transformando en un Narciso soberbio, aislado y autosuficiente de finales de siglo que no hace más que mirarse en las aguas putrefactas y estancadas de una sociedad espectacular del hiperconsumo – mi última autoficción La ira de Narciso habla de ello –.[…]

Oponiéndose entonces a toda forma de individualismo des-subjetivador, la autoficción es una de las posibilidades para que el yo vuelva a verse en las aguas inconstantes de la existencia y que de esta manera pueda comprender que el yo siempre es otro. La autoficción vuelve así a la escena literaria con una gran vitalidad para reafirmar la máxima rimbaudiana de que al fin de cuentas “Je est un autre / Yo es otro”.[…]

Cualquiera de mis autoficciones fueron escritas no tanto para exponerme, sino para buscarme. Todas ellas están escritas a partir de un yo que busca en la escritura una posibilidad de encontrarse a sí mismo para poder de esta forma, encontrar a los otros. […]

La escritura –la puesta en relato– aleja por lo tanto lo real. Lo ahuyenta. En cierta manera lo convoca pero para traicionarlo. Toda escritura es un acto de traición de la realidad por la simple razón que los mecanismos de poetización cambian, alteran, perturban, transforman. […]

Finalmente no soy yo quien escribe sino que es mi escritura la que me escribe a mí. Y esta es mi forma de resistencia: ser un personaje de ficción que se escribe a sí mismo como acto de sobrevivencia. De esta manera mis autoficciones me permiten reivindicar una de las máximas que más es sancionada, penalizada y castigada, poder decir tranquilamente: yo no soy yo.

Ficha artístico-técnica

Dramaturgia: Sergio Blanco

Actúan: Gerardo Otero

Iluminación: Ricardo Sica

Diseño de escenografía: Gonzalo Cordoba Estevez

Video: Francisco Castro Pizzo

Fotografía: Sebastián Arpesella

Diseño gráfico: El Fantasma De Heredia

Entrenamiento corporal: Viviana Iasparra

Asistencia de dirección: María García De Oteyza

Prensa: Marisol Cambre

Producción: Maxime Seugé, Jonathan Zak

Dirección: Corina Fiorillo

Timbre 4, México 3554

Viernes 20.30 h, hasta el 29/06 y Jueves 20.30 h, del 23/08 al 30/08

www.timbre4.com