Western, II

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Tras 11 años de inactividad la directora Valeska Grisebach volvió al plano internacional al exhibir su nueva obra en el Festival de Cannes del año pasado. La espera no fue en vano: lla extensa reclusión de Grisebach tiene como fruto esta maravillosa película llamada Western, en lo que es una arriesgada estrategia por remitirse al género, aun manteniendo cierta distancia formal con epul mismo.

Entre un grupo de trabajadores alemanes que son enviados a construir una represa hidráulica, en algun punto remoto de Bulgaria, está  Meinhard. Su andar cansino, su postura desgrabada y su reticencia a conversar, lo diferencia de sus colegas de tendencias gregarias quienes, con Vincent a la cabeza, se perturban ante la indiferencia de su nuevo compañero de trabajo. La cercanía a un poblado local es el refugio que encuentra Meinhard donde, a pesar de la infranqueable barrera idiomática, logra entablar un fuerte vínculo con los lugareños. La escasez de agua que debe ser compartida entre unos y otros o la desaparición de un caballo local fuerzan el acercamiento de ambos grupos, en el que Weiland se encuentra en medio.

La escenografía de Western reúne todas las características del género: protagonista tactiturno, hombres a caballo, atardeceres fotogénicos, el saloon del pueblo, camaraderia entre unos y animosidad entre otros. ¿Cual es la variante moderna que encuentra Grisebach? En Western no hay formato panorámico ni el equilibrio compositivo fordiano. El registro de la pelicula representa una búsqueda observacional, separéndose del artificio estético del género hollywoodense para adentrarse en lo que es una represetanción mas sucia y directa de los acontecimientos. En Western hay pocas palabras y muchas elipsis, pocas heroicidades y muchas miradas contenidas, poca accién y mucho barro.

La propuesta de trabajar con actores amateurs y la arbitrariedad con la que Grisebach seleciona los encuadres -contrario a la planificación metódica de un western- reenvían al espectador a una experiencia cuasi documental. Cada intento infructuoso de comunicación entre Meinhard y los bulgaros, cada mirada hosca que recibe el alemán y cada gesto humano que terminan brindándole los lugareños, pueblan a Western de una sinceridad gratificante. La cantidad de tiempo que llevó a la directora la realización de la pelicula se evidencia en la naturalidad en que se desenvuelven Ias relaciones entre los personajes.

El misterio y la fascinación por lo desconocido guían al personaje en su búsqueda de aliados en la comunidad. En Western no existen los anticipos, los subrayados o enunciadores de una postura moralista frente a lo narrado. Las oposiciones características del género entre lo salvaje y lo civilizado, entre héroes y villanos, entre el honor y la decadencia, se cuelan al tiempo que Grisebach mantiene cierta ambiguedad discursiva. Las escenas pueden no tener un comienzo claro o tener un corte abrupto dado que Grisebach confía más en la riqueza que le puede brindar los actores y en conservar una indeterminación narrativa. Evidente muestra de esto es su final, tan banal y sin signos previos de la caída del telón, en donde Grisebach confía en la mirada de Meinhard como colofón de lo experienciado.

Más de un año después de su estreno mundial en Cannes, y tras haber pasado por el Festival de Mar del Plata (donde fue premiada a la Mejor Dirección), llega Western a la Argentina, coproducida por Maren Ade, quien ya tuvo el estreno de su maravillosa Toni Erdmann. Indudablemente el cine alemán no atraviesa un momento de excelencia creativa y productiva, pero no existe período en el que no afloren individualmente grandes cineastas y grandes obras como la de Valeska Grisebach.