Itzel Vargas: cada proyecto es una declaración, un cuestionamiento, una postura estética y social.

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Conocí a Itzel Vargas, actualmente curadora del Museo Universitario del Chopo, en una charla organizada por Marabunta en el Centro Cultural Paco Urondo. Sabiendo su amplísimo recorrido por instituciones culturales dentro y fuera de México le propuse este diálogo de preguntas y respuestas con el fin de generar un acercamiento a la escena mexicana y nuestra vinculación a nivel regional, continuando con el objetivo de repensar las prácticas curatoriales contemporáneas.

Jimena Pautasso: En una indagación sobre tu experiencia en el campo curatorial cualquiera se impresiona con tu gestión en diferentes instituciones y en el trabajo de exposiciones. ¿Qué puntos resaltarías de este recorrido como fundamentales para tu práctica actual en México?

Itzel Vargas: Trabajar para distintas instituciones me dió la experiencia de aprender a desarrollar contenidos para distintos públicos, vocaciones y proyectos, a sortear las limitantes de cada espacio. Es importante trabajar a partir de los legados de la gente que te antecede y siempre dar lo mejor para realmente repercutir de manera positiva en la programación de cada sitio. El trabajo en equipo, la suma de talentos y plantear cruces con otras disciplinas y entre distintas generaciones es fundamental.

JP: El Museo Universitario del Chopo, además de las salas de exposiciones cuenta con una amplia programación en la que los públicos y los eventos confluyen en un mismo espacio y situaciones, ¿de qué modo tu trabajo curatorial se relaciona con este modo de funcionar del MUCH?

IV: El Museo del Chopo es más cercano a un centro cultural que a un museo, su historia y su perfil exigen la confluencia constante de diversos medios. La experimentación y la reflexión sobre los límites de cada disciplina son una constante. Tenemos públicos muy diversos de todas las edades y con intereses muy disímiles. Es un museo que la gente percibe como cercano, no impone. Creo que, de alguna manera, el principio es generar preguntas e intercambios.

JP: Es importante aquí tu experiencia tanto en las diferentes instituciones como en la Embajada de México en Reino Unido, ya que de algún modo tu rol como gestora está muy presente. Tanto en tu práctica profesional cotidiana como en tus proyectos a largo plazo, ¿existe una vinculación directa entre la gestión y tu rol como curadora? ¿Existen particularidades en las diferentes instituciones en las que participaste?

IV: Sí hay una diferencia muy significativa entre cada institución en la que he trabajado y mis funciones como gestora están profundamente vinculadas a la labor curatorial, en cuanto a la responsabilidad que implica el manejo de recursos públicos, en la planeación de cualquier proyecto, la logística está determinada por una serie de condiciones de cada sitio, etc. Por otro lado, para mí cada evento o exposición habla sobre la coherencia, equilibrio y objetivos de una institución, forma parte de un todo; no deberían ser ocurrencias aisladas. Cada proyecto es una declaración, una postura de reflexión, de cuestionamiento, una postura estética y social. Pero siempre una postura.

JP: En esta misma línea de gestión cultural, hacia el interior de las instituciones públicas en las que has trabajado, ¿cuáles son las políticas culturales que se construyen o rigen a la hora de la programación de exposiciones? Por supuesto que existe aquí una fuerte relación con la producción de estos espacios y los modos de gestionar que los rigen, vinculación con aportes privados como aliados estratégicos para el desarrollo de las propuestas del museo, la relación en torno a la realización de obra y la sujeción a partir de allí de las posibilidades reales de exposición dentro de las instituciones, etc. Hay aquí una clara relación con el mercado.

IV – En el caso del MUCH la colaboración con otras instituciones e iniciativas privadas es fundamental pues nos permite realizar exposiciones que con nuestros propios recursos sería imposible. En cuanto al mercado, este no es determinante de los artistas con los que trabajamos, hay varios autores programados que no cuentan con galería, que son muy jóvenes o que son mayores y han perdido foros para exponer su trabajo. La idea es ser conscientes de toda la diversidad de talentos que existen y promover el reconocimiento de propuestas valiosas, independientemente si son exitosas a nivel de mercado.

JP: ¿Cómo definirías el rol curatorial respecto a la programación? Quizás en este punto tu trabajo como Directora del Museo del Palacio de Bellas Artes sea una experiencia paradigmática para pensar esta articulación.

IV: En el Museo del Palacio de Bellas Artes, al igual que en el Chopo, me ocupé desde la conciencia sobre la historia del lugar y la convicción de un propósito de servicio al público. El Museo del Palacio de Bellas Artes de algún modo es un museo que tiene un aura muy especial, si bien en un pasado fue un foro de experimentación y abierto a artistas jóvenes, este pasado se ha olvidado; hace algún tiempo en el imaginario se le percibe más como un Palacio del Arte que como museo. Hay una tensión sobre la funcionalidad de un recinto de este tipo, sobre el que valdría la pena reflexionar. Mi labor como directora, además de las responsabilidades administrativas obvias que implica una dirección, fue la de tener conciencia de su origen y de sus posibilidades de expansión a nivel de contenidos. Para mí no hay gestión exitosa si no es del interés y a beneficio también de los públicos más jóvenes y sin concesiones a nivel de discurso. Pero claro, siempre hay resistencias; el arraigo hacia la sacralidad del arte donde no cabe la posibilidad de ir hacia otro lado.

JP: Para comprender tal vez el punto de enunciación a partir de tu amplísima e interesante trayectoria, así como con el objetivo de tener un panorama de la escena mexicana, me gustaría indagar sobre tu opinión sobre el rol de la curaduría en tu campo artístico local y su relación a nivel regional.

IV: En los últimos años ha aumentado considerablemente la cantidad de curadores mexicanos y su profesionalización. Hay una escena muy nutrida de talentos muy diversos, se han incrementado los espacios gestionados por artistas, ha crecido una red de galerías y los intercambios con otros países. La Universidad Nacional Autónoma de México también ha facilitado la profesionalización de jóvenes curadores y hay varios colegas trabajando desde distintas trincheras con iniciativas interesantes.

JP: ¿Crees que hay algo de poética en la curaduría?

IV: Sí. Es una premisa el análisis de la obra desde distintos parámetros, sin esa exploración razonada no se puede formular ningún discurso o plataforma de investigación, diálogo o sistema de correspondencia.

JP: En tu estadía en Buenos Aires como invitada de Marabunta estuviste en contacto con artistas locales visitando sus talleres así como recorriendo diferentes exposiciones, ¿qué experiencia te llevás de la escena local y el trabajo con influyentes producciones dentro del campo?

IV- La propuesta misma de Marabunta responde a la necesidad de los artistas de mostrar su trabajo y propiciar reflexiones conjuntas sobre su práctica. Es muy generosa la iniciativa de una dupla de artistas (Lucila Gradin y Andrés Pasinovich) que en beneficio de sus colegas, gestiona y trabaja la beca que hace posible este programa. Es muy valorable también cómo se han organizado los artistas para subsanar las deficiencias de la enseñanza artística, organizando clínicas entre autores, trabajando de la mano en el crecimiento de unos y otros. Se necesita  una estructura más sólida de crecimiento en cuanto a educación, foros, apoyos, mercado. Por otro lado, la situación actual en Argentina los mantiene luchando en un terreno muy vulnerable. Vi proyectos expositivos interesantes aunque mi sensación es que hace falta construir más plataformas de apoyo para los autores más jóvenes.

Itzel Vargas. Actualmente curadora del Museo Universitario del Chopo y miembro del consejo editorial de Confabulario, suplemento cultural del periódico El Universal. Fue Directora del Museo del Palacio de Bellas Artes y asesora del Museo Nacional de Arte. Ha realizado proyectos curatoriales independientes, participado como autora en varias publicaciones de México y el extranjero, además de haber sido jurado de diversos certámenes como el Programa Beca Bancomer (2008-2009) y la primera Bienal de Paisaje (2014) , entre otros. Fue Jefa de Artes Visuales y Curadora de Casa del Lago Juan José Arreola, donde diseñó el perfil de la programación de exposiciones y fue responsable de curar el calendario de exposiciones durante 5 años. Trabajó en la Oficina Curatorial de México en Arco 2005,  en la logística y coordinación de la presencia de las galerías mexicanas en la feria y en más de una decena de exposiciones de arte mexicano en diferentes sedes madrileñas. Colaboró  en la Agregaduría cultural de la Embajada de México en Reino Unido y en la organización del Mexican Cultural Festival (2002-2003).
Es Licenciada en Historia del Arte por la Universidad Iberoamericana, ciudad de México. Cursó una Maestría en Arte Contemporáneo en el Sothebys Institute of Art-University of Manchester,  Reino Unido.