Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte, Gabriela Izcovich

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En esta obra el vacío cobra un rol esencial. No hay escenografía, solo un fondo blanco. Nuestra mente no estará en blanco porque el relato estimulará nuestra imaginación. Un par de amigos van al pueblo que alguna vez habitaron para encontrar que no queda nada, todo está en ruinas y solo permanece la nostalgia de los otras épocas que se inscribe en los recuerdos. Vivir encerrado en los pensamientos e imágenes del pasado no es aconsejable, pero hay veces en que recuperar situaciones de nuestra historia para saber quiénes somos se torna indispensable.

Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile y Gabriela Izcovich (también la directora y dramaturga) interpretan a dos parejas que realizan el viaje al pueblo de la infancia para filmar un documental. El asunto es que no veremos ninguna imagen, todo tendremos que imaginarlo por medio de las descripciones y narraciones que se nos presentan. La obra es una excusa para reflexionar sobre el pasado, el futuro y el presente, lo cual se ve reforzado por la cálida recitación de Izcovich de un poema de T. S. Eliot, Cuatro cuartetos, que despierta la emoción.

El tiempo presente y el tiempo pasado

están quizá presentes los dos en el tiempo futuro

y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.

Si todo tiempo es eternamente presente

todo tiempo es irredimible.

Toda la obra es un llamado a reflexionar sobre cuestiones vitales del ser, el paso del tiempo y las pérdidas, los dramas que todos tendremos que afrontar alguna vez. Estaremos vivos mientras alguien nos recuerde, nos imagine o reconstruya lo que alguna vez hemos sido. Cuando uno de los personajes sufre una condición trágica, el documental queda en suspenso, pero serán sus amigos los que podrán llevar a cabo la tarea de recomponer su presencia mediante el recuerdo y de finalizar la tarea que él había comenzado con entusiasmo.

Los personajes se habían ido del pueblo para ampliar sus horizontes pero han terminado atrapados en sus propias mentes. La pieza adquiere una fuerza simbólica y nos habla de todo aquello que irremediablemente se pierde en una vida y que como humanos nos toca nuestra fibra más íntima. Todo es devorado por el paso del tiempo y debemos tarde o temprano enfrentarnos al vacío. El amor y la amistad nos ayudan a enfrentar nuestras pérdidas pero nada podrá evitarlas.

En este mundo globalizado, abandonamos nuestra casa materna para buscar otros destinos, pero también descubrimos que no somos, en rigor, ciudadanos del mundo y que necesitamos un lugar que podamos llamar “hogar”. De todo esto habla esta maravillosa pieza de Gabriela Izcovich con una historia entrañable, un relato ágil pero que se detiene en los momentos centrales,  y con una puesta sencilla que realza el valor de muy buenas actuaciones. Para seguir pensando después de la función.

Ficha artístico-técnica

Con: Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile, Gabriela Izcovich

Dramaturgia y dirección: Gabriela Izcovich

Luces: Ricardo Sica

Música original: Lucas Fridman

Asistencia de dirección y producción ejecutiva: Marco Riccobene

Prensa: TEHAGOLAPRENSA

Duración: 60 minutos

Teatro: NoAvestruz – Humboldt 1857, Palermo.

Funciones: sábados a las 22

Entrada: $250 (estudiantes y jubilados $150)

Reservas: http://www.noavestruz.com.ar/reservas / http://www.alternativateatral.com/

Informes: 4777-6956 / por mail a reservas@noavestruz.com.ar