Una obra de teatro basada en textos de Norah Lange: “Inocencia”

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Un remontaje de una obra, ¿es la misma obra?. A veces parece que dos funciones distintas pertenecen a distintas obras. A veces dos obras distintas se parecen mucho. Y si bien los interrogantes se suceden, en este caso concreto, es claro que el remontaje de “Inocencia” supone una experiencia totalmente novedosa.

Inocencia es una obra de teatro, basada en textos de Norah Lange, la gran escritora vanguardista, que “paraba” con la célebre pandilla, inmortalmente retratada en la mejor novela de la historia literaria argentina, el “Adán Buenosayres” de Leopoldo Marechal. Los escritos de Norah revelan una literatura formidable, de una ternura elegante, injustamente relegados (junto a los de tantas buenas escritoras) por las razones harto conocidas.

Las preguntas quedan flotando en la sala. ¿Qué es la infancia? ¿Somos nosotros quienes decidimos cuando nos alejamos de ella o son las “vueltas de la vida” las que nos convierten en adultos? ¿Es un salto cualitativo o un gradiente continuo? Las anécdotas y los recuerdos se apelotonan, aceleran y se estrellan contra la risa y las lágrimas. Recuerdos de recuerdos al final de la función, puestas en común y experiencias compartidas, más allá del tiempo y el espacio.

Una apuesta estética en todo sentido; hasta los detalles más ínfimos están sumamente cuidados. No hay elementos que sobren, ni en la acción, ni en el texto, ni en los objetos que conforman la escenografía, ni en el juego de luces o en la música. Todo se acomoda y todo fluye. La acción de la actriz, el recitado, la voz en off, la narrativa, los colores, las transformaciones, la interacción con el público, todo combinado, como en una sinfonía performática.

Andrea Martínez es la única actriz y hay algo en su forma de actuar que parece que fueran varias actrices distintas. Nada hay en la obra que intente jugar con ese efecto y sin embargo, algo mágico sucede. En definitiva de eso se trata el teatro. De llevarnos y traernos, de jugar con las identidades, de subirnos y bajarnos como en una sinusoide de emociones.

Yo diría que la puesta está caracterizada por la sutileza. Una cierta languidez, pero no de aquella que señala belleza en la debilidad, en el desmayo (como se dice con gracia en el texto), sino que está llena de potencia, de una fuerza leve pero poderosa. Todo en tonos azules, coherencia cromática y juegos, muchos juegos, desde el juego del té hasta el juego visual. Al fin y al cabo la infancia o su límite, es el tema principal de la obra.

Párrafo aparte para la música y las luces. Como le gustaba a Aristóteles, todo aparece y desaparece en su justa medida. Climas sonoros y climas visuales. El recurso en su punto medio, ni exceso ni defecto. Mérito del músico, del iluminador y por supuesto, también de la directora. Todo conspira para envolvernos e introducirnos en ese ambiente medio onírico, medio nostálgico, pero sin golpes bajos.

¿Qué son los recuerdos? ¿Son espejos del pasado? ¿Son recreaciones del presente? ¿Forman parte de una narrativa que uno se inventa o son sensaciones que vuelven, cíclicamente, a repetirse? ¿Cuándo recordamos, volvemos a vivirlo? ¿es lo mismo vivir que revivir?. Siempre, lo mejor, es llevarse nuevas preguntas, restar importancia a las respuestas y ponderar los interrogantes.

La obra pone en blanco sobre negro, o mejor dicho en azul sobre oscuro, como lo cotidiano está plagado de momentos sublimes. Quienes tenemos la suerte de tener una familia cariñosa, sabemos de esos instantes irrepetibles, pero eternos, donde la risa explota a partir de una zoncera, una broma, una confesión que se vuelve en contra, de una confianza que de tan confianzuda e íntima, se transforma en universal.

Ficha técnica:

Dramaturgia y dirección: Miriam Castañeda
Interprete: Andrea Martínez
Iluminación: Jorge Ferro
Música original y fotografía: Leandro Valiente
Ilustración: María Tabakman
Diseño gráfico: Ramiro Alvarez
Diseño de imagen: María Tabakman
Producción: Circuito Liquen
Voces en off: Carlos Cuadros y Saeed Pezeshki
Todos los domingos de junio y julio de 2018, a las 19 hs., en el Teatro El Anfitrión, Venezuela 3340, CABA