En otra vida fuimos pájaros, Valeria Sabbag

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Hay poemas que cuentan historias y hay otros que ofrecen imágenes, recortes para un lector que se deja llevar libremente por cada verso. En este segundo grupo, está En otra vida fuimos pájaros, de Valeria Sabbag.

“Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué”, dice el epígrafe de Jean Cocteau. “La poesía es otra cosa / es el nombre que no dimos”, “palabras que empujan”; la poesía “sabe con celo / de qué color es la tormenta”: siempre detrás del poema hay algo más, algo que deberá ser develado, y quizás allí radique gran parte de su cualidad de imprescindible.

Entonces, escribir o leer un poema nos coloca en una dimensión metafísica, en una indagación de tipo filosófica. En este sentido, no es casual la metáfora del tejido y del bosque: “Si suelto una palabra  / tejeré un bosque”. El texto es ese bosque que hay que penetrar, un bosque de palabras tejidas en una urdimbre significativa.

El libro de Valeria Sabbag se divide en cuatro partes: Paisaje, Plumas, Nidos, Canto, cuatro movimientos –según afirma Mauro Lo Coco en la contratapa–. Esto es cierto; las imágenes van y vienen, se despliegan, nos remiten a un desplazamiento constante de lo exterior a lo interior. Si en el libro anterior de la autora, La soledad del instante, veíamos de manera más palpable la presencia del otro, aquí hay un mayor deseo de introspección: “Me gusta buscar / con hambre / la palabra / en el diccionario / para descubrir / el significado / de lo que / no dice”.

El libro cierra con “Flotaciones”, un poema-mantra, un poema de comunión con el mundo, un poema agradecimiento al poder de la palabra, “universo mágico / adorable”.

En otra vida fuimos pájaros, Valeria Sabbag, Modesto Rimba, 2017, 66 págs.