Reportaje a Antonella Costa

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El 21 de junio próximo se estrena en Buenos Aires Dry Martina, nueva y provocadora propuesta coherente y provocadora del director chileno Che Sandoval. Charlamos con su protagonista, la argentina Antonella Costa.

Blanca María Monzón: ¿Cuál fue el resultado de la experiencia de trabajar con Che Sandoval, en esta peli en particular, y como ha sido el proceso en relación el resto de tus interpretaciones?

Antonella Costa: Supongo que, junto con Garage Olimpo y por muy diversas razones, Dry Martina fue el proyecto con el que más me comprometí en mi vida. Yo no fui convocada para actuar en esta película, la película fue escrita en torno a un personaje que sería interpretado por mí.

Estuve presente a lo largo de todo el proceso creativo, leí unas 10 versiones del guión, participé de la escritura de diálogos y de las canciones, de los castings de los demás personajes protagónicos, aprendí a cantar, y hasta me involucré en asuntos de producción en momentos en los que el proyecto pareció peligrar. Todo eso no es habitual para una actriz. Pasé momentos de muchos nervios, mucho miedo y muchísima soledad. No es fácil estar ahí, cumpliendo un sueño pero sola, en otro país, sin tus afectos, y observada por todos. Es lo que elegí, lo hice con felicidad, pero fue muy difícil. Diferente de cualquier experiencia anterior, mucho más intensa.

Y por más que fue escrito para mí, el personaje no soy yo. De hecho dista mucho de mí, tanto en sus características más esenciales como en el anecdotario que retrata el film. Pero Martina está viva dentro de mí, y puedo hacerla en cualquier momento. Puedo pensar y actuar como ella sin la menor dificultad, aunque a veces no la entienda o no comparta sus decisiones.

Haber pasado por Dry Martina me hizo más fuerte. Superé muchos miedos y renové mi amor por la actuación, gracias a la fuerza multiplicada de un equipo generoso y creativo, que sabía lo que quería y construyó a Martina conmigo, en torno a mí.

BMM: ¿Pensas que la relación de pareja con Sandoval fue algo que potenció el trabajo en conjunto?

AC: Sí, por supuesto. Nos conocemos muchísimo y si bien nos separamos en mitad del proceso, podría decirse que Dry Martina es nuestro gran proyecto en común. Creo que fue algo hermoso que hicimos los dos, poniendo en juego los mejores sentimientos mutuos que tenemos. Por otra parte, creo que nunca un director confió tanto en mí, ni me exigió tanto. Discutimos hasta el más mínimo detalle, con respeto y confianza mutua, pero sin concesiones. Fue duro pero se lo agradezco. Creo que él me sabía capaz incluso de más de lo que yo misma me creía. Por ejemplo, nunca me había animado a hacer una comedia. Nunca me lo habían propuesto pero tampoco lo busqué. Sin embargo él vislumbró esa posibilidad en mí. Seguramente el hecho de habernos reído de las mismas cosas durante 4 años tuvo mucho que ver con esa decisión.

BMM: ¿De qué modo has vivido el tema del trabajo con el guión antes y dentro del rodaje, y a su vez el hecho de trabajar con algunos actores no profesionales?

AC: El guión fue muy trabajado en su estructura antes de empezar a ensayar. Yo vi toda esa evolución de cerca y al momento de trabajar con los demás actores estaba muy segura de lo que estábamos por hacer. Durante los ensayos Che da mucha libertad a los actores para que usen su propio lenguaje, aporten ideas, jueguen con los elementos que él propone hasta llegar a una versión mucho más viva de los diálogos. Una vez que se cumple con ese proceso, los textos se cierran y hay que decirlos tal cual. No se discute ni se negocia más, y eso está bueno. Llegas al set con la letra aprendida y se trabaja sobre la acción y las emociones, sin más divagues.

Creo que el único no profesional del elenco fue Álvaro Espinosa, que interpreta a Juan, el manager de Martina. Álvaro es mi mejor amigo, mi hermano. Tenemos 25 años de amistad encima, fuimos compañeros de banco en la secundaria, viajamos juntos, una vida de amistad. Se portó como un profesional en todo momento. El quipo lo amó, todo salió perfecto. Es el mejor Juan posible y un gran actor en potencia. Ojalá el mundo lo note y se convierta en la estrella que siempre debió ser.

BMM: El cine es para vos tanto un discurso artístico, y a la vez social? ¿Por qué?

AC: Porque todo hecho artístico lo es. Además el cine es lo más parecido a la máquina del tiempo que ha inventado el ser humano. La posibilidad de crear una realidad y reproducirla una infinita cantidad de veces, en distintos momentos y lugares, es un medio sofisticadísimo que la sociedad usa para observarse a sí misma. En el caso de Dry Martina, como las películas anteriores de Che, creo que acompaña el cierre de una era. Los personajes de Che evidencian los mecanismos y comportamientos caducos, el desconcierto del hombre y de la mujer ante las libertades propias y ajenas. El amor como responsabilidad y no como evento mágico que da lugar a parejas posesivas, estancas. El amor propio como vehículo ineludible hacia el amor al otro. De todo eso habla el cine de Che en general, según mi punto de vista. Martina, en particular, es un personaje pre-feminista. Actúa como si lo fuera, pero sin conciencia del movimiento. Necesita “ser como un hombre” para sentirse libre y salirse del lugar de víctima y de sumisa. Cuando Martina dice “quiero una pija”, por supuesto que en un sentido literal se refiere a que quiere tener sexo con un hombre. Pero también puede entenderse que necesita poseer un falo para ser aceptada como es. Porque todavía no resulta soportable una mujer que avanza a los hombres, que relata sus proezas sexuales, que impone su desnudez, que levanta por la calle y no disimula su mirada lasciva, que se aprovecha de la lealtad de su empleado. Todas cosas que hechas por los hombres no sorprenden ni parecieron molestar a nadie durante siglos. Martina tiene mal carácter, es egoísta, mandona, desubicada. Pero lo que la hace repudiable ante una sociedad avinagrada, es la libertad con la que vive su sexualidad. Me lo han dicho al final de algunas funciones, y en varias entrevistas: es una ninfómana. Saquen la cuenta de con cuántos hombres se acuesta a lo largo de la película, y en qué período de tiempo. Ninfómana es una palabra enorme, y a la gente le encanta usarla cuando alguien le molesta. Eso también es el reflejo de los males de una sociedad, que afortunadamente está aprendiendo a cambiar.