“La escritura es un acto colectivo”, entrevista a Sebastián Basualdo

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Sebastián Basualdo es escritor, periodista y docente. Escribe para el suplemento Radar Libros de Página 12 y hasta hace muy poco colaboraba en el suplemento literario de Télam, ahora injustamente cerrado. Además, dirigió una revista de lujo Los inútiles de siempre. Entre sus libros están Cuando te vi caer y Mañana solo habrá pasado, que ahora se reeditan en Colombia y en México.

Charlar con Sebastián es siempre un placer, no solo por lo que sabe de literatura, sino por la pasión que pone en cada frase, y por esa mezcla de intelectual y pibe de barrio que lo hace tan querible. Y por si fuera poco, escribe bien: es un gran contador de historias simples, un narrador que es capaz de encontrar filosofía en cualquier hecho cotidiano.

Este fue un año muy movido para vos, no solo por lo bueno que te pasó como escritor, sino por lo de Télam. ¿Cómo te sentís con experiencias tan diferentes?

Es verdad. Lo de Telam fue doloroso. Me gustaba mucho escribir para el suplemento literario, me daba la oportunidad de escribir, o entrevistar a escritoras y escritores, difundir sus obras, sus ideas. Además, trabajaba con mucha libertad gracias a Carlos Aletto. Lamentablemente, muchos compañeros quedamos sin ese espacio por decisiones políticas.

Sí, fue algo que le dolió a mucha gente, aún sin ser periodistas.

La cultura es un costo para este sector político, parece. En cuanto a lo otro, estoy contento porque salió la novela Cuando te vi caer en Colombia, Mañana solo habrá pasado se publicará en México, y lo más importante para mí es la publicación de Todos los niños mienten por Planeta Emecé. No solamente por la importancia del sello editorial.

Claro, un año muy bueno para vos en cuanto a la escritura, y aunque sé que sos humilde siempre, medio perfil bajo, es cierto que estas oportunidades te abren la posibilidad de muchos lectores diferentes.

No sé si soy humilde…. Me gusta que me digas eso. En cuanto a perfil bajo, sí.

Yo creo que sos de esos escritores que uno dice: “Es mi amigo y encima es groso”.

¿Y por qué sería de otro modo, no?  Un escritor es alguien que escribe, solo eso. No soy groso. Groso era Borges, Saer, Piglia, Castillo, Yo soy un simple muchacho de Brooklyn, como diría Henry Miller.

Vos escribís bien, sos leído. Pero retomemos lo de la publicación de Todos los niños mienten.

Tarde muchos años en escribir ese libro. Cuando Mercedes Güiraldes decidió publicarlo, pensé en las horas enteras que pasé trabajando, en los tiempos que no viví con mis hijas, en los trabajos que postergue. Pensé en Abelardo y su confianza en mí

Y todo eso hace que este libro tenga un sabor especial.

Sí, totalmente. Además lo siento como una bisagra en mi escritura. Y la bisagra tiene que ver con cierta maduración en la escritura, haber podido estar lo más cerca posible de lo que quería contar, y tener la sensación, por un momento, de que estaba escribiendo algo que estaba por encima de mis posibilidades. Es hermoso eso, ¿no? Saber que tal vez no puedas, pero seguís adelante.

Sí, me imagino que sí. Es medio como un vértigo, una especie de tirarte al vacío y no saber si te van a sostener, supongo.

Exacto, es eso. Y tampoco sabes qué va a suceder después. ¿Gustará?,  ¿me la aceptaran?

¿Qué dijeron tus lectores más cercanos, esos a los que uno les muestra el texto por primera vez?

Tengo amigos de toda clase, escritores y no, pero la mayoría muy lectores. Y todos colaboraron conmigo. La escritura es un acto colectivo. Es mentira que es algo de uno solo. Nadie se salva solo.

Es cierto. Hoy leía, entre esas cosas que uno lee así al pasar, algo de Eco que hablaba que lo único que escribimos para nosotros mismos es la lista del supermercado. El resto de nuestra escritura es para decirle algo a alguien.

García Márquez decía que uno escribe para tener amigos. Es lindo eso ¿no? Yo creo que hay algo de eso. Uno no vive de los libros. Nadie vive de lo que ama.

Sí. Digamos que siempre se les pregunta a los escritores para qué escriben. Es la típica, y como no soy original, te lo pregunto. ¿Para qué escribís vos?

Es maravillosa esa pregunta. La verdad es que escribo para vivir dos veces. Y remediar, remediar en el más cabal sentido del término. Hay una idea paveseana ahí. Un escritor para mí es un poeta.

Sí, la idea de poeta es más amplia que la de escribir poesías.

Sin duda. Un modo de estar en el mundo.

Y de mirar el mundo.

Pero yo soy escritor solo cuando me siento a escribir. No tengo imposturas.

¿Cómo es eso?

Yo pienso que alguien que escribe no necesariamente es un escritor. Yo tengo que hacer todo lo que hay debajo del sol para sobrevivir. Además, yo sé que soy en mis libros, que no solamente quiero contar una historia. Y eso busco en los demás también cuando leo.

Antes hablabas de los grandes. Cuando uno lee a un Borges o a un Castillo, uno sabe que nunca va a poder escribir así, pero cuando uno te lee a vos, con esa transparencia, y esa cosa cotidiana, uno dice “pucha, puedo escribir como este tipo si escribo desde mí mismo”.

Bueno…., gracias. En ciertos hombres (genéricamente hablando), hay una relación íntima entre su vida y su obra. Yo quisiera alcanzar eso, ese ideal. Pero yo no soy nadie, solo un hombre más que escribe.

Sí, pero no estás haciendo autobiografía sola, se nota un trabajo de construcción. Y eso de que no seas “nadie” hace que tus lectores puedan sentirse más cerca de lo que escribís. Es más, leyendo lo que te comenta la gente por Facebook, se repite esto de la identificación con tus textos.

Es lindo eso, pero la literatura está fuera de eso. A veces tengo la ilusión de que alguien dirá: “Mira qué lindo esto que escribió…. Voy a buscar algún libro suyo”. ¡Qué confesión terrible la mía!

Obvio que eso pasa, la gente lee tus libros además de leerte en Facebook.

De cualquier manera, hay un lector para cada libro, un libro está destinado a alguien. Te habrá pasado. Debés tener un libro que te fue destinado. Si son varios mejor, uno para cada época de la vida. Un día le pregunté a mi madre por qué había sido de tal manera conmigo y de otra (yo creía que mejor) con mi hermana. Y mi madre me miró y me dijo: “Porque yo no era la misma”.

Y los lectores tampoco lo somos.

Y lo mismo pasa con el arte en general. Por eso Borges hablaba tanto de releer, porque en el fondo, todo tiene que ver con la relación con uno mismo y con otras lecturas que hubo en el medio.

La conversación se hace un poco rizomática: vamos, venimos, porque hablar con Sebastián es saber que uno va a encontrarse con alguien que tira todo el tiempo frases que merecen ser profundizadas, aunque se corra el riesgo de dispersarse.

¿Y qué pasa con tus lecturas de otros escritores?

Gran parte de mi vida está dedicada al trabajo de los otros. Con mis notas en el diario, yo quiero eso: lograr que otros se conmuevan con el libro de tal o cual. Escribir una crítica es escribir con el autor o con la autora. Me acuerdo –creo que fue una de las primeras entrevistas que me hicieron, justamente para el diario Crítica? que el periodista en vez de poner énfasis en mi libro lo puso en cómo estaba vestido y en la influencia de Castillo. Yo me juré no ser así nunca. Un autor está esperando una reseña desde un lugar muy profundo.

Que es también un aspecto muy central en tu vida, me parece. Sos escritor, pero sos crítico. Lo periodístico es una parte importante de tu día a día.

Sí, pero no me siento crítico. Solo un lector privilegiado. Es raro lo que me pasa al escribir una nota. Doy vueltas, me baño varias veces, tomo mucho mate, salgo a comprar un chocolate, y luego ya está, digo: “Cumplí con el autor o con la autora”. A lo Hemingway: él decía que la primera frase debe ser real.

¿Te considerás un escritor muy argentino?, lo digo pensando ahora que tu libro va a otros países

Sí. El otro día Nora Galia de Letras del Sur decía que en México le habían propuesto cambiar modismos idiomáticos, y ella con mucho criterio se negó. Argentino no sé, pero porteño seguro, aunque tengo mucho de uruguayo por mi madre y mi abuela. En Colombia Cuando te vi caer anda muy bien, según el editor. Eso es hermoso para mí.

Me llamó la atención la contratapa de Colombia que  pone énfasis en tu capacidad de “sacar frases valiosas de acciones mundanas”. Creo que eso te define.

Eso lo aprendí de Abelardo, que supongo lo aprendió de Borges y de Marechal, pero hay que tener cuidado con eso: puede que para algunos resultes pretencioso. A veces, una frase puede estropear tu lectura de un libro. Es como una frase desafortunada en una cita… Puede que esté exagerando.

Seguimos charlando un buen rato, y Sebastián me dice que también está armando un libro con sus notas: “Me está ayudando Luciana Peker. El libro se llama ¿Qué me contás, amor? Y ahí está mi relación con la crítica literaria”.

Me quedan resonando algunas frases, pero rescato eso de que “nadie se salva solo” porque hay también en Sebastián algo del escritor comprometido con el otro y con la realidad, lo que le da un valor extra a su toda su escritura.

Foto: Alejandra López