Editar un libro

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Los que escribimos no siempre somos conscientes de todo lo que viene después de esa escritura, de la cantidad de procesos y de personas involucradas en la edición de un libro. Roberto Zabala Ruiz, en El libro y sus orillas, dice al respecto: “El cuidadoso trabajo de quienes preparan un libro, enderezan un original, luchan a brazo partido con erratas y errores en galeras, corrigen planas, cuidan negativos e impresión, y vigilan que no se escape alguno de esos traviesos duendes que suelen empañar el lustre de cualquier edición, se ejerce en una discreta oscuridad cuyos métodos, sensibilidad y sabiduría están al servicio de la transmisión gozosa del pensamiento, de la amistad de los libros”. Editar es un arte en el que interviene el editor, obviamente, pero también el corrector, el ilustrador, el diseñador gráfico, el redactor de los paratextos y una cantidad de actores que sorprenden por su número.

Es cierto que los libros son caros, que nos cuesta acceder a ellos, y más si somos lectores compulsivos, pero también es cierto que lo que vemos en las librerías es producto de diferentes pasos que apuntan a transformar ese Word que llega a las manos del editor en un bien simbólico, en términos de Pierre Bourdieu. Sin embargo, el libro tampoco termina en ese conjunto de tapas y hojas cosidas o pegadas, es un producto que hay que vender, y entonces entran en escena los distribuidores, los críticos, los libreros, entre otros.

¿Libro en papel o ebook?, ¿autoedición o editorial?, ¿cómo hago llegar un original al editor?, ¿qué editorial elijo? Estas son algunas de las preguntas que se plantean los autores cuando quieren dar a conocer sus textos porque, si bien se escribe por placer, también está el deseo de llegar al lector, de ser leído, de figurar en algún catálogo que dé prestigio a lo escrito. Es que el libro todavía sigue siendo un objeto amado; enamorarse de una tapa, quedar atrapado por lo que dice la contratapa, recorrer las hojas, sentirlas, olerlas conforman un ritual que, lejos de desaparecer, continúa con mucha fuerza.

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a un excelente workshop de edición a cargo de Victoria Villalba, editora, y organizado por Zink Industrias Creativas, y no deja de sorprenderme lo que esconde un libro, un objeto que entra en una cartera, que nos llama desde un estante o desde una mesa en una librería, y que convoca a tanta gente con un fin que excede lo meramente comercial: acercar autores y lectores. No es poco.