Retratos audiovisuales: entrevista a Juan Manuel Candal

0
0

Una presentación formal de Juan Manuel Candal diría que nació en Buenos Aires en 1976, y es Licenciado en dirección de cine, productor, músico, realizador audiovisual y escritor. Tiene, además, varios libros publicados: Boutade, Intimidad para el ojo iniciado, #RGB, Mundo porno y Siempre tendremos Venezuela, entre otros.

Una presentación más informal diría que somos amigos hace unos cuantos años, que me gusta mucho como escribe, que estoy en Leedor gracias a él y que esta charla con pretensiones de entrevista la hicimos una madrugada a través del chat de Facebook. Lo que salió es una interesante reflexión sobre la escritura, sobre el escritor y sobre otras alternativas para narrar más allá de las palabras. La excusa para el encuentro es un nuevo proyecto que Juan se trae entre manos: la deconstrucción del discurso como retrato audiovisual.

Antes de hablar de este nuevo proyecto en particular, pensaba que hay una constante en vos que es la deconstrucción, es como si siempre hubieras buscado salirte de la escritura clásica, explorar otras formas de concebir la narrativa.

Sí, pero no creo que sea algo a consciencia, es decir, disfruto de ciertas narrativas clásicas. Al principio, escribía más en ese registro, pero después empecé a encontrar que los niveles de lectura muchas veces se multiplican en esa deconstrucción, aunque en realidad, supongo que todo pasa por el concepto de “neblina”, que voy a intentar explicar con poco éxito, seguramente, a continuación.

La narrativa clásica me parece que se apega más a un plan, un mapa de ruta, y a mí me gusta arrancar con una premisa que me parece interesante a nivel narrativo, pero cuyo horizonte se pierde un poco en una neblina espesa, porque si veo bien el mapa de ruta, me deja de interesar el proceso de escritura. Me gusta que la voz vaya apareciendo, que los sucesos iniciales se agoten, y den lugar a otros sucesos y otros procesos o dispositivos que puedan encajar en esos sucesos, y así es como la escritura se mantiene, en mi caso, fresca (o al menos, eso intento).

Digamos que no tenés un plan completamente determinado desde el principio, y será por eso que te viene mejor la novela o el cuento largo. Necesitás cierta extensión para que la neblina se vaya disipando.

Cada vez me interesa menos el cuento como forma, incluso el cuento largo, porque me gustan más los climas y las digresiones. El formato del cuento puede lograr una producción más perfecta, pero incluso eso me interesa, con el paso del tiempo, menos que la novela, incluso la novela fallida. Es decir que, a esta altura de mi vida, disfruto más de leer una novela fallida (no mala, fallida) que un cuento excelente. Y lo mismo a la hora de escribir.

Pero esto de “mantener la escritura fresca”, ¿no incluye el riesgo de que en algún momento no sientas esa frescura y la escritura se te torne repetitiva? ¿O es esto que me acabás de decir: hay una búsqueda de lo fallido como poética propia?

No busco el fallo, al contrario, pero sí busco ciertas cosas que parecerían contraintuitivas, al menos desde una perspectiva clásica, por ejemplo, la economía de palabras. No me interesa en lo más mínimo esa economía; al contrario, me gustan las parrafadas que se extienden innecesariamente sobre algo, aunque esa información se pudiera transmitir en muchas menos palabras. Me gusta como una forma casi musical, como motivos y variantes melódicas sobre un fraseo. No busco expandir algo a propósito de eso, simplemente desarrollé el oído más en esa dirección.

Dicho esto, creo que agoté un poco este método con las última dos novelas que escribí, una publicada, #RGB, y otra por ahora inédita. Por el momento estoy retirado de la escritura. De retomar, estoy seguro de que no sería del mismo modo.

Te iba a preguntar sobre eso por una charla que tuvimos. De alguna manera, cerraste ese ciclo entonces. ¿Este nuevo proyecto es como un camino alternativo?

La novela inédita la tiene una editora. En principio, veremos qué pasa. No soy alguien que se desviva por publicar cualquier cosa, me parece que si alguien se interesa en publicarla, genial, lo charlamos; si no, no siento que sea un desperdicio. Yo disfruto la escritura, y a veces que te lean dos personas a las que les pasaste un anillado o un PDF basta, no todo tiene que ser masivo. Es decir, el fin de la escritura no es publicar, es escribir en sí. A veces querés que alguna persona con una sensibilidad similar lo lea para ver si transmite eso que vos creés que transmite, pero no me desvela publicar.

Este nuevo proyecto en realidad nació incluso antes de que yo empezara a escribir “de forma seria”, para sorpresa de todos, imagino. No lo pensé demasiado, porque pensar demasiado es uno de mis peores defectos, pero todo esto es un poco una mezcla de dos experimentos que hice hace unos quince años.

¿Quéres contar un poco de qué se trata?

Tengamos en cuenta que yo estudié Cine, por empezar. Desde chico escribía, y durante la carrera de Cine, el típico comentario era que mis guiones tenían algo “lírico” en las descripciones que generalmente no aparece en la escritura cinematográfica, que es más fáctica; lugar, acción, diálogo. Pero bueno, vengo de ese palo, no de Letras.

Es decir que diste vuelta la rueda y volviste a tus orígenes

Tampoco sé si es así. Creo que he practicado, un poco más, un poco menos, casi todas las disciplinas artísticas; solo que Cine es la que estudié en la universidad. Pero también estudié música, y algo de dibujo y pintura (aunque esta es la que más fácil abandoné). No me considero una cosa u otra, no sé bien qué soy, solo sé que me encuentro cosas que me resuenan emocionalmente, y a veces el camino es uno u otro. O más de uno. Este proyecto en particular surgió de manera muy fortuita.

Quizás no sea casual que lo retomes justo ahora con los planteos que te hacés sobre la escritura.

Igual siempre quise hacer esto, aunque quizás antes tenía otras prioridades. Allá por 2003 aproximadamente, yo había terminado la carrera de Cine y pasaron dos cosas que me despertaron esta idea. Por un lado, un accidente con Odex y colorante en una bañadera que creó un caos extraño que me puse a fotografíar: las reacciones químicas fotografiadas parecían imágenes de la creación del universo. A partir de entonces, me pasé un año haciendo eso: filmar o fotografiar elementos cotidianos que mostraran algo curioso o que para mí era llamativo.

Medio expresionista eso.

Sí, aunque nunca lo pensé mucho. Por otro lado, un día se me ocurrió poner a una amiga delante de cámara y empezar a preguntarle cosas, algunas muy generales y otras muy personales. Me sorprendió que de la nada, cuando la persona se agotaba, empezaba a decir cosas que para ella no tenían sentido, y yo encontraba ahí algo mucho más personal y profundo que el discurso relativamente habitual que todos tenemos para responder cualquier pregunta. Me puse a editar eso y vi que se podía profundizar esa deconstrucción todavía más: ¿qué pasa si algo que dice de la relación con su padre, mediante la edición, lo vinculo a algo que comenta de un sueño que tuvo con, no sé, su infancia? Entonces, el resultado era artificioso, pero a la vez, gravitaba hacia algo que para mí era más interesante, era como encontrar una música del pensamiento, no necesariamente la del discurso

Un poco como el cadáver exquisito de los surrealistas o la técnica dadaísta de unir fragmentos de diferentes todos que finalmente forman un todo nuevo.

Sí, como un cadáver exquisito o como un rompecabezas sobre una imagen que quizás estaba armada; la volvemos a desarmar en piezas y después buscamos otros patrones de armado, que no van a dar la imagen reconocible, sino otra, algo a la vez familiar y desconocido incluso para el propio invitado (cada video se centra en una persona diferente, la mayoría escritores o realizadores, pero la idea es que sea cualquier personalidad relacionada al arte).

Y así llegamos a un retrato audiovisual que da cuenta de ese personaje, como todo retrato, pero que trabaja con el principio de la deconstrucción como marca que lo define.

A la vez, esa voz que graba el invitado, respondiendo ciertas preguntas, es una parte. El resto es una serie de imágenes originales (fotografía, mínimos detalles de animación, etc.) que yo armo para cada video a veces intentando ilustrar, a veces contrastar, a veces citando alguna frase a medias

¿Y cuánto dura cada video?

Depende, llevo cinco terminados; el más largo anda cerca de los seis minutos; el más corto, dos minutos treinta, aproximadamente. Tiene que ver con el material que cada invitado envía, no tanto con la “calidad” de las respuestas, sino con el grado de libertad que me da para trabajarlo en este formato. Terminan siendo algo más parecido a cortos estilo videoarte, sin un principio o final propiamente dicho.

¿Dónde se van a poder ver?

Cuando tenga seis o siete editados, planeo sacarlos todos juntos en un canal de YouTube ¿Querés ver en total exclusiva uno, a ver qué te parece?

La premisa es no adelantar de quién se trata, pero al final termino viendo dos, uno un poco más claro y otro un poco más caótico.

Por lo que veo en estos retratos, más allá de la deconstrucción, se respeta lo que el personaje es. ¿O me equivoco?

Sí, la gracia no es editarlo para hacerle decir cosas que no diría, sino más bien editarlo alrededor de lo que yo detecto como “centros gravitacionales” y, en todo caso, alterar los demás elementos en función de ese núcleo.

Un buen trabajo esto de detectar esos centros gravitacionales porque sigue siendo un retrato fiel siempre.

Sí, igual me intriga qué pensará cada uno, qué reacciones generará en cada invitado verse retratado de esta manera… Y lo otro que me intriga es cómo funciona una estructura que no tiene resolución, porque estamos acostumbrados a que haya siempre alguna forma de resolución. Nunca hay una frase que “termine” el video. En realidad, la idea es que funcionen, entre voz, imágenes y música, como un momento hipnótico que pasa y ya.

Podría ser que no está la frase final porque son parte de un todo, o como decís, porque son un momento y listo.

Sí, pero de entrada me di cuenta de que eso va a resultar raro; quizás, estamos demasiado acostumbrados al punto final.

En el fondo es experimental y como tal viene a romper una estructura y a generar una pregunta.

Sí, es más caótico, aunque siempre hay un hilo. Eso es bueno, es deconstruir pero no destruir.

En el fondo es una de las tantas lecturas posibles que hacemos del otro

Es que nunca le di un marco intelectual. Siempre tiene más que ver con una resonancia emocional en mi caso, lo que no quiere decir que ese marco pueda construirse, pero creo que, justamente, un tercero puede hacerlo, no yo

¿Querés agregar algo?

En realidad, creo que es más interesante lo que puedas decir vos que yo, que aparte, sos la primera persona que vio dos de los cortos. Idealmente, no serán solo una curiosidad para los conocidos de cada invitado, sino que, eventualmente, el formato invitará a querer ver más, a querer pasar más tiempo es este lugar extraño. Esa es la razón por la que no los fui sacando uno a uno, que era la idea original, creo que funcionan mejor en conjunto, contrastando y complementando. ¡Claro que puede que a nadie le interese esto!

No dudo de que estos retratos audiovisuales le van a interesar a más de uno, así que a estar atentos para cuando aparezcan en su canal de YouTube. No quiero adelantar mucho, pero hay un sello de autor que uno reconoce en los textos de Juan y que se traslada también a estos videos, y una gran parte de ese sello tiene que ver con desafiar al lector/espectador, y eso es muy bueno.