La curaduría genera productos culturales, entrevista a María Teresa Constantín

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En el ejercicio de continuar tomando apuntes para la reflexión en torno a las prácticas curatoriales contemporáneas partiendo de los relatos de sus protagonistas y constructores del campo actual, tuvimos un estimulante diálogo con María Teresa Constantín, coordinadora del Espacio de Arte de la Fundación OSDE.

María Teresa es historiadora, crítica de arte y curadora. Su última curaduría es la exposición En defensa propia de Enrique Ježik que actualmente se exhibe en la sala principal de la Fundación y que fue nuestro punto de partida para indagar sobre su modo de trabajo y los principales conceptos que despliega al momento de construir estos relatos. Con una enorme predisposición y calidez que construyeron un fantástico encuentro, comienza poniéndole marco a su práctica:


María Teresa Constantín: El espacio de Arte de la Fundación OSDE se basa en dos ejes:  la historia del arte argentino, en el sentido de producir investigaciones propias que aborden determinados artistas o determinados problemas que no han sido tratados recientemente y una segunda vertiente, vinculada a la crítica de arte, que revisa las producciones contemporáneas. En los dos casos apuntamos a artistas individuales, grupos o exposiciones colectivas que den cuenta de algún problema. En este sentido, Enrique quedaba a mitad de camino porque vive hace muchos años en México, pero sin embargo el abordaje de artistas o grupos que no son argentinos pero que a través de su obra trabajan problemas que tienen que ver con lo argentino o con lo regional es una línea que ya hemos puesto en práctica con otras producciones, como en el caso de José Alejandro Restrepo, artista colombiano, o la muestra  Arte Tejano: de campos, barrios y fronteras (2011) realizada en coproducción con Smithsonian Latino Center. Fue una muestra que hizo foco en el grabado, producido por tejanos o descendientes de tejanos, porque justamente hablaba del problema de las migraciones y de la identidad en los países a los que llega el migrante. El curador de la muestra fue un punto clave, Cesáreo Moreno, ya que fue el Director del Museo Nacional de Arte Mexicano de Chicago, un museo que surge porque los maestros de Chicago se dan cuenta que los hijos de mexicanos no tienen dónde ver parte de su identidad, y generan a partir de esta situación la creación de una institución cultural, los mismos maestros. Por supuesto, todos esos grabados que trajimos hablaban de esta cuestión de identidad y memoria. La problemática es tan válida para el caso de Estados Unidos como para las migraciones latinoamericanas, tal es así que actualmente no podemos desconocer lo que sucede en la frontera entre Brasil y Venezuela que está estallando por la cantidad de gente que intenta pasar y se está transformando en un problema regional. Se trata de un fenómeno, por otro lado, del que los diarios no están dando cuenta, como ocurre también en nuestro país con nuestros migrantes más cercanos, bolivianos, peruanos, paraguayos, uruguayos y chilenos. Quiero decir, eran situaciones que referían a lo norteamericano pero que encontraban ecos en problemas que tienen que ver con nosotros, de manera que no se trata sólo de revisar aspectos de la historia del arte sino problemáticas culturales o sociales que tengan que ver con aquello que estamos mostrando. De una manera no directa, no hacemos un discurso, no llamamos a esto “el problema de la migración”, pero esos problemas están latentes en la producción plástica. Volviendo a la exposición actual de Enrique, es un artista que está señalando lo que sucede en el mundo. En este sentido, hay un comentario en el cuaderno de visitas que es maravilloso y que de alguna manera da cuenta de la lectura que nos interesaba generar a partir de esta exposición. Dice:  “Impactante. No conocía al escultor y su obra me conmocionó a la vez que me puso en alerta, tanta violencia… El arte debe señalar estas preguntas que en definitiva siempre son de índole política. Gracias”.

 

María Teresa nos cuenta que en sus primeros diálogos para la selección de obra tuvo en cuenta la lectura que la escena local tiene de Ježik, siendo que hace más de 20 años vive en México y sus producciones en los ochenta tenían más que ver con lo precolombino o las búsquedas de la identidad latinoamericana, de manera que mostrar sólo obra reciente no completaría al Ježik que vuelve hoy con esta exposición a la Argentina.

 

MTC: Nos encontramos con un artista que tiene una mirada sobre la situación internacional y que está reflexionando sobre lo que sucede en el mundo con postulados que son tan válidos aquí como en Rusia o en Francia donde él ha intervenido. Además de ser obras que uno puede reactivar permanentemente con sucesos latinoamericanos, Enrique es un artista que desde lo material opera en diferentes formatos, y este es un elemento que un curador debe señalar. Creo que toda la obra de Ježik tiene una resonancia en Latinoamérica y en el mundo, muy fuerte, como por ejemplo Ejercicio de percusión (2006), una obra que habla a todos pero que en Argentina tiene una activación particular en relación a la represión que sufrió nuestro país desde los años 70 hasta ahora.

La curaduría, salvo pequeñas decisiones que tuvieron que ser conversadas, fue un trabajo de una armonía perfecta, es muy bueno trabajar con él porque es un artista que dialoga muchísimo y mi modo de trabajo también es de diálogo y escuchar lo que el otro está queriendo decir porque cuando se trata de una muestra individual, el trabajo del curador debe ser, sobre todo, poner en valor la producción del artista y a lo que está apuntando, luego vienen las interpretaciones críticas, pero sobre todo con un artista vivo que está produciendo pensamiento todo el tiempo. Enrique es muy respetuoso además de cuestiones, que no todos los artistas tienen relacionadas a la inteligencia del uso del espacio. A veces hay una exigencia de colocar mucha obra, de cierta manera que produce una saturación del lugar, más allá de la calidad de dicha producción, pero en el caso de Enrique es un artista que sabe que esta muestra no podrá reproducirla en otro espacio, que para que estas mismas obras funcionen tendrá que tomar otras decisiones y resoluciones diferentes. Todo el diálogo se dio perfectamente en ese sentido, sumado a mi conocimiento de la sala después de más de 10 años de llevar adelante las exposiciones, que incluso quizás con otros curadores son mis únicas intervenciones, en relación a la ubicación o ciertas decisiones estratégicas de colocación de las obras en la sala. Hay cosas ya estudiadas y definidas, por ejemplo mi interés por que el primer golpe de vista del espectador encuentre una obra que le hable de la muestra que estamos presentando. Es esto, el trabajo en el espacio. El curador que no trabaja con el espacio está completamente fuera de lo que tiene que hacer.

 

Luego de conversar sobre las particularidades de la circulación y la construcción del espacio en esta propuesta en particular que me parece de una coherencia absoluta por el modo en que todos los elementos abonan a los ejes conceptuales que la sostienen, le comento a MTC que en el relato de su trabajo con Enrique creo que se pone en evidencia un modo de trabajo de diálogo, quizás de paridad en el proceso de construcción de una exposición y le pregunto acerca de otras experiencias, otras articulaciones, en lo que hace a la vinculación con el artista desde su rol de curadora.

 

MTC: He trabajado con artistas muertos y artistas vivos y de diferentes edades. Cada cual es una particularidad pero mi modo es no imponerme, creo que tiene que ser un trabajo consensuado y dialogado salvo en el caso de una muestra colectiva en la que se busca la obra de un artista orientado a reforzar tu propio discurso curatorial, las individuales tienen que ser dialogadas y muy conversadas. Otra cosa es cuando el artista está muerto. Hay dos muestras que responden a esto en mi haber curatorial, una es Paraná Ra´anga del año 2013 y la última, Conexión Saer, donde el diálogo fue con mi cocurador Martín Prieto, no con el artista.

 

Había un cruce entre gestión, programación, curaduría, sobre el que me interesaba indagar teniendo en cuenta la experiencia de María Teresa con más de 10 años en la coordinación del Espacio de Arte, para aportar a una lectura crítica del campo donde se estarían desdibujando los límites entre curadores, artistas, y los diferentes agentes.

MTC: En mi caso está muy claro que de ser una investigadora de historia del arte argentino pasé cada vez más al campo curatorial y me interesa pensar qué sucede con eso desde el hoy. Creo que la historia del arte es algo que abona las prácticas curatoriales pero lo principal para mi es pensar la curaduría como una producción contemporánea que se diferencia de la historia del arte y de la crítica del arte. Se trata de una producción nueva, de un objeto nuevo que está en elaboración y puede estar hecho desde los curadores de museos hasta los llamados curadores independientes o la producción de los artistas o de otras disciplinas que por supuesto tienen todo el derecho a hacer sus propios ensayos y a generar sentidos a partir de allí, pero lo que no pueden hacer es no generar ningún sentido. Todos los que trabajamos en este campo tenemos que ser conscientes de que estamos generando un producto cultural, que comprende ideas, propuestas, conceptos, y debe ser pensando dentro de ese campo, desde la espacialidad, dado que el sitio que contiene estas exposiciones es capital. No es lo mismo hacer una muestra aquí que en el Museo Nacional de Bellas Artes, en el Conti, en la Usina del Arte o en el Kirchner, es decir que no me refiero solamente al espacio, hay un cruce de una pluralidad de cuestiones en ese punto.

 

Comentamos diferentes ejemplos de la construcción de sentido que se genera a partir de un relato en determinado contexto de circulación y fue imprescindible preguntarle por la conformación de públicos, ya que María Teresa insiste constantemente en este punto.

MTC: La formación de públicos es un aspecto que me ocupa continuamente, no en el sentido de bajar un discurso señalado o construido desde nosotros, sino que más allá del público que circula normalmente por las instituciones, creo que si un espacio tiene un sentido de investigar las artes o la sociedad, debe volcarse hacia ésta y hacia sectores que normalmente no participan de esas prácticas. Cómo se cumple este objetivo es lo que estamos ensayando actualmente centrándonos en apostar a la escuela pública, pero en sentido profundo, no que vengan a una visita, se retiren y nunca más vuelvan. Apostamos a, Bourdieu presente, que su visita repetida al Espacio de Arte genere que en el futuro puedan llegar a ser visitantes de museo.

 Y se replica, también…

MTC: Justamente. Teóricamente se discute mucho la posibilidad de que el chico sea correa de transmisión de conocimiento hacia los padres. Nosotros lo comprobamos en un caso. Cuando hicimos Paraná Ra´anga vino una escuela completa que estaba trabajando el tema del agua, fueron 300 chicos que visitaron la sala en un día. Una nena se fue diciendo “chau, seño, me gustó tanto que mañana vuelvo con mis papás” y creímos que era un dicho más como los que dicen la mayoría de los chicos, pero sucedió que el lunes siguiente nos encontramos con una nota en el libro de visitas que decía, “muestra maravillosa, vine porque mi hija nos insistió mucho para que viniéramos a verla con ella” y nos puso muy contentos pensando que era un caso que confirmaba nuestro objetivo.


Es entonces también el uno a uno, la subjetividad en primer plano, lo vincular…

MTC: Sobre el público de exposiciones no sabemos nunca qué pensó, excepto artistas que en algún relato se refieren a la influencia de determinada muestra sobre su obra, por ejemplo, pero no hay un relevo real y tampoco puede haberlo, de esa experiencia interior tan subjetiva al haber transitado una muestra. Obviamente las exposiciones son temporalidades, cuándo se realiza ese relato y por qué en ese lugar y luego el tiempo propio de esa muestra, de construcción, investigación, montaje, hasta que abre al público. A partir de ahí se ponen en juego nuevas temporalidades. En la muestra de Saer el público pasaba horas en la sala, leyendo, mirando, apoyado en una decisión curatorial que puso la documentación en el centro de la sala, en dos mesas con sillas que transformaban al lector en un objeto de exposición y al mismo tiempo el acto de lectura se conformaba central en una muestra de un escritor.

 

Volviendo al eje de la curaduría, resalto su constante referencia al equipo con el que trabaja, con el que dialoga las estrategias que se ponen en marcha en cada uno de los proyectos que emprenden.

MTC: Exactamente. Más allá de las decisiones particulares que se tomen estando al frente de una curaduría hay todo un equipo de trabajo que está detrás. Hay disciplinas sobre las que uno no tiene los saberes específicos entonces lo que corresponde es convocar a un comité de asesores, y en base a los materiales que aporten el curador sabe qué le sirve para la muestra que quiere hacer. Por otro lado, con mi equipo estamos reflexionando constantemente sobre la práctica curatorial.

 

Lejos de poder sintetizar en una suerte de conclusión o cierre, diremos que muchos son los ejes que se abren con el análisis de la práctica curatorial de María Teresa y a partir de sus reflexiones y conceptos centrales sobre la misma, ricos en contextualización política, tanto dentro como fuera del campo artístico y cultural.

 

EN DEFENSA PROPIA. Enrique Ježik.
Curaduría: Maria Teresa Constantín
Del 17 de mayo al 21 de julio de 2018
Suipacha 658 1° piso. CABA.
Espacio de Arte Fundación OSDE