Barcelona: En busca de Oscar Masotta, en el MACBA

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Exclusivo desde Barcelona.

El MACBA de Barcelona, continuando y expandiendo una muestra anterior realizada en México que finalizará en Buenos Aires, en el Parque de la Memoria en octubre de este año, se propuso la tarea casi imposible de dar cuenta de la creatividad de Oscar Masotta, titulando esa quijotada La teoría como acción. Conocido como introductor de Jacques Lacan en el ambiente psicoanalítico de Buenos Aires y como crítico literario, dice Ana Longoni, su curadora, que: “Estábamos ante dos distorsiones. Por un lado, esas zonas de su actividad quedaban inconexas, disociadas. Por otro, terminaba invisibilizado su lugar, tanto como impulsor, teórico y realizador dentro de la vanguardia artística, como por ser el primero en prestar atención a los objetos de la cultura de masas, en particular la historieta.”

Masotta circuló por diferentes ámbitos, quizás se podría decir que, sobre todo, circuló. Lo hizo por la facultad de Filosofía y Letras junto a Sebrelli y Correas (1), por sus obras abstractas con las que encuadernaba libros para sus amigxs, por los cafés de Buenos Aires y Barcelona y el Instituto Di Tella donde propuso pensar “Arte pop y semántica”, por los diversos espacios donde enseñó Lacan, por ciudades en las que parece haberse hallado o no hallado, entre ellas Londres; por una ideología que sintetizaba como  existencialismo/marxismo/peronismo en una época en que esa fórmula resultaba impensable; por ámbitos de docencia en los que habilitaba a sus estudiantes a realizar sus propias lecturas de los textos; por la publicidad al servicio de su  creación y la construcción de su personaje; por la historieta y el happening; por el cuestionamiento permanente…parte de ese circular fue cartografiado en una creación de Guillermina Mongan en base a la investigación de un grupo de participantes del PEI (Programa de Estudios Independientes del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona): Julieta Obiols, Vatiu Nicolás Koralski, Sara Castillo y Laura Valencia.

 

Sebrelli y Correas
Sebrelli y Correas

Lo complejo de una figura como Masotta hace que resulte imposible de encasillar. La exhibición intenta mostrarlo a través de un denso trabajo de investigación, al cual aportó mucho su hija Cloe quien lo perdió muy pequeña y, de alguna manera, enfrentó la reconstrucción de una representación de su padre mediante el proceso de participar de la muestra a través de documentos y de entrevistas a quienes lo conocieron como Noé, Sebrelli, Sarlo, Horacio González, Germán García entre otrxs.

Todo arte es político pero en los años 60 en Argentina, luego del golpe militar del 66 que instituyó la dictadura de Onganía, la tensión arte burgués/arte militante, que podía representarse con lxs artistas del Instituto Di Tella y Tucumán Arde, se profundiza aunque ambas expresiones sufrieran la presión de esa dictadura. Una diferencia significativa sería que lxs artistas del Di Tella seguirían con su tarea creativa dentro o fuera del país y  Tucumán Arde pasaría a la militancia política, exclusivamente. Es en ese contexto en el que convertir la teoría en acción se vuelve un desafío para Masotta. Resulta muy apropiado que la muestra se abra con una representación de Eva Perón quien tenía claro cómo resolverlo. (2)

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Los happenings, con los que Marta Minujin nos sorprendía en los 60, también sedujeron a Masotta quien realizó uno con personas que aparecerían como “pobres” pagadxs para estar paradxs sobre una tarima, sometidxs a una iluminación propia de interrogatorio policial, a la mirada de lxs espectadorxs y a un ruido muy desagradable durante una hora, después de que el artista vaciara un extinguidor de incendios. Años más tarde Oscar Bony pondría en escena a La Familia Obrera, una familia real expuesta al público. Quizás por entonces esos eventos tuvieran un significado político al subir al escenario a otros sectores sociales ante una clase media encerrada sobre sí misma, aquella clase media que podía darse el lujo de pagarles para tenerles a su disposición. Resulta más dura de ver, hoy, la reconstrucción de ese happening, que realizó Dora García. En una época en que los derechos humanos han sido reconocidos y revalorados  renovar esa experiencia actualiza claramente la definición del propio Masotta  quien definía su creación como un acto de “sadismo social”. Por otra parte, me sorprendió descubrir que la fotografía de lxs participantes de la versión original  de Masotta anticipa, de manera siniestra, a aquella muy conocida de lxs fusiladxs de Trelew. (3)

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Esta muestra permite percibir que  Masotta registró, muy claramente, el pasaje de la modernidad a la posmodernidad, hipermodernidad, modernidad tardía o como quiera llamarse a nuestra época, tanto en el arte como en el psicoanálisis. Recuerdo una anécdota de un empresario argentino que ilustra ese pasaje en los negocios. En los años cuarenta del siglo XX le ofrecieron comprar acciones de una empresa estadounidense que llegaba al país con un planteo novedoso: un pequeño porcentaje del capital destinado a producción y el resto a publicidad. El hombre se espantó dado que toda su vida había trabajado a la inversa con un mínimo presupuesto en publicidad y el resto en calidad. Ese empresario moderno perdió la oportunidad de comprar acciones de la posmoderna Coca Cola de Argentina que le hubieran enriquecido sin esfuerzo. El mismo proceso lo vivió la Academia. Mientras Freud escribía volumen tras volumen y se contentaba con poder utilizar una pequeña barba y una pipa como expresión de su autoridad en ese medio, Lacan también escribía pero, al mismo tiempo, construía un personaje: el cigarro torcido, un modo llamativo de vestir, modos bruscos o desagradables en la relación con pacientes y alumnxs.. Después de circular por esta muestra entiendo mejor la identificación de Masotta con Lacan.