Máquinas de Pensar: curaduría, exhibición y filosofía en Venecia

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Con la curaduría del belga Dieter Roelstraete puede verse en la Fondazione Prada de Venecia una muestra singular: “Machines à penser”, que reflexiona exhibitoriamente sobre la vida y la obra de tres figuras claves de la filosofía moderna: Theodor W. Adorno ( 1903 -1969), Martin Heidegger (1889 – 1976) y Ludwig Wittgenstein (1889 -1951).

La muestra, al decir del propio espacio organizador, es “un proyecto que explora la correlación entre las condiciones de exilio, fuga y retiro y los lugares físicos y mentales que favorecen la reflexión, el pensamiento y la producción intelectual”. Como en un Atlas Mnemosyne que pone en juego la constelación filosófica que le es contemporánea en parte, los proyectos generales que sostienen esta Máquinas de Pensar, implican trabajos muy diversos, como un objeto de Goshka Macuga con la cabeza de tres filósofos, dioramas de Mark Riley o una instalación sitio específico del poeta Ian Hamilton Finlay.

Ian Hamilton Finlay, Adorno's Hut, 1987 Image courtesy Fondazione Prada, Milan/Venice
Ian Hamilton Finlay, Adorno’s Hut, 1987
Image courtesy Fondazione Prada, Milan/Venice

Un elemento recurrente de la exposición es la réplica de los hogares o estudios de estos personajes. Justamente, el curador Roelstraete explica: “en estos espacios los tres protagonistas de la muestra han dado a luz sus pensamientos más profundos. El aislamiento, sea que fuera elegido o impuesto, parece tener una influencia decisiva en el pensamiento. En el transcurso de los años sus habitaciones han demostrado ser una fuente de inspiración inagotable para muchas generaciones de artistas atraidos por la fantasía del retiro, materializada en estos elementos arquitectónicos arquetípicos”. Es decir, el retiro del filósofo, buscado o forzado, es tomado como un eje doble: visual y teórico.

Mark Riley, Todtnauberg Diorama (Martin Heidegger’s Hut), 2016
Mark Riley, Todtnauberg Diorama (Martin Heidegger’s Hut), 2016

 

Para darnos una idea enumeramos cómo y con qué se arma este relato curatorial. La figura de Adorno abre el recorrido. El foco está puesto en el exilio estadounidense del filósofo. Como en todos los casos, la casa es una de los tópicos centrales que se repite en toda la muestra. Así, una fotografía de Patrick Lakey cristaliza el interior de Villa Aurora en Los Ángeles, con los míticos sillones de Adorno y Horkheimer. A esta fotografía se le suman las piezas de Susan Philipsz, Ewan Telford y Anselm Kiefer “quienes crearon una escultura en diálogo con el cineasta y escritor Alexander Kluge, quien concibió para la exposición un nuevo video titulado Kälte ist die Kette Gottes (El frío es la cadena de Dios), centrado en su memoria de la pasión de Adorno por el cine” traduzco de la información institucional.

El primer piso contiene la parte dedicada a Martin Heidegger, con una instalación / reproducción al 80% de su habitación en el Bosque Negro, y fotografías en Todtnauberg de los años 1966-68 junto a su esposa, tomadas por Digne Meller-Marcovicz, que junto con trabajos de Jan Bontjes van Beek, Johann Peter Hebel, Giulio Paolini, Sophie Nys, Iñigo Manglano-Ovalle y Paolo Chiasera completan el site specific.

Y finalmente, la casa de Wittgenstein presenta trabajos de que reproducen su habitat en Skjolden (Noruega), con la única escultura del filósofo Cabeza de una niña, de 1925–1928, acompañada de trabajos encargados al colectivo noruego integrado por Sebastian Makonnen Kjølaas, Marianne Bredesen y Siri Hjorth, de Jeremy Millar, Guy Moreton, Leonor Antunes y Mark Manders.

L. Wittgenstein, Cabeza de Niña, escultura, 1925.
L. Wittgenstein, Cabeza de Niña, escultura, 1925.

Sin dudas, es muy pertinente esta exposición, pensada para que ocurra en simultáneo a la Bienal de Arquitectura de Venecia, hito fundamental de cualquier construcción sobre el tema, de la que tendremos cobertura exclusiva en leedo, con prontas notas, y de la que se puede consultar información general aquí y que acaba de inaugurar ayer, 26 de mayo, hasta el 25 de noviembre. Recordamos que, el lema de esta Bienal de Arquitectura es, precisamente: Freespace.

¿Qué significa que un filósofo devenga curador? ¿Cuál es el atractivo para nosotrxs de plantear un relato de obras e instalaciones de artes visuales como manera de explicar,  ilustrar e interrumpir historiografías e instalar lecturas teóricas? Y no menor, ¿qué significa hacer filosofía&curaduría para un comitente como la Fundación Prada? ¿Cómo replantea la filosofía la cuestión de la autonomía del arte(hoy más tensionada y a momentos difícil de recuperar sin pensar en el mercado)? ¿Logra la filosofía tener un discurso librepensante por fuera de los imperativos espectaculares de la globalización neoliberal? ¿Es esto la curaduría expandida, posible, que corre ejes, que puede cabalgar auto críticas institucionales, provocar insumos para pensar, o sigue siendo un modo de adornar y vitrinizar las nuevas deudas que se van adquiriendo, eternamente, con nuestras comunidades?

Son muchas las inquietudes que nos abre la práctica de Roelstraete, a quien vimos en acción en la pasada Documenta 14 en su carácter bilocalizado (Atenas-Kasel). Son preguntas que lanzamos aquí, para problematizar un campo curatorial constipado en sus fórmulas. Atendemos a estos emergentes de otras maneras, que aquí venimos pensando sin dudas en la cocción de nuestros Caldos Contemporáneos, y que parecieran ser centrales en Europa. Esto es así y quizás no del mismo modo que las debatimos acá, desde un desmarcaje intersectado y decolonial, pero suman y debemos conocer y activar.

De hecho, lo que todxs hemos aprendido en la pasada Aprendiendo de Atenas que cubrimos profusamente e in situ, es que el giro político y afectivo de nuestra mirada sigue en pie, reclamante, litigante, abierto y múltiple, de límites difusos. El mismo Roelstraete, que ha sabido plantear “arqueologías” contenciosas en su experiencia en Chicago (a pesar de lo marcado de los espacios en los que construye), es un gran aporte para replantearnos cavernas, con el concepto de que el Museo es un History Channel viviente y programado, mediador ideal, para “revelar” la historia, en un Viejo Continente que se pregunta, más que nunca, cuestiones como la intermitencia, lo fronterizo, lo residual, lo descentrado, lo múltiple, tal como lo hemos visto y debatido en la exposición de la ASFA, Escuela de Bellas Artes de Atenas (ver nota) cuyo equipo curatorial Roelstraete integró.

Porque de lo que se trata es de acceder a otras formas para interpelar las propias, más geosituadas que nunca y a la vez globales, en la contradicción de las escalas, y la filosofía es una de las llaves que nutriría a la curaduría, que en esta vuelta de tuerca que atraviesa en el mundo puede ser la disciplina sin disciplina que las suma a todas, o por el contrario y contenciosamente, ser un tembladeral, una interrupción, un bloque histórico de resistencias, un virus del espacio exterior, una extradisciplina, finalmente, llena de dudas más que de relatos (que siempre son certezas), de contradicciones, de adulterios, de sublevaciones, de cuestionamientos a todas las plusvalías.

Para aprender, que en la nube del glamour veneciano, suceden estas cosas, y aquí las circulamos.