Construcción de red en un proyecto diseñado por artistas para el diálogo con curadores: MARABUNTA

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Hace unos días finalizó la segunda edición de Marabunta, un programa gestionado por los artistas Andrés Pasinovich y Lucila Gradín, en el que curadores invitados de América Latina visitan estudios de artistas con el “objetivo de generar redes de trabajo, investigación y colaboración entre la escena del arte contemporáneo local y la de los países de la región”. El programa ofrece asimismo una conferencia pública del curador invitado. En esta oportunidad los invitados fueron Agustín Pérez Rubio, quien se presentó en La Tribu, e Itzel Vargas presentó la escena mexicana y su gestión en el Museo Universitario del Chopo (MUCH) de México y en el Centro Cultural Paco Urondo de la ciudad de Buenos Aires.

En ediciones previas y desde 2015 los/as curadores invitados fueron Cuauhtémoc Medina, Moacir Dos Anjos, Marta Ramos Yzquierdo, Sol Henaro, Miguel López, Helena Chávez Mac Gregor, Tainá Azeredo y Florencia Portocarrero, siendo 80 la cantidad de artistas que recibieron visitas en sus estudios.

Para conocer más sobre este proyecto planteado “para el cruce e intercambio de pensamiento y experiencias entre agentes del arte contemporáneo” y continuar reflexionando acerca de las prácticas curatoriales de hoy, entrevistamos a los creadores de Marabunta.

 

Jimena Pautasso – Teniendo en cuenta el objetivo principal de generar una red a nivel regional con los principales agentes del arte contemporáneo, ¿cuáles son las premisas fundamentales a la hora de seleccionar los artistas participantes y los curadores invitados, en cada edición de Marabunta?

 

Marabunta – Nosotros elegimos al jurado compuesto por artistas con trayectoria pero bien heterogéneo. El primer año fueron Marina de Caro y Eduardo Basualdo y el segundo Enrique Ježik, Esteban Álvarez y Gachi Hasper. Este jurado se encarga de seleccionar a los 40 artistas (presentados por convocatoria pública) que participarán de cada edición completa de Marabunta, de los cuales cada curador visitará 8 en sus respectivos talleres. Luego en conjunto con los curadores armamos el grupo de artistas que cada uno visitará, con el criterio de que cada curador visite artistas en base a su interés particular pero también artistas que no estén específicamente dentro de su área, con la idea de que siempre algo diferente surge de ese azar. En este cruce de dos miradas que no están dentro del mismo universo se manifiesta una posible ampliación y surgen nuevos aportes tanto para el artista como para el curador. Por otra parte, pensamos que esta selección de los 8 artistas que el curador visite, refleje un poco la escena de Buenos Aires aunque sabemos que no es más que un segmento y no la totalidad del campo.


JP –
¿En ese vínculo, cuál sería la especificidad del curador? Porque de alguna manera ese cruce también podría estar dado a partir de un crítico o un historiador…

M – Un curador es un poco todas esas cosas juntas, y lo que tiende de especificidad es la praxis, el hacer muestras, y eso es un campo de acción que se diferencia a los del crítico y el historiador del arte. Es decir, uno es lo que piensa pero también cómo ejecuta eso que piensa, el crítico podrá darle al artista otras visiones, conversar cómo se comunica ese trabajo, cómo se cuenta, pero es el curador el que tiene la experiencia sobre el hacer muestras y podrá opinar por ejemplo cómo se lee determinada obra montada de tal manera.
En relación a la elección de los curadores, tiene que ver con la conformación de una red que está en el origen de Marabunta, se desarrolla a nivel vincular de alguna manera, y van surgiendo posibles participaciones a partir de recomendación de otros agentes del arte contemporáneo y que por otro lado demuestran también interés en participar. Los curadores que participan y con los que estamos en contacto creemos que justamente se interesan porque es un proyecto de artistas.


JP- ¿Cómo surge Marabunta? ¿Cuáles fueron los intereses disparadores que llevan a dos artistas a reunirse en este proyecto de gestión? Y en este sentido, ¿de qué modo influye este rol en su producción de obra?

M- A partir de una charla como compañeros de taller nos dimos cuenta que siempre nuestros interlocutores eran artistas, tanto artistas con mucha experiencia como artistas pares, pero creímos necesario generar un espacio donde tuviéramos nuevos interlocutores, nuevos intercambios. Luego esta idea, esta necesidad, se proyectó en Marabunta para compartirlo con otros. De alguna manera Marabunta es un proyecto muy operativo, que no busca necesariamente resultados sino crear situaciones. Como artistas tuvimos un deseo, identificamos una necesidad y decidimos armar el proyecto para generar estos nuevos intercambios que con estas dos ediciones verificamos buena recepción tanto de los artistas como de los curadores.

Marabunta es un proyecto para artistas y esto se ve también reflejado en el público que aplica a la convocatoria, en el sentido de que ser artista es más que la producción de obras, es un corpus. Marabunta está muy focalizado en el proceso de la producción de ese corpus, se centra en el desarrollo y no en la premiación del resultado, salteando asimismo las instituciones y las galerías. Es un proyecto de artistas para artistas que se aleja del circuito en el que el curador llega a la escena y selecciona obras para un proyecto determinado.
Como artistas también recibimos las visitas de los curadores que vienen como parte del programa, y si bien creemos que la gestión del proyecto no influye directamente en la producción de nuestra obra, sí ha sido de gran aporte haber incorporado estos nuevos interlocutores a nuestro desarrollo como artistas, en sentido de artista como un todo, nos permitió acercarnos a ese conocimiento específico del curador sobre el funcionamiento del campo, sobre cómo uno es artista, más allá de la obra en sí.

 

JP- ¿Cuál es el rol de la curaduría en el campo artístico local y su relación a nivel regional?

M- Marabunta no es un proyecto que reflexione sobre la curaduría, sino que usamos esa herramienta para generar diálogos entre escenas y entre diferentes agentes, un acercamiento a la curaduría pero desde los artistas. Teniendo esa figura que son los curadores, lo que necesitamos como artistas es encontrar ese vínculo, es una utilización de esa herramienta más que una reflexión acerca de la curaduría.

 

JP- Tienen prevista la generación de una plataforma web para el proyecto. Consideran esto una transformación a nivel de difusión y posibilidad de acceso a las propuestas pregnantes del campo, ¿pero hacia qué otros rumbos irá Marabunta con estos nuevos alcances?

M- Sí, estamos trabajando en la web de Marabunta y en una publicación, para que el proyecto tenga mas difusión y sobre todo para aumentar el número de personas que puedan acceder al contenido. En esta plataforma publicaremos  cada una de las conferencias que va se dieron en estas dos ediciones, a lo largo de estos tres años.
La web y publicación nos servirán para materializar estas experiencias y así capitalizarlas para una nueva etapa. Marabunta es un programa que queremos que crezca pero de algún modo sin convertirse en una institución, que continúe como un proyecto activo surgido en base a la identificación de una de las necesidades de los artistas de hoy. Estos 8 días de convivencia con cada curador nos hicieron tomar conciencia de cómo se desarrollan los diferentes proyectos a nivel red, de cómo se incorporan y de cómo uno pasa a formar parte de esa red. En este sentido, estamos constantemente repensando Marabunta de manera que no nos quedamos en un lugar estático, y esto es parte de las experiencias aprendidas. la mutación que el propio proyecto le demanda a sí mismo para seguir creciendo. Marabunta en sus inicios fue pensado en tres ediciones, y para la tercera estamos previendo modificar y ampliar los espacios de encuentro entre los artistas, que seguirán siendo 40, y los curadores invitados. El objetivo es contribuir a esta idea de que el arte es algo grupal, de comunidad, el proceso de un artista tiene mucho que ver con los vínculos que construye en su historia y los interlocutores con los que se encuentra, con los que conversa sobre su obra, y que no necesariamente son del mismo universo de interés.

 

Lucila Gradín nació en San Carlos de Bariloche en 1981 ahora vive y trabaja en Bs. AS. En el año 2011 fue Becaría de CIA, Centro de Investigaciones Artísticas. Es Licenciada en Artes Visuales, IUNA. En el 2016 realizó la residencia SensArt, Bs As, Argentina. En el 2015 realizó una residencia en la FAAP, San Pablo, Brasil. En el 2014 realizó la residencia “El Ranchito”, Matadero, Madrid. En el 2013 ganó la Beca Robert Robert Sterling Clark para artistas de Latinoamérica y África para realizar una residencia en Vermont Studio Center, USA. Entre sus muestras individuales destaca “La contemplación de las semillas” FAAP, Sao Pablo, 2015 , “Bíosfera” instalación site specific en el FNA, 2015 “La Cosmología del poroto” Intervención en la galería Foster Catena, 2014,“Banquete de papas”, Radio la Tribu, 2012 .Bs. As, Argentina. “Casas para catástrofes”, Centro Cultural Recoleta, Bs As, Argentina, 2011. Participó de varias muestras colectivas dentro y fuera del país. En el año 2005 ganó su Primer Premio en la Galería Proyecto A/Arte Contemporáneo. Creo junto a Fernanda Vilella y forma parte del Colectivo A.L.A, Artistas en Latinoamérica con quien realizó las siguientes residencias: Fundación cinenómada para las artes, Sorojchi Tambo, La Paz, 2014, Residencia Taller 7, Medellín, Colombia 2012. Los nuevos sencibles, Vicente Vargas estudio. Valparaíso. Chile, 2011. Barracao maravilha. Rio de janeiro, 2010.En la actualidad está desarrollando Marabunta, junto Andrés Pasinovich.

 

Andrés Pasinovich (Buenos Aires, 1978) es artista. Se formó en el taller de Marina De Caro, en la clínica de análisis de obra de Ana Gallardo y en CIA (Centro de Investigaciones Artísticas). Obtuvo la Beca Bicentenario FNA y la Beca Oxenford en 2016. Obtuvo tres años consecutivos el subsidio Mecenazgo Cultural (2014, 2015 y 2016) y el Fondo Metropolitano en 2013. Participó de la residencia Shigaraki SCCP en Japón para 2017 y del programa de residencia Pivó Research, Sao Paulo, Brasil. Realizó 4 muestras individuales: Sabotaje (2017), Ecuánime (2016), La Revolución desde la magia (2011) y Temporal (2008), y participó de varias muestras colectivas tanto en Argentina como en el exterior. Además de su obra en solitario, realiza proyectos en colaboración con otros artistas. Creó y co-dirige con Lucila Gradìn Marabunta, un programa pedagógico para artistas que invita a curadores internacionales a visitar talleres de artistas emergentes argentinos y a realizar una conferencia pública sobre su trabajo.