#BiennaleArchitettura2018 en Venecia: Freespace o la libertad de ocupar espacios

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Exclusivo desde Venecia para Leedor

Hace algunos meses, Yvonne Farrel y Shelley Mc Namara, las dos arquitectas irlandesas curadoras de la XVI Bienal de Arquitectura de Venecia, idearon un manifiesto trazando las lineas que deberían guiar a los participantes.

Freespace, como se llama la presente edición de la Bienal, invita a los arquitectos a construir con generosidad y sentido de humanidad y los incita a dejar espacios libres para que los habitantes puedan decidir como utilizarlos.

También los espacios construidos –es la sugerencia de las curadoras- deberían poder transformarse y ser utilizados de diferentes formas según la necesidad que se crea en el territorio, en la ciudad o en el barrio.

En primer plano, entonces, la necesidad de los espacios libres como un potencial a donde los ciudadanos puedan encontrar un espacio generoso para reunirse es en resumidas cuentas la idea guía de esta Bienal.

La vocación humanista de las curadoras es fuerte así que los arquitectos también son invitados a actuar con responsabilidad civil y política construyendo con “calidad” aun en las circunstancias mas desfavorables.

Chile respondió a la invitación de las curadoras llevando a Venecia diferentes imágenes del  estadio de Santiago, escenario de acontecimientos  trágicos y de protesta, pero también de puro goce deportivo, a lo largo de las ultimas décadas. Una idea de transformación de los lugares, en este caso marcada por la tragedia.

La propuesta de Chile, como la argentina pero tambien la de Italia, está en las Corderías del Arsenal – una de las dos sedes de la Bienal junto con los Jardines – donde  se vieron algunas de las obras más interesantes de las últimas Bienales.

La sola visita al Arsenal vale la pena aun para los visitantes mas profanos, como es mi caso, pero que difícilmente quedarán insensibles a los espacios de este antiguo  astillero de la gloriosa marina veneciana, a donde se realizaban todas las tareas que dieron su nombre a los espacios que hoy son de la Bienal: las Corderías, la Artillería y los “jardines de las Vírgenes”,  enormes piscinas entre columnas de piedra donde se tejían y se lavaban las velas de las naves.

En el antiguo depósito de municiones del Arsenal exponen su obra los cuatro jóvenes arquitectos argentinos –santafesinos-  que ganaron el concurso para participar en la Bienal y que llevaron a Venecia lo que ellos cariñosamente llaman “el bicho”: una caja de vidrio transparente por fuera y reflejante por dentro de 20 metros de largo y dos metros de ancho en la que recrearon el horizonte pampeano.

En realidad la obra proyectada y realizada por Javier Mendiondo, Francisco Garrido, Pablo Anzilutti y Federico Cairoli se llama “Vértigo horizontal”, un abierto homenaje a Borges de los cuatro que además de mesas de dibujo comparten un intenso intercambio de ideas y la pasión por la literatura.

La caja encierra un pedazo de pampa recreado con plantas –casi yuyos comunes a muchas partes del mundo- y un cielo y un horizonte que se modifican continuamente de la noche al amanecer, con lluvias y generosas tormentas, una combinación de arquitectura y videoarte eficazmente realizada por un equipo técnico que incluye a otros cinco colaboradores.

A ambos lados del “bicho” los arquitectos santafesinos colocaron bocetos de proyectos de obras públicas –parques, escuelas, balnearios realizados en todo el país por grandes arquitectos argentinos a partir de 1983, desde el retorno a la democracia hasta nuestros días.

Los bocetos son dibujos en tinta, en su mayor parte,  ideas apenas esbozadas y son la representación de una idea –explican los arquitectos- y por lo tanto libres de sufrir transformaciones en su construcción y su uso.

Así en la penumbra necesaria para crear el clima necesario a los fenómenos atmosféricos de la Pampa,  aparecen los bocetos de Clorindo Testa para la restructuración del balneario La Perla, los primeros dibujos para el Centro Cultural Konex, y los de otros arquitectos como un albergue para estudiantes en San Miguel de los Colorados, Jujuy, un centro cultural en Rafaela, provincia de Santa Fe y varias escuelas.

México en cambio llevó a la Bienal Ecos de la Tierra, la obra de 21 arquitectos, una especie de atlas de los diferentes territorios, climas,  paisajes, historia y política y sus transformaciones en el tiempo.

Las sorpresas de esta Bienal son muchas pero una me impactó especialmente encontrar las obras de dos de los “arquitectos estrella” de esta Bienal, Norman Foster y Edoardo Souto de Moura, en el pabellón del Vaticano en la Isla de San Giorgio Maggiore.

Foster realizó una extraordinaria construcción de acero revestido en madera,  casi una catedral gótica a cielo abierto, uno de los diez proyectos inspirados en una obra de 1920 del arquitecto sueco Gunnar Asplund para el cementerio de Estocolmo con los que el Vaticano debuta este año en la Bienal de Arquitectura.

La Santa Sede acaparó también al premio Pritzker Eduardo Souto de Moura que llevó a la isla 90 toneladas de piedra de Vicenza, la predilecta de Palladio, para su corredor místico que mira hacia la vecina iglesia de San Giorgio.

Un verdadero peregrinaje espiritual, pero también laico, porque muchos de los arquitectos que participaron no son creyentes, como la brasileña Carla Juacaba que hizo una enorme cruz de acero pulido hacia el cielo y otra la extendió en el prado, para uso de los peregrinos.

Otra sorpresa fue la de encontrar en los Jardines el Pabellón de Venezuela abierto al público, con su modesta participación hecha casi de tarjetas postales y borrosas fotografías, un testimonio doloroso de su esfuerzo por demostrar que a pesar de las dificultades están presentes. Fotografías de escuelas, hospitales y algunos edificios públicos y videos de las escuelas de música para niños de la calle creadas por Abreu.

También en los Jardines, en el Pabellón de Israel, otro llamado a la realidad de nuestros días ya que la propuesta de sus curadores, Status Quo, entra de lleno en el corazón de la situación que atraviesa Medio Oriente e interpreta Freespace poniendo bajo la lupa a las religiones, el espacio y la contienda que los involucra.

Muros de aire es la exhaustiva propuesta de Brasil en la que los 17 participantes llevan a reflexionar sobre los modos de comprensión y transgresion de las fronteras materiales e inmateriales del inmenso territorio y también una invitación a reflexionar sobre las fronteras de la arquitectura misma y sus relaciones con las otras disciplinas.

Particularmente sugestiva la realización especialmente para la Bienal de una obra cartográfica a gran escala, diez mapas para mostrar la separación espacial y social nacidos de los procesos de urbanización de Brasil.

Una edición de la Bienal que merece más de una visita para asimilar la infinidad de propuestas por el esfuerzo y la seriedad con los que los arquitectos respondieron a las consignas de las curadoras.
Ilustra la nota: Vértigo Horizontal: Pabellón de Argentina en la Bienal de Venecia 2018
© Federico Cairoli

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