“Me gusta quitar el velo sobre cómo somos”, Nazareno Molina

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Nazareno Molina es dramaturgo, actor y director de teatro. Su última obra es Una espina en el zapato, que toma una enfermedad tan delicada como el Alzheimer para abordar el tema de los vínculos familiares, siempre con un toque de humor.

Lo autobiográfico se funde con la propia poética teatral de Nazareno, quien nos trae un teatro que invita a la reflexión personal y que, en el fondo, siempre repercute en lo social.

Considerando el tema de la obra, ¿qué nos podrías decir acerca de la función social del teatro?

El teatro a través de sus géneros y formas busca expresar las distintas realidades humanas. El convivio es la convención, mediante la cual los actores y el público, en un mismo tiempo y espacio, comparten el “hecho escénico”.  Por eso, es un hecho social que nos agrupa manteniendo su esencia de rito ancestral y nos vuelve a reunir en esta experiencia compartida. Esta obra en particular, Una espina en el zapato, busca también la identificación del espectador para que reflexione, se vea a sí mismo y pueda transformar esa realidad si es que aún, lo puede hacer. También busca concientizar sobre una enfermedad, el  Alzheimer, brindándole cierta información desde lo profundo de la vivencia.

¿Cómo trabajaste la obra para que no sea meramente un testimonio de lo que provoca el Alzheimer? 

De las más de veinte obras que escribí, esta debe ser la más autobiográfica. Viví muy de cerca la enfermedad en cuestión porque mi padre falleció a causa de ella. Cuando tomé la iniciativa de escribir sobre esto, me puse como objetivo ir por el lado del humor para no caer en el drama propio de esta patología y así poder plantarme un gran desafío como dramaturgo. También quería enlazar diferentes problemáticas familiares que tienen que ver con lo vincular en este tipo de familia disfuncional y consideré que usando recursos humorísticos iba a ser más eficaz y con mejor llegada al público.

Contanos un poco más acerca de la relación de la obra con tu propia biografía. 

El mal del Alzheimer tiene tres etapas, y dramatúrgicamente me servía tomar la segunda porque por la experiencia con mi padre fue la más dolorosa. Esa etapa fue la que nos transformó completamente como familia y, especialmente, el punto de vista sobre la vida misma, las prioridades y lo vincular. Es una especie de catarsis de situaciones familiares y por eso, la identificación que el público experimenta. También, es cierto que fue una manera de hacer justicia. Algo interior me decía que debía contar esta historia para mostrar hasta qué punto puede llegar un ser humano con la avaricia o la ambición, sentimientos muy oscuros y destructivos por cierto.

Además de la enfermedad, ¿qué otros temas buscaste reflejar?

Mis temáticas siempre rondan el contenido social, los problemas vinculares. Podría decir que esa es mi poética y universo creativo. Me gusta mucho “poner sobre el tapete”, descubrir o quitar el velo sobre cómo somos; ayudar desde el arte con mi granito de arena a que el mundo pueda cambiar o mínimamente, a que reflexionemos sobre nosotros mismos. Siempre me gusta ahondar en historias reales y más puntualmente, en cada uno de los que integran esa historia y por qué hacen lo que hacen o por qué han actuado de diferentes maneras: dejar al desnudo a ese personaje para poder vernos, y sin caer en una bajada de línea, corregirnos, tal vez.

Vos te recibiste de Actor Nacional en el Colegio Superior de la Comunicacio?n y Artes del Teatro, ¿qué puede ofrecer un actor con formación académica más allá de la práctica escénica? 

Yo comencé haciendo teatro en Larroque, Entre Ríos, ciudad donde nací y estuve hasta los veintitrés años. Mis primeros conocimientos me los brindó un gran maestro que era el sacerdote del pueblo, el Presbítero Padre Alberto Paoli Lovera, un gran apasionado de las tablas que me fue formando desde los diez años. Luego, la curiosidad y la mismísima pasión me trajeron a Buenos Aires y ahí comencé a estudiar en Andamio 90 dirigido, por ese entonces, por otra gran maestra como lo era Alejandra Boero. En mi carrera tuve excelentes docentes muy reconocidos como Rubens Correa, Claudio Tolcachir, Luciano Suardi, Guillermo Parodi, entre otros. Y la verdad que formarme con toda esa gente y en ese prestigioso lugar me abrió la cabeza y me hizo crecer enormemente. Me enriqueció la mirada sobre el mundo, dado que el enfoque de los estudios es más abarcativo de las distintas formas de teatro. Y por ende, el tener una mirada más amplia, la posibilidad de expresión, se potencia siendo esta más profunda y enriquecida.

¿Qué objetivos te propusiste al fundar Friwox

Mi objetivo fue crear un grupo propio para poder desarrollar todos mis proyectos creativos. También es cierto que en Larroque no tenías posibilidad de entrar a algún grupo independiente porque no había, solo la escuela de teatro del sacerdote que a los cinco años de su curso, ya finalizaba. Así que la necesidad de “expresar” y la necesidad de “continuar con esta pasión” me llevaron a crear al Grupo Friwox.

¿De dónde viene el nombre?

Con mi corta edad en aquel entonces, no creí que el nombre fuese a tener tanta importancia, pero, entre mi locura y mi bohemia, se me ocurrió inventar una palabra como mis mismas historias. Quería encontrar alguna que tenga encubierto el sentido de “libertad” y letras raras o no usadas que determinen una marca. De ahí, Friwox: “fri” (viene del anglo free, “libre” y su pronunciación “fri” en inglés) y “wox” (un invento usando letras poco usadas). Con el tiempo caí en la cuenta que el nombre era importante y no podía cambiarlo. ¡Ya era tarde! Porque habían pasado muchos años desde su origen, porque me había traído mucha suerte y, sencillamente, porque tenía mucho que ver con mis trabajos. La libertad de crear lo que quiera, meterme en temas raros para la época o no tan comunes, en temas que no pueden salir a la luz…, como en este caso, Una espina en el zapato, que encubre, oculta y sus personajes padecen de la libertad de hablar y expresar lo que siente el alma.

Además, el grupo Friwox fue creciendo con los años, está vivo por cuanto entran y salen actores en mis distintas producciones. Soy muy meticuloso al elegirlos, busco que sean expresivos para que enriquezcan el trabajo con sus diversas poéticas. Y algo que para mí es cada vez más importante: busco un alto nivel de compromiso con el arte y la cultura, un nivel que es cada vez más profesional que garantice un excelente espectáculo como el público se merece. En definitiva, él es el destinatario de todo este esfuerzo que ponemos para llevarlo a cabo.

Nazareno

Teatro Buenos Aires, Rodríguez Peña 411 (casi esquina Corrientes); Domingos 17 h; Teléfono: 5263-8126

http://www.teatrobsas.com.ar