Enrique Jezik en Fundación Osde: Destruir para volver a pensar

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Tres máquinas demuelen una casa

Siete martillos se alternan para moler una res sanguinolenta

Un grupo de gente reunida en Ex Teresa, iglesia del S XVI espera una performance

Una escultura central en chapas de cinc oxidadas, caños y madera recuperada nos habla de catástrofe.

Una pala mecánica penetra una ventana y rasga una escultura minimalista. Acción visible desde el exterior como desde el  interior del edificio en dos proyecciones simultaneas.

Estas son sólo algunas imágenes de las que nos resulta imposible sustraernos. De alto  impacto sensorial nos cautivan, nos toman por entero… conversamos con Enrique Jezik para aproximarnos a su obra.

Argentino nacido en Buenos Aires, egresó de la escuela Pueyrredón y vive en México desde hace 27 años. Desde allí ha realizado gran parte de su trabajo artístico, el que hoy trae a Fundación Osde data del 2001 a la fecha.

Jezik es un artista contemporáneo omnipresente en su obra. Performer por naturaleza prolonga el alcance de su cuerpo en brazos de máquinas, en  puños de martillos, en la marcha de la milicia que avanza sobre la audiencia reunida en Ex Teresa o en la intrusión a la casa  Meetfactory, en Praga. Jezik extrae de la acción la fuerza de la violencia y nos la muestra…o nos la tira sobre la mesa a golpes de martillo sobre carne fresca en el caso de  Costillar performance realizada en 2001, video grabación en directo mientras el mismo artista empuña un martillo como extensión de su brazo e instrumento de su voluntad para golpear el costillar en forma contundente. Sin haber hecho un ensayo previo resuelve la obra en el acto, observa mientras acciona. Siete martillos, muchos y diferentes golpes, todos destinados a romper la res, ex-animal, que se contorsiona a merced del impacto y que todavía puede ser herido. El ritmo de los martillos disminuye con el agotamiento en el brazo del artista. Carne que se muele, a palos.

Acaso haya belleza en esa violencia que aprendimos a naturalizar para poder continuar con nuestras vidas. Suprimir para no pensar. Así, la obra de Enrique Jezik en la Fundación Osde no puede no tomarnos desprevenidos. Grandes pantallas, espaciosa sala, sonido,  luces bajas en contraste con altas. La intención de la curaduría y por sobretodo, la del artista es la que está presente.

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Sin duda el hacer de Jezik se desenvuelve  en planos simultáneos no sólo por sus facetas expresivas: escultura, performance, video… sino por su capacidad de gestión que agencia la realización de las obras de diversa y alta complejidad: permisos, contrataciones, agendas, máquinas, armas, camiones, traslados, viajes…la fuerza artística y el claro mensaje de su obra lo vuelve un artista imprescindible.

Como evidenciando la materialidad del arte y su metáfora. Un hardware y un software en simultáneo. Destruir para pensar.

Si el tema son las armas, en Estructura construida por policías antiterroristas de las fuerzas especiales y tres armas automáticas, 2004 o aparece el arma de la lucha por la libertad, (la misma que habita el escudo de Mozambique) o la idea de la fabricación masiva de armas, entre otros aspectos de dicha obra en la que  E.J. es también Performer, nos las muestra como herramientas protésicas del cuerpo. Pensar las armas no desde el objeto (hardware) sino desde la intención (software). De no haber armas, la violencia se juega con otro objeto ya que como problema social procede de otro lado. Mensaje presente en Traigamos la Catástrofe… obra escultórica que ocupa el lugar central  de la exhibición cubriendo de sentido toda la muestra.

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En la construcción de la obra artistica de Jezik, hay una resolución y una contundencia rotunda, le preguntamos al artista si esta capacidad se relaciona en alguna medida con sus estudios de ingeniería. Enrique rescata el valor de la  formación técnica en la argentina previa a los 90. Egresó de una escuela técnica con especializaciones antes de su ingreso a Bellas Artes.

En la obra What comes from outside is reinforced from within Lo que viene de afuera se refuerza desde adentro (2008) una maquina excavadora destruye una ventana para entrar a un espacio dentro del cual hay 7 placas de hormigón, una por cada una de las siete ventanas del edificio, las placas o esculturas minimalistas fueron colocadas allí con una de las máquinas más pequeñas. En un determinado  momento la máquina excavadora entra por la ventana desde el exterior,  la rompe y comienza a rasgar el bloque de hormigón. La maquina chica retira el material rasgado hacia un rincón de la sala, acción en la que participa el artista encadenando el bloque a la máquina para su remoción. Se trata de una performance o acción en vivo, con público presente y una vez que termina el proceso queda un paisaje de destrucción durante el mes que dura la exposición.

Hay varios niveles para explicar esta obra: la traducción  de un hecho histórico determinado al funcionamiento de la maquinaria de construcción, una cuestión catártica para la audiencia. Y Jezik performer dirige  la acción, (podría también estar manejando  las máquinas como se aprecia en otras obras)  y encadena los bloques para su remoción.  Puede haber una dirección previa que deja todo organizado. En otros casos como en Ex Teresa, son dos máquinas con martillo que se chocan entre si y al final de la acción el mismo Jezik maneja una de las máquinas. Su participación depende tanto del proyecto como del requerimiento de la obra.

Le preguntamos si encuentra un antecedente en Matta Clark, en tanto trabajaba con escombros y destrucción, pero Jezik nos aclara que Matta Clark cuestionaba la arquitectura y los sistemas constructivos usando el material, con otro significado. De todos modos, nos aporta algunos posibles antecedentes: Vazquez Montañes en los 50 rompía pianos a martillazos como una reacción violenta contra los convencionalismos culturales. En Argentina el huevo de Peralta Ramos con el arte de construcción-destrucción o el concepto del orden y el desorden enunciado por Maquiavelo como origen del desarrollo de la historia, serían genealogías, vínculos o conexiones que vienen del pasado. Tal fue el caso de las vanguardias de principios de siglo, rompían con todo lo anterior, había que destruir para recomenzar.

Jezik comenzó a trabajar como escultor y en los 80 tenia ya una relación con lo ritual, trabajaba materiales naturales o pesados con desgaste y elementos simbólicos y referenciales a ritos y religiones primitivas percatándose de un aspecto violento y duro.

“Dejé lo relacionado con rituales y culturas primitivas al llegar a México. Revisé cuestiones que tenían que ver con la violencia primero desde lo metafórico, para ir dejando la metáfora por planteamientos más directos”.

Su traslado a México le permitió reflexionar sobre la migración, los procesos históricos, y el acontecer cotidiano.

– ¿Como es vivir en México? preguntamos,

– “La situación es difícil la violencia del narco más al norte del país, parecía alejada de la capital, pero ya llegó a la ciudad y la declaración de guerra al narcotráfico aumentó el grado de violencia. O la hizo visible en todo el país en vez de pensarla relegada al norte. Hoy por hoy hemos perdido el control de lo que se informa y de lo que en verdad sucede”. Nos responde.

Enrique Jezik artista se inclina por un espectador activo, capaz de reaccionar: “Prefiero no ser sutil y que la catarsis sea evidente.”

Sentimos el cachetazo… ¿podremos despertar?.

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