Cosa de gitanos: “un relato poético escenificado”

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Miguel Sorrentino es actor, director y docente de actuación egresado de la UNA. El sábado pasado estrenó Cosa de gitanos, una obra que explora el universo y la cultura de un pueblo rodeado de cierto misterio.

En Leedor charlamos con Miguel para conocer un poco más acerca de lo que está detrás de esta propuesta original que se presenta todos los sábados en Villa Crespo.

¿Cómo surge en vos hablar sobre los gitanos?

El espectáculo surge a partir de la inquietud de investigar el pueblo gitano y su cultura. De adolescente me convertí en fanático de la película Tiempo de gitanos de Emir Kusturica, incluso de la serie completa, la cual había conseguido de un amigo cinéfilo en un flamante VHS. La debo haber visto diez veces, al menos por aquellos tiempos. Luego, tuve alguna vinculación con gitanos en Buenos Aires y Mar del Plata por algún tema de compra-venta de automotores. Siempre me fascinaba su mundo, aunque verdaderamente lo desconocía. Eso dio vueltas en mí mucho tiempo. Cuando reuní al elenco con la idea de investigar sobre los procedimientos de las tragedias clásicas, en el primer encuentro pegué el volantazo y me dije: “Esta es la oportunidad de conocer a fondo esto que me resulta atractivo (por su música, sus colores, etc.) y llevarlo a escena”.

¿Cuál fue el proceso de investigación acerca de su cultura?

Es una primera instancia, se armaron dúos de investigación sobre diferentes aspectos de la cultura gitana: vestimenta, costumbres, expresiones artísticas, leyendas, institución familiar, rituales, dichos, orígenes, etc. En los primeros encuentros se fueron compartiendo las informaciones conseguidas. También fuimos en busca de gitanos en diferentes barrios (Floresta, La Paternal) y conversamos con ellos directamente. Paralelamente, vimos documentales y otros materiales audiovisuales que fuimos consiguiendo investigando.

¿En qué medida la obra explora lo onírico?

Además de resultarnos atractivo escénicamente, el tema de los sueños intervenía en las actuaciones como algo inquietante que los mismos actores no podían terminar de descifrar. El “personaje” (aunque adhiero a que esta categoría está absolutamente en crisis en la actuación contemporánea) no debía registrar el sueño del otro y acumular sensaciones que lo pongan en otro lugar, pero resultaba inevitable. También la cuestión de que los gitanos tienen una ferviente creencia en otros niveles de realidad hacía que los sueños adquirieran sentido en el relato.

¿Qué temas aparecen interpelando a los espectadores más allá de la historia que se cuenta?

Sin duda, los prejuicios arraigados sobre las costumbres morales de esta minoría, causados por la desinformación. Ver el espectáculo es enfrentarse francamente por un rato con algo conocido de reojo, con innumerables frases y advertencias sobre ellos que nos enseñaron desde siempre. Meterse en sus costumbres, el estilo de vida errante, el lugar que ocupa la mujer, la relación con el dinero, la dote matrimonial, la escasa educación formal, la discriminación que sufren y las expresiones artísticas, entre otras cosas, es la apuesta que hacemos para no juzgar ni interpelar esa cultura, sino para contarla mediante un relato poético escenificado.

¿Qué influencias reconocés en este abordaje de lo gitano? Pensaba, por ejemplo, en cuánto puede haber influido un autor como Federico García Lorca.

El film de Kusturica, Tiempo de gitanos, fue uno de los diparadores poéticos iniciales, del cual tomamos el vaivén que se produce entre lo real y lo onírico. Con el correr de los ensayos, casi sin quererlo, nos encontramos con que nuestro dispositivo tenía mucho que ver con La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. Fue entonces que insistimos en este punto para encontrar más que nada analogías para algunos procedimientos actorales.

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Funciones: sábados a las 18 h; Entradas: $200 / $150; Teatro: Espacio Sísmico; Dirección: Lavalleja 960, Villa Crespo