Berni. Ramona y otras mujeres

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El Museo de la Cárcova presenta la exposición homenaje “Berni. Ramona y otras mujeres”. Con curaduría de Cecilia Rabossi. Una selección de xilocollages,  dibujos y una investigación fotográfica realizada por el propio artista de los burdeles de Rosario en la década del 30.

Inauguración sábado 19 de mayo a las 13:00. Cierre 29 de julio de 2018.
La representación del mundo femenino es una constante en la obra de Berni, se introduce en su producción, en los retratos, en las mujeres en lucha, en la intimidad del ámbito cotidiano, en los prostíbulos o en la calle donde se desarrollará, mayoritariamente, la vida de Ramona Montiel, personaje emblemático de su narrativa junto a Juanito Laguna.
La exposición se detiene en Ramona, esa habitante de cualquier gran ciudad del mundo, que escapa de los roles tradicionales de la sociedad del momento y que elige ‘vivir su vida’ pero también en otras mujeres, ya sea las fotografiadas por el propio Berni en los prostíbulos en la década del 30, las que sueñan en el ámbito privado o las que quedan atrapadas por las obsesiones que despierta la belleza. Todas ellas se despliegan en xilocollages, dibujos, fotografías, ambientaciones que ocupan la sala del Museo para interpelarnos.
Curadora: Cecilia Rabossi

Texto curatorial:

Ramona y otras mujeres
Cecilia Rabossi

En Antonio Berni, el compromiso político y social se evidencia en su obra desde el regreso al país en 1931. Unas décadas más tarde, en los años sesenta, opone una visión crítica a las propuestas optimistas del Pop Art respecto de la sociedad de consumo. Concibe el arte como testimonio y como acción, estableciendo como objetivo principal el contar ‘cosas’, señalar “…lo invisible que está contenido en lo visible”.
En ese sentido, las mujeres son una constante en la obra de Antonio Berni. Antes de desarrollar la gran saga de Ramona Montiel, personaje emblemático de su narrativa junto a Juanito Laguna, la representación del mundo femenino se introduce en su producción, ya sea en los retratos, en las mujeres en lucha o trabajando, en la intimidad del ámbito cotidiano, en los espacios público /privado de los prostíbulos o señalando dramáticamente las obsesiones que genera la búsqueda de la belleza física.  A lo largo de su trabajo, esos diversos mundos se tradujeron en los más variados lenguajes: fotografía, xilocollage, serigrafía, collage, dibujo, ambientaciones.

En 1962, en una entrevista para el Archivo General de la Nación, Berni presentaba su nuevo personaje, Ramona, como “…un personaje porteño, un personaje de trabajo pero a la vez tomado por el torbellino de la gran ciudad…”, un personaje ‘tironeado’ que vive distintas situaciones desde ser obrera, costurera y prostituta. Berni para caracterizarla, recordaba las imágenes de la letra del tango Milonguita de Samuel Linnig. En el tango, la inocencia perdida en el mundo del cabaret tenía un acento moralizante o de condena por el camino perdido: “…hoy te llaman Milonguita, flor de noche y de placer, flor de lujo y cabaret. Milonguita, los hombres te han hecho mal y hoy darías toda tu alma por vestirte de percal”. Mientras que para Berni, si bien asociaba a Ramona a Milonguita para describirla, en su narrativa no hay una condena social, planteaba, incluso, la posibilidad de que sea una libre elección. Ramona no tenía el destino fatal, que reservaban a las prostitutas las letras de los tangos o la obra gráfica, Breve historia de Emma (1936), realizada por el artista Lino E. Spilimbergo. Como señala Adriana Lauría, mientras Emma “es el producto de la presentación casi positivista del conflicto social (…) Ramona acusa el cambio de época –nace casi treinta años después- y su constitución incluye la ironía, el humor y hasta la perplejidad, poniendo a la heroína en la situación de estar de alguna forma acomodada a las circunstancias y, en la medida de lo posible, disfrutando de ciertos momentos y ventajas de su ‘oficio’”. A diferencia de Emma, Ramona es “una mujer fuerte (…) Explotada, marginada, pero capaz de poner en evidencia la trama de poder que torna posible su situación”.

Aunque Berni, en la entrevista citada, hablaba de Ramona como un personaje porteño, ésta puede ser una mujer de cualquier gran ciudad y que, como plantea Andrea Giunta, “…Representa los márgenes femeninos de la cultura urbana. La prostituta, la extranjera, el otro y un signo de clase. Un lugar de visualización de la modernidad fallida y un anticipo de las tensiones sobre las que se organiza el modelo del desarrollo durante los años sesenta”.

Hacía fines de la década del 60, Ramona se escapa de los límites de los collages y los xilocollages para ocupar el espacio real. Berni la presenta en ambientaciones que incluían recursos audiovisuales y sonoros. Así presentaba La caverna de Ramona en la galería Rubbers (1967), El mundo anímico de Ramona en teatro Opera (1970) en el marco del X Congreso de Arquitectura y  El mundo de Ramona en Expo show (1970) en Sociedad Rural de Buenos Aires.

A través de Ramona y la representación de otras mujeres, en la década del 70, Berni se detiene en la coerción ejercida por los modelos hegemónicos de belleza femenina a través de la publicidad. En su serie la Obsesión de la belleza (1976), realizada en serigrafía, incorpora en el ámbito privado del hogar, los aparatos de última generación anunciados desde la publicidad de los institutos de belleza, pero domesticados por el artista al reemplazarlos por electrodomésticos o instrumentos caseros. Los anuncios, presentes en las páginas de las revistas femeninas de la época y, específicamente los del Instituto Vilma Nievas, sirvieron de fuentes directas para la realización de las obras. Estas citas, revelan el método de trabajo empleado por Berni desde sus inicios. La documentación realizada por él o tomada de medios gráficos se plasmaba en forma directa o en partes en la construcción de sus obras. Su cámara Leica se convirtió en un instrumento de registro del entorno que Berni alternaba con sus apuntes realizados a lápiz.

La utilización de la fotografía lo lleva, en 1932, a realizar un amplio registro fotográfico para ilustrar un artículo escrito por el historiador Rodolfo Puiggrós que se publicó en Rosario Gráfico. El artículo, escrito bajo el seudónimo de Facundo, se centraba en los burdeles de la ciudad portuaria e impugnaba el mundo prostibulario y a la sociedad burguesa que lo generaba.

Esta investigación visual encargada a Berni, debía ser realizada clandestinamente y por ese motivo había que seleccionar los burdeles que tuviesen la mejor luz natural para lograr el objetivo. Según los recuerdos de Berni: “Los mejores quilombos de Rosario estaban en la calle Pichincha; había de dos pesos, de tres pesos y de cinco pesos […] Lo corriente es que fueran grandes patios que habían sido techados con vidrio, de modo que, de día, eran muy luminosos […] el patio era como un gran bar o un café, con sus mesas y sillas; uno se sentaba ahí y enseguida venían las mujeres a proponer ir a la habitación; venían muy ligeramente vestidas, porque no podían estar desnudas: el reglamento no lo permitía…”.

Berni, debía disimular la presencia de su cámara, muchas veces ocultándola por debajo de la mesa o camuflándola sobre ella, lo que lo llevó a la concreción de fotografías con encuadres, puntos de vistas y fuera de foco que le otorgan un carácter que lo alejan de lo meramente documental. Este material fotográfico, sin duda, constituye un antecedente en el desarrollo del mundo Ramona Montiel y sirvieron, en el año 1980, como disparador concreto para la realización de una serie de dibujos en la que retomaba el mundo de los burdeles.

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